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Lunes, 19 de diciembre de 2005

SE PUBLICA EL PRIMER “DICCIONARIO PANHISPANICO DE DUDAS”

El idioma no se mancha, pero cambia todos los días

Es la obra más amplia y ambiciosa en su género: en 848 páginas contiene 7250 entradas que procuran resolver las principales inquietudes de todas las regiones lingüísticas del mundo de habla hispana.

 Por Silvina Friera

¿Impreso o imprimido? ¿bay-pass o baipás? ¿México o Méjico? ¿Gueto o ghetto? El verbo imprimir tiene dos participios y aunque existe hoy una tendencia, más acusada en América que en España, a preferir el uso de la forma irregular impreso, ambos participios pueden utilizarse indistintamente. Baipás es la adaptación gráfica propuesta para la voz inglesa by-pass; se recomienda escribir México con x, por ser la forma usada en el propio país y, mayoritariamente, en el resto de Hispanoamérica, y gueto es la adaptación gráfica de la voz italiana ghetto. Las respuestas se encuentran en el Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD), editado por Santillana, que se presenta hoy a las 18.30 en el auditorio de El Ateneo (Florida 340), con la participación del presidente de la Academia Argentina de Letras, Pedro Luis Barcia, y los escritores Sylvia Iparraguirre y Santiago Kovadloff. El DPD es la obra más ambiciosa y amplia en su género: en 848 páginas contiene 7250 entradas que se ocupan de resolver las principales dudas de todas las regiones lingüísticas del mundo de habla hispana, integrado por unos 400 millones de personas. Escrito en un lenguaje de fácil comprensión, accesible para los no especialistas, cada argumentación sobre los diferentes usos está ilustrada con citas textuales de libros y publicaciones periódicas de España e Hispanoamérica (diarios y revistas), extraídas en su mayor parte de los bancos de datos de la Real Academia Española. El contenido del DPD está avalado por el acuerdo unánime y la autoría conjunta de las 22 Academias de la Lengua Española.
El DPD va de menor a mayor en el campo de las incertidumbres que asedian al hablante común. Incluye desde cuestiones sencillas, la grafía y la acentuación, a las más complejas: palabras que plantean dudas sobre su régimen gramatical, cuestiones de género y número, el dequeísmo y el queísmo –quizá los generadores de uno de los mayores dolores de cabeza a la hora de escribir–, voces usadas en sentidos impropios, topónimos y gentilicios de grafía dudosa o vacilante. “El castellano y el inglés son los idiomas más extendidos en todo el mundo, son dinámicos y están creciendo –explica Barcia en la entrevista con Página/12–. Esa unidad oficial que ha tenido el idioma español, por las distancias y la falta de comunicación, se va quebrando y no está mal que cada región adopte sus peculiaridades.” Una de las características del diccionario, señala el presidente de la Academia Argentina de Letras, es que, además de resolver las dudas generales, presenta también las particulares: ¿Cómo se traduce basketball? “En España es baloncesto, en cambio acá decimos básquet. Le pusimos un acento, cambiamos una k por una q y queda una t final un poco rara, pero le pusimos una pata encima a la palabra –compara Barcia–. Los españoles sólo tradujeron la palabra, exactamente como hicieron con football. Ellos adoptaron el mamarracho de balón pie y nosotros decimos fútbol, como suena fonéticamente.”
En cuanto al leísmo, hay una modalidad de uso del “le” en España y otra en América, y las dos son aceptadas en el DPD. “En realidad es el uso lingüístico el que impone la norma, siempre y cuando la comunidad culta lo adopte y la literatura lo selle”, aclara Barcia. “La riqueza del diccionario consiste en que a las dudas particulares se le dan soluciones regionales que difieren según las zonas. El diccionario no pretende uniformar todo, sino que va por la unidad mayor posible de la lengua, pero respeta los usos de la norma culta de cada región.”
–¿A qué se debe esta apertura de España?
–Antes no se consideraba una región sino la sede del idioma. Hoy es una región minoritaria dentro del uso del idioma porque de cada 10 hablantes, nueve son hispanoamericanos o están fuera de España y uno sólo es español. De modo que en esto ha habido una flexibilización y comprensión de España que no se quiere alzar más con la norma hegemónica. España se dio cuenta de que no podían hablar del cetro del idioma. Ya Unamuno decía que no tenían el cetro. Esta idea hegemónica de que era la sede de la lengua empieza a resquebrajarse y las 22 academias, que comienzan a asociarse, ya no sienten a España como la Madre Patria o la Academia madre, sino como la Academia hermana mayor.

El voseo y los extranjerismos
La lingüista y ex presidenta de la Academia Argentina de Letras, Ofelia Kovacci, que murió en 2001, escribió el artículo referido al voseo. “Cuando le escribo al director de la Academia Española no le digo ‘tú sabes, Víctor’, le digo ‘vos sabés, Víctor’. El voseo es nuestro y nosotros hicimos mucho para incorporarlo como una modalidad regular”, admite Barcia. Otros de los aportes argentinos al DPD han sido los realizados por el propio Barcia, quien trabajó los extranjerismos, las cuestiones relacionadas con el “dequeísmo” y el “leísmo” y la incorporación de fases latinas que ya están extendidas en el uso común de los hablantes como in extremis, in extenso o sine qua non. “El uso de los extranjerismos ha sido objeto de una sistematización bastante importante; había un poco de caos natural por la invasión de anglicismos en el uso dominante en todos los medios y en el comercio, que no es tan grande porque no llegan a 150. Lo que pasa es que los anglicismos están en todas partes, como los tomates en las salsas y entonces parece que fueran enormes”, bromea Barcia.
Aunque hay extranjerismos que se han difundido universalmente, y han mantenido su grafía y su pronunciación original, como ballet, blues y jazz, el DPD propone algunas adaptaciones como “chalé” por chalet, y “cabaré” por cabaret. En algunos casos se admite una doble solución, según las regiones lingüísticas: “búmeran” (en México, la Argentina y Ecuador) y “bumerán” (en España, y algunos países hispanoamericanos) por boomerang. Algunas dudas ocupan apenas unos renglones: ¿Cómo se dice, placard o placar? “Nosotros ya impusimos placar, sin la d final, o placares, en plural, mientras que en el resto de América se emplea el anglicismo clóset”, señala Barcia. “Soy partidario de ir incorporando gradualmente, sin forzar, palabras que son adaptables. Es difícil adaptar la palabra software, de modo que seguiremos escribiéndola en inglés y con bastardilla, para recordar el origen bastardo del vocablo. Pero una palabra como piercing, por ejemplo, podría ser escrita directamente como suena, pirsin, y entonces estaríamos adaptándola. Yo tengo libertad para hacer eso en el idioma.”
–¿La gran innovación es la incorporación de la oralidad, la adaptación de las palabras según su pronunciación?
–Sí. El neologismo oralidad no estaba incluido en todos los diccionarios. Creo que con el tiempo cada vez más se adecuará lo escrito a lo oral. Nosotros en la Argentina hemos naturalmente trabajado en esto sin darnos cuenta, pero hay que tener en cuenta que el que decide es el pueblo culto. Este es un diccionario dinámico que está en proceso. Se anticipa en muchos aspectos al diccionario de la lengua porque va planteando dudas que no estaban ni siquiera contempladas. Frente a un problema que no tenía hasta ahora solución, planteamos una respuesta, la lanzamos al público y el pueblo la toma o la deja. Si la toma, la ratificamos como valedera, si no tenemos que cambiar y dar otra opción.

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Pedro Luis Barcia, de la Academia Argentina de Letras, con el DPD, que se presenta hoy en El Ateneo.
 
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