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Viernes, 27 de mayo de 2016

HISTORIETA  › ALMER INTEGRAL, UNA DE AVENTURAS FIRMADA POR MANUEL LOZA

Cuando Camelot es el otro

Publicada en la revista ultraindependiente Panxarama y reunida en un volumen con aspiraciones modestas que fueron rápidamente superadas, la obra consigue condensar las lecturas políticas con una historia donde abunda la acción.

 Por Andrés Valenzuela

“–Cada día se esfuerzan y hacen uso de sus brazos como nadie, desde el amanecer hasta la noche (...) ¿Y cuántas veces al año hacemos no- sotros uso de la espada? Incluso en tiempos de guerra no llegamos a combatir el día entero sin descansar.

–¿Y a dónde vas con ese pensamiento, Almer?

–A que nunca más dudes del brazo del trabajador, Gawain, nunca dudes de su fuerza.”

¿Se puede reflejar la última década social y política en Argentina a través del mito artúrico? ¿Se puede hacer historieta de aventuras y “de autor” a la vez con las aventuras de los caballeros de la mesa redonda? Manuel Loza, más conocido en el ambiente comiquero como Capitán Manu, demuestra que sí, se puede. Almer Integral es prueba cabal de eso. Y aunque el “integral” alude en las ediciones de historieta a que es una recopilación completa de una obra, acá la expresión vale también para el protagonista. Ningún caballero más íntegro que Almer. Almer, quien, como lo describe su amiga la bruja Nimué, es “el sabio, Almer el gentil, el caballero del pueblo, espada y escudo de los oprimidos”.

El libro reúne todas las aventuras autoconclusivas que Loza fue publicando a lo largo de los últimos seis años, la mayoría de ellas en la revista ultraindependiente Panxarama. El tomo las reordena según la cronología narrativa, lo cual permite ver la evolución del personaje, aunque también impone cierto vaivén gráfico, según fue variando el trazo del autor y fue cambiando su abordaje del entintado.

En el espíritu de su relato, sin embargo, el libro es sólido de comienzo a fin. Almer es, efectivamente, eso que dictamina su primer enemigo, una sierpe alada: “El caballero que todos los caballeros deberían aspirar a ser, serás el recuerdo de lo grande que pueden ser los hombres cuando dedican su vida al otro”. Por si quedaran dudas, más adelante un campesino le recuerda al caballero: “Somos familia. Y dentro de la familia, todo. Afuera, ni justicia”.

Pero el autor quilmeño no convierte a Almer en vehículo para el panfleto político. Está claro desde dónde dice lo que dice, pero como experto en el mito artúrico, Loza sabe que este no sólo puede narrar una ética de gobierno, también es esencialmente una épica de aventuras. Y Almer se va de aventuras. Muchas. Detiene a una sierpe, se enfrenta a vampiros, hombres lobo, criaturas de los pantanos, hechiceras, a otros caballeros y, sobre todo, a sí mismo: el capítulo que Manu dedica a la ansiedad y los ataques de pánico de Almer es conmovedor. Pocas páginas más sinceras sobre el tema en la historieta argentina o, ya puestos, en cualquiera de las formas narrativas contemporáneas.

El libro fue, también, un éxito en la preventa. La editorial (Atmósfera, del trasplantado a Córdoba Damián Connelly) había lanzado una campaña modesta, que aspiraba a colocar 100 ejemplares a precio promocional en el mercado para facilitar la entrada a imprenta. Un objetivo que el caballero de los humildes consiguió a una velocidad insospechada. Además, el entusiasmo de los lectores y colegas hizo que empezaran a llegar a los correos de la editorial cantidad de ilustraciones y fan art homenajeando al personaje, desde adolescentes hasta autores ya establecidos.

Almer Integral tiene un único problema: termina. Aunque es cierto que la última aventura oficia de correcto cierre, queda la sensación de que hay mucho más Almer por contar, que Almer tiene que volver. Por todos.

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