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Lunes, 5 de enero de 2009

FERNANDO AIMé, ENTRE EL ROCK Y LA LITERATURA

Para leer guitarra al hombro

El guitarrista fundador del grupo rosarino Cielo Razzo escribió un libro desopilante: Cuentos de rock y otras músicas menores. Historias bizarras, entre la ficción y la realidad, logran un impecable testeo de personajes típicamente argentinos.

 Por Cristian Vitale

Pop: sonido que produce una burbuja al explotar. Hip-Hop: nombre extranjero dado a la prosa dialéctica acompañada por golpes de percusión: algunos lo consideran erróneamente como música. Rap: posible deformación o equívoco de la insignia encontrada sobre la cruz de Jesús (R.I.P). Tango: nombre asignado al balón utilizado durante el Mundial ’78. Marcha: grito indicativo de los cocineros de bares y restaurantes, que indica al mozo de turno que su pedido está en proceso. Trash: en inglés, basura. Techno: basura... y así, este diccionario de definiciones musicales es lo poco que quedó en pie de la obra de Roca Montalbano, “el totalitario del rock”, luego de que hordas violentas incendiaran su casa, acabando con objetos personales, ensayos y monografías. Incluso con su vida. “Igual, a Roca lo podemos encontrar en cualquier bar, en cualquier reunión. En este caso, el tema es el rock, pero sucede con el fútbol, con la política, si prestamos un poquito de atención, hay un Montalbano a la vuelta de cada esquina”, asegura su inventor, Fernando “Nano” Aimé. El músico-escritor se despachó con flor de personaje para imaginar el relato dorsal de su libro Cuentos de rock y otras músicas menores (HomoSapiens). Roca es, sin más, un fundamentalista del rock para quien –hablando de música– no existe otra cosa que... el rock.

“A partir de la salida del libro, gente de la cual yo sospechaba algo de su pensamiento me vino a decir –mitad broma mitad en serio– que se identificaban con ese personaje”, se ríe Aimé, con su libro debut recién salido de la imprenta. Fundador del grupo de rock rosarino Cielo Razzo, guitarrista, ávido lector de Bioy Casares, Lovecraft, Hermann Hesse, Sabato (“los leo desde que tengo uso de razón”) y seguidor absoluto del Negro Fontanarrosa, Aimé es, dada la inercia exitosa de su banda, un músico profesional que vive girando, ensayando, componiendo o grabando discos y que, cuando tiene un resquicio libre, escribe. “Lo hago en el momento en que se me ocurren las ideas. Anoto, o grabo un bosquejo para un posible cuento, pero no tengo un método fijo”, dice. A veces son guiones para videoclips, a veces canciones y a veces, como en este caso, relatos cortos. Historias bizarras –entre la ficción y la realidad– que no sólo hablan de totalitarios del rock, sino también de músicos de rock a quienes se les da por soltar 20 gallinas ¡encerradas en jaulas! dentro de un micro de gira; de fanas de rock que se trepan a un árbol de Parque Leloir para ver al Indio Solari y, de repente, descubren los prolegómenos de una reunión cumbre entre éste y Gustavo Cerati; de novatos del rock que se curten a la mujer del jefe de Personal, con el permiso del jefe de Personal; de fumones del rock que caen presos por escribir algo así como “el duende Benjamín se fumó una chala” y embisten contra la justicia que “permite” Arroz con leche y Los Paneros de San Juan, o de cantantes de tango que, ante un problema gremial con sus guitarristas, les defecan los instrumentos antes de salir a tocar... casi todos producto de su imaginación “capusotiana”.

Aimé prefiere bautizarlos como ficciones que parecen realidades y realidades que parecen ficciones. Extiende: “Me refiero a que, sorprendentemente, las cosas más inverosímiles son casi siempre casos reales y también sucede al revés y es lo que prima en este libro. Pero yo apunto a que no se moleste el lector en averiguar la naturaleza de cada caso, sino que lo disfrute como le viene y lo lleve para donde quiera llevarlo, porque es lo que me pasa a mí cuando escribo: abandono todas las ideas preescritas o pregrabadas, comienzo desde cero y me sorprendo de lo que termina siendo. Es lo que más me gusta de esto de ser escritor”.

–El cuento de las gallinas (“No lo soñé”) pinta serio, pero toma un giro inesperado. ¿Se refiere a este ejemplo?

–Puede ser. El tema de las gallinas fue el disparador para el cuento. Pero el del Titanic, por ejemplo, surge porque siempre quise tomar un caso histórico trascendental y cambiar la versión de las cosas. Contar “la verdadera historia de...” y entonces tomé la del Titanic por encontrarla muy fértil para mi objetivo. Incluso elegí la historia antes de hacer la investigación.

–¿Y lo de Cerati con el Indio, que terminan tocando juntos en un recital de Mendoza?

–Bueno, eso lo venía maquinando desde hacía un tiempo, cuando nadie imaginaba siquiera que Soda Stereo se volvería a juntar, y fue unos de los cuentos incendiarios, esos que empezás a escribir y no podes parar hasta terminarlo. También nace de mi gusto personal por ambas bandas y por ambos cantantes y por la aspiración de tirar por la borda el viejo prejuicio.

Aimé, guitarrista de Cielo Razzo desde 1993, realizó breves incursiones por las universidades de Comunicación Social, Cine y Música de su ciudad; cuenta que sus “short stories” nacieron durante el 2006, cuando se decidió a terminar una serie de relatos inconclusos. “Yo escribo desde siempre, pero la idea de editar un libro nunca fue tan firme. Me pasó que al contar algunas historias durante las giras o en asados con amigos, todos me pedían que escribiera un libro sobre esto. Se sumó que acumulé un material considerable y entonces, sin pensarlo demasiado, me lancé. Nunca pensé en formar una banda ni tampoco en editar un libro y aquí estoy. Hay que darse el gusto por placer...y que termine donde tenga que terminar.”

–¿Alguna canción salió de un cuento o viceversa?

–En la única canción de mi exclusiva autoría que hay editada (“Buscando más”). Fue una catarata de ideas que escribí una mañana sin saber bien por qué y finalmente terminó siendo canción. Pero nunca pretendió ser cuento.

–¿Alguno de los otros integrantes de la banda comparte su pasión por los libros?

–No. Pero leyeron el mío y les gustó (risas).

–Y... el título es un buen gancho: Cuentos de rock y otras músicas menores. ¿Le salió espontáneo?

–Muy, y con la obvia ayudita de Roca Montalbano.

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Aimé toca en Cielo Razzo desde 1993. Como lector, le gustan desde Lovecraft hasta Fontanarrosa.
 
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