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Miércoles, 26 de noviembre de 2008

TANGO POR LA IGUALDAD EN EL II FESTIVAL INTERNACIONAL DE TANGO QUEER

Los hombres de la esquina rosada

El espectáculo concebido por Carola Ojeda e interpretado sólo por hombres propone la ejecución de coreografías muy elaboradas de clásicos del baile de escenario como “Quejas de bandoneón”, “Gallo ciego” y “A Evaristo Carriego”.

 Por Carlos Bevilacqua

A tono con otros síntomas que va expresando la sociedad, el tango empezó a asumir su diversidad. Si le cuesta un poco más tal vez sea por el mandato del imaginario malevo-machista que destilan muchas de sus letras. Pero todo llega, según se desprende de algunos datos. Desde su creación, en 2003, la milonga “La Marshall” pasó en poco tiempo de simple curiosidad a ser uno de los espacios más concurridos e interesantes del circuito porteño. Para la misma época, los bailarines Sergio Natario y Alejandra Arrué presentaron en Estados Unidos Las damas del tango, un musical protagonizado íntegramente por mujeres. Por otro lado, el baile entre hombres es el corazón de los breves shows de Propuesta 5, una de las compañías independientes más aplaudidas en las milongas. Reuniendo buena parte de estas experiencias, se celebra en Buenos Aires el II Festival Internacional de Tango Queer.

En ese contexto llega Tango por la igualdad, un espectáculo de baile y música en vivo que reivindica modos no tradicionales de la danza a través de una lograda puesta dirigida por la joven coreógrafa Carola Ojeda. En el camino, valiéndose de las cornisas de sensualidad que siempre ofrece el tango, los artistas además defienden la homosexualidad como una forma más del amor de pareja. En uno de los primeros cuadros el actor y cantante Diego Restivo introduce así uno de los nudos centrales de la obra: “En sus orígenes el tango se bailaba entre hombres. Dicen que porque estaba mal visto que lo bailaran las mujeres, pero ¿alguien puede asegurar que no había entre ellos impulsos sexuales?”. El planteo es parte de uno de los recitados introductorios que preceden a los 15 cuadros. En cada uno de ellos, los siete bailarines del elenco (todos varones) conmueven no sólo por el tono inusual de las imágenes sino también por una ajustada ejecución de coreografías muy elaboradas. “Los ensayos fueron como talleres –cuenta Ojeda–. Nos tomamos un montón de tiempo para investigar a partir de las ideas que íbamos sumando. Yo propuse y elegí pero todos los bailarines acercaron ideas.” Aun considerando ese trabajo, sorprende la técnica de quienes en diferentes pasajes son conducidos. Por roles y performances, brillan especialmente Maximiliano Avila, Sebastián Colavita y Alejandro Figliolo dentro de un grupo que Ojeda define como “muy heterogéneo, en cuanto a edades, cualidades y estilos de baile”.

Desde el fondo del escenario, pero como parte del concepto global de la obra, una orquesta compuesta sólo por señoritas aporta la mayor parte de la música del show. Casi todas poderosas versiones de clásicos del baile de escenario como “Quejas de bandoneón”, “Gallo ciego” y “A Evaristo Carriego” o composiciones no muy transitadas de Astor Piazzolla. El quinteto Boquitas Pintadas, tal como fue bautizado, acompaña en algunos pasajes a dos cantantes de despareja performance: el uruguayo Jorge De Brun (bajo de gran caudal y expresión) y el nombrado Restivo (quien el día de la avant-première tuvo varias dudas con las letras). Si bien mantiene algunos rasgos clásicos, el vestuario muestra variantes audaces. En el cuadro más intimista, por caso, el protagonista juguetea con una silla en ropa interior mientras se escucha “La última curda” en la voz loopeada de Susana Rinaldi. Aunque algunos son climas ya descriptos, cobran un vuelo diferente en la piel de dos hombres. “Me gusta jugar con los códigos del tango. No es bueno encasillarse. Dos cuerpos abrazados es algo muy expresivo. Enseguida te disparan erotismo, pero entre dos varones también compañerismo, amistad, juego, picardía”, opina Ojeda, quien supo trabajar con Juan Carlos Copes, Osvaldo Requena y en varias casas de cena-show.

El show fue pensado para el exterior, pero los artistas quedaron tan satisfechos con el resultado que quisieron mostrarlo en la Argentina, aunque fuese por pocas fechas. Estrenado el 7 de noviembre, tendrá su última función este viernes a las 22 en el Teatro Premier (Corrientes 1565). Para principios de diciembre, Tango por la igualdad tiene fechas previstas en Córdoba y Rosario. Recién con un show en Hamburgo, Alemania, en marzo de 2009 empezarán a cumplir con el objetivo original. Feliz con las primeras funciones, Ojeda confía algunos planes para el futuro: “Tengo muchas ganas de agregar una pareja hombre-mujer y otra de dos mujeres para presentar todas las posibilidades de combinación entre los géneros. Porque mi objetivo final es abrir la aceptación del baile diferente y de nuestras ganas de probar nuevas sensaciones”. Consultada sobre la frecuente resistencia del ambiente tanguero a las novedades más transgresoras, Ojeda la relativiza: “El tango es como el resto del mundo, en épocas de crisis todos empezamos a valorar los hechos vitales. Y dos hombres bailando es algo que apunta hacia la vida”.

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“Dos hombres bailando es algo que apunta hacia la vida”, afirma Ojeda.
Imagen: AFP
 
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