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Domingo, 21 de junio de 2009

MEDIOS › GESTUALIDAD Y PUESTA EN ESCENA EN LOS AVISOS DE LA CAMPAÑA ’09

Candidatos en busca de un autor

Del abuso de nombre de pila al primer plano de rostro sin logotipo partidario, y del “Gran Cuñado” a la inclusión de actores en las listas. ¿Una saturación de videopolítica?

 Por Julián Gorodischer

ALFONSO PRAT GAY

Hablado por otro

La novedad que introduce este candidato en la campaña no ayuda a consolidarlo como personaje carismático: su figura muda o guionada en exceso (se vio en el debate) es hablada a través de “otra” voz: en su spot de campaña se suceden imágenes del candidato en diversas presentaciones pero luego se escucha: “El cambio seguro” (en voz de Elisa Carrió). En el debate de A dos voces, Prat Gay eligió no compensar con un protagónico fuerte, que habría necesitado de una primera persona más enfática, su anterior performance “de bajo perfil”. Quizá mejor orientado, podría hasta haber convertido sus limitaciones expresivas, haciéndolas explícitas, en signo de cercanía por falla o defecto.

En el debate, tradicionalmente reservado a los lucimientos histriónicos (lo describió ya Roland Barthes en su célebre “Fotogenia electoral” –en Mitologías–: “...lo que los atraviesa no son sus proyectos sino las circunstancias familiares, mentales, hasta eróticas...”), utilizó reiteradamente la fórmula “Me lo dijo una enfermera” o “Me lo dijo una vecina”, intentando tender puentes horizontales que no funcionan en un candidato sin trayectoria previa de afectivización (lo que sí se plasma con Michetti).

Es un problema y aporta un ruido particularmente molesto la lectura, a su cargo, de los conectores de la función fáctica de lenguaje (las palabras que sirven para reforzar contacto). “¿No es así?”, “Ustedes dirán como yo”: los lee mirando al papel y entonces pierde todo valor de espontaneidad en un territorio léxico que suele servir para afirmar el aquí y ahora de la comunicación, ese espacio que en este caso no aporta al valor de proximidad y la empatía.

GABRIELA MICHETTI

Espectacular

Su reciente afiche (rostro en primerísimo primer plano, sin consignas ni logotipo del partido) establece un diálogo directo con el “Gran Cuñado”: los candidatos se personifican como “famosos”. Como Marcelo, como Susana, Gabriela es nombre de pila. ¿Otras postales de la espectacularización de la política? “Francisco” baila reggaeton con su imitador, “Gabriela” posa devenida pura mirada a cámara sin especificar consigna ni lema, propuesta ni logotipo; Gabriela hace una imitación de Kirchner –en su spot– que parece inspirarse en la que se ve a diario en “Gran Cuñado”. El abuso de nombre de pila ayuda a mutar al anterior votante en “vecino”. Una fuerte descalificación de la política profesional (tomando como fuente el “Que se vayan todos” de 2001) pinta a “Gabriela” como sujeto de pura emocionalidad, rictus al borde del llanto, pertenencia al colectivo “ciudadanos” antes que a “gestores” o “candidatos”. La asunción del lamento colectivo la propone como catarsis que dice: “...esa moneda no alcanza nunca..., si es que la encontramos” (último spot). Recupera la escala barrial y se posiciona con identificación plena con los problemas del “hombre de a pie”.

Michetti no es la que llegaría para solucionar o resolver: eso quebraría la relación horizontal con su interlocutor, el “vecino”. Otro requerimiento para permitir horizontalidad es borrar toda mención al ejercicio de la vicejefatura de Gobierno; no explota el elemento “experiencia de gestión”. No sería coherente con el modelo “Gabriela” una posición de superioridad asimétrica que se ligaría a los géneros de la propuesta o, más aún, la promesa. Michetti, para compensar, sufre igual que usted, que vos (el multitarget se presenta mediante el uso alternado del pronombre “vos” y “usted” según sea debate, entrevista televisiva o spot). En el debate en A dos voces, por ejemplo, el destinatario tomó la forma de un “vos” insistente (“vos y yo juntos”), recurrentemente interpelado no desde la juventud biológica sino desde la no iniciación en “los vicios de la política”. El endiosamiento del virginal vecino no se realiza por exaltación de virtudes colectivas (una más tradicional arenga a la nacionalidad compartida) sino por eximición de haber participado u obtenido cargos (se silencia el paso por la vicejefatura). “Ni usted/ vos ni yo tenemos nada que ver”, dice Michetti. “Dejemos de votarlos de una vez”. La novedad, con respecto a la campaña que la consagró como vicejefa es que renuncia al alto valor emotivo de la inclusión de la silla como elemento significante: se dirige a cámara desde planos medios hasta la altura del pecho, sin que la discapacidad colabore con la carga emocional buscada.

PINO SOLANAS

Bien “plantao”

La utilización de la fórmula “Pino se planta” (en afiches de vía pública) queda demasiado pegada a una consigna anterior: “Plantá un pino en el Congreso”. La no renovación de la estructura del eslogan funciona negativamente como neutralizador de sorpresa y minimizador de expectativa para esta nueva presentación del candidato.

En las fotos de afiches de vía pública, la utilización de uniforme (remera con leyenda: “Proyecto Sur”) es una apoyatura quizá demasiado explícita, hasta obvia, para representar la idea de “equipo”. En el spot de campaña, se lo ve hablando como si contestara a un entrevistador, y la respuesta se expande en un “vivo” sin editado ni música; el énfasis en la construcción de las ideas de “artesanato” y “naturalidad” juega en contra de la agilidad y el interés del relato; el recurso de improvisar (en las antípodas del hiperguionado Prat Gay) construye la figura más lograda de “autenticidad”.

También durante el debate, su comportamiento irregular reforzó su parentesco con modalidades espontáneas del ser. Su temperamento “natural” lo lleva a variar de estado con facilidad: muy crispado o apaciguado según el bloque, afectado por una carraspera, rojo al principio. La vacilación, la pausa, la dedicatoria del habla a un entrevistador fuera de campo son elementos que aportan, como pasa con “Gabriela” (desde otra metodología), a la relación horizontal con el vecino. Pero, en Pino, no es el vecino el que se expresará el domingo sino “el hombre de trabajo”, como él mismo, que hace la campaña filmando (su trabajo). La austeridad no se expresa en discurso (como con la moneda perdida de Michetti) sino en acto: en la mala terminación de los videos, la limitación del vestuario a la remera que provee el partido y la rusticidad del papel y composición gráfica en los afiches.

CARLOS HELLER

El nombre de los otros

El mayor acierto de la campaña oficialista tiene que ver con su serie de spots “Alberto”, “Anastasia”, “Hilda”, “Juan”. La música tan parecida a la banda sonora de Secreto en la montaña induce a un clima emotivo antes de empezar a narrarse el spot. El relato de historias de sueños de gente común (foto) realizados en el período 2003/2009 construye un verosímil logrado en “Juan” (hijo de desaparecidos) y en Osvaldo (“Conseguí trabajo en la fábrica”); es menos atractivo en “Alberto” e “Hilda”, por quedar demasiado pegados a territorios difíciles de afectivizar (otorgamiento de créditos y arreglo de cloacas). En estos spots el componente espectacular no gira en torno del “yo” del candidato sino alrededor de narraciones emparentadas con la ficción norteamericana clásica: magnificación de biografías anónimas, sueños u objetivos concretados con esfuerzo, musicalización que incrementa volumen y emotividad en los momentos del relato que aluden a la “etapa dura”.

Estas biopics de sujetos anónimos reformulan el uso de nombres de pila que había puesto de moda el PRO (Mauricio y Gabriela) devolviéndolos a “la gente común”. No tan eficaz parece ser la fórmula reiterada por todos los protagonistas de los spots (“A mí no me pagaron por estar acá...”): el aviso se hace recordable a partir de una variable negativa, aun desmintiéndola, y se pone a circular un sentido que bien podría ser retomado (y sucedió en el bloque Heller de A la calle con Malnatti) por una voz opositora.

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