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Miércoles, 8 de octubre de 2008

Encuentro multidisciplinario sobre el género fantástico

La muestra Mantis, que organiza el espacio Objeto A, aborda el género fantástico desde la plástica, la literatura y el cine. Los curadores Susana de Giácomo, María Eugenia Prenafeta, Julián Krakov y Alejandro Alonso debaten sobre el tema.

 Por Andrés Valenzuela

Cuatro personas discuten sin ponerse del todo de acuerdo sobre el camino del héroe en el cine. Es en la sala de conferencias de Objeto A (Niceto Vega 5181), una casona palermitana de tres pisos reciclada como espacio artístico multidisciplinario que desde mañana jueves a las 19 y durante un mes albergará la muestra Mantis, que aborda el género fantástico desde la plástica, la literatura y el cine. El grabador se cuela entre ellos para registrar las voces de Susana de Giácomo, directora artística del lugar; María Eugenia Prenafeta, Julián Krakov (cocuradores del área de cine) y el escritor Alejandro Alonso (cocurador de las actividades literarias de la muestra).

El desacuerdo inicial es la antesala de otro sobre el cine nacional que se dará más adelante en el curso de la entrevista. Lejos de ir en detrimento de la puesta, De Giácomo explica que el disenso es fundamental para los objetivos del espacio: “Queremos este debate, que la gente se pregunte los porqués”. “Mantis –explica– tiene que ver con la posibilidad de tener distintas miradas sobe una obra, no sólo distintas expresiones o estilos.” El nombre de la muestra está tomado del pensamiento lacaniano. En su décimo seminario el prestigioso psicoanalista francés contaba que un hombre se plantaba frente a los grandes ojos del insecto, que no reflejan la propia imagen, y ante ellos se preguntaba, dudaba y angustiaba.

Alonso (autor de la novela La ruta a Trascendencia, editada por PáginaI12 en su colección “Literatura fantástica y ciencia-ficción”) cuenta que la imagen de la mantis le resulta inspiradora y provocadora. “Tiene dos ojos complejos, pero además tiene tres ojos más entre las antenas y parece extraterrestre. Esa provocación, ese extrañamiento es lo que busca el género fantástico en cualquiera de sus manifestaciones, tira un qué pasaría si..., provoca la especulación, la alarma, y permite ponerse en el lugar del otro, tener acá literatura, cine y plástica es una gran oportunidad para tener una visión holística del tema”, asegura.

Por el área plástica, además de exponer a una decena de artistas, la muestra incluirá una charla sobre surrealismo y otra ¡sobre robótica! En literatura las actividades son todavía más amplias. Además de charlas sobre J. G. Ballard y las incursiones literarias de Héctor Germán Oesterheld, sobre ciencia y encuentros con escritores argentinos, Objeto A dedicará una sala como espacio de lectura “para que los que no han incursionado puedan hacerlo y que aquellos que lo disfrutan vengan y pasen una tarde leyendo”, explica De Giácomo.

En cine las actividades son igual de variadas (el cronograma completo de actividades puede consultarse online en www.objetoa.com.ar). A un ciclo de cine “retro” hecho a partir de los archivos para nostálgicos de AVH hay que sumar la presencia del guionista, productor y director Fernando Spiner, responsable de films como La sonámbula y Adiós querida luna (ambos serán proyectados). También estará la gente de Farsa Producciones con Filmatron, infaltables en cualquier evento del género desde que ganaron el Premio del Público en el Bafici 2007. También habrá charlas y debates, pero se destaca la proyección de dos cortometrajes: Sueño, preseleccionado para Cannes 2007, y El martillo, de Daniel de la Vega, con el que ganó un premio al mejor cortometraje en el Festival de Cine Fantástico de Sitges en 2003.

Es justamente la producción nacional de cine fantástico la que genera la controversia entre los curadores. Prenafeta es pesimista: “No veo que se esté gestando entre los estudiantes de cine un interés por el género. Acá no tiene tradición, es muy poco transitado y los referentes en televisión o en cine... son Francella”, se lamenta. “Hay mucho prejuicio y suele asociarse estas historias con ‘mucho efecto-poco argumento’, entonces nos quedamos con las historias ‘profundas’ de cine costumbrista”, concluye.

A su lado, Alonso es más optimista. “Fijate que un programa como Lalola pertenece al género fantástico y tuvo trascendencia –recalca–, la tuvo porque estaba bien hecho y cómo habrá sido de buena que la compraron para hacer en el exterior.” El escritor se envalentona y arenga: “Hace falta un poquito de valentía del sector empresarial, ahora todos estamos pendientes de cómo va a salir El Eternauta, pero capaz dentro de unos años es cosa de todos los días y una vez por mes vemos una película argentina fantástica”.

Según Alonso, esta dualidad de ser reconocidos fuera pero con poco campo fértil en el país también se repite en literatura. “Los escritores ganan premios afuera y acá nada –confirma–. Por un lado es alentador, porque los premios se sustentan en calidad, pero también frustra. Hay un tema de que no hay profeta en su tierra, y parte del espíritu de la muestra es que empecemos a serlo.”

Alguna vez el pintor español Francisco de Goya dijo que “la fantasía, aislada de la razón, sólo produce monstruos imposibles. Unida a ella, en cambio, es la madre del arte y fuente de sus deseos”. La frase es una de las guías conceptuales de Mantis y centro de la reflexión de sus protagonistas. De Giácomo también lo ve desde su condición de psicóloga: “La fantasía permite crear, liberar cosas internas, soñar, que no es más que reelaborar fantasiosamente tu realidad absoluta”, plantea. “Además –continúa Krakov–, la fantasía fomenta la otredad, lo racional se pone en otro plano. Te pone a imaginar otro lugar, a creer desde otro lugar y causa sensaciones distintas a las que puede causar una obra más naturalista.” Alonso complementa con una mirada más literaria: “Uno de los recursos de la fantasía es despegar al lector de su realidad y mostrársela como un espejo deformante en el que –explica– puede encontrar un punto de vista nuevo.”

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Alonso, Krakov, De Giácomo y Prenafeta, impulsores de la muestra integral.
Imagen: Pablo Piovano
 
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