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Lunes, 19 de diciembre de 2005

MUSICA › ANDRES CALAMARO, EN SU MEJOR REGRESO

El año se termina cantando

Ante unas 25 mil personas, el autor de Alta suciedad se mostró seguro y relajado sobre el escenario. Vicentico y Litto Nebbia fueron los invitados de un show memorable.

 Por Roque Casciero

Tal vez los periodistas y el público se hayan emocionado de más cuando Andrés Calamaro volvió a pisar un escenario después de cinco años de ausencia. Sucede que precisamente su silencio hizo que resonaran más fuerte sus creaciones, y su figura como compositor e intérprete se agigantara. Fue entonces cuando –sin que él mismo necesitara salir a decir, a la Charly García, “yo soy tu papá”– apareció una progenie calamaresca en los lugares más insospechados del rock argentino. Por eso, la posibilidad de estar otra vez frente a El Salmón, El Cantante o simplemente Andrés, provocó un sentimiento de bienestar y alivio, como cuando un hermano mayor (¿o un padre?) regresa al hogar lo suficientemente sano como para contarlo. Amparado por la Bersuit, Calamaro volvió una noche sobre el escenario de la plaza Próspero Molina de Cosquín. ¿Fue ése “el regreso” al que alude su reciente disco en vivo, que por estos días se vende tanto como el pan dulce? ¿Lo fueron los shows en el Luna Park, en los que se registró el álbum? A la vista de lo que pasó el sábado pasado, la respuesta es obvia. Y hasta la dio el propio Andrés: “No se regresa de verdad sin tocar en diciembre en Buenos Aires. Y en Obras”.
El mismo Calamaro que se escondía tras el teclado y se iba soltando a cuentagotas, el sábado se plantó, con Output Input, a rapear y cantar de una punta a la otra del escenario (y lo repitió más tarde con El vigilante medio argentino). ¿El mismo Calamaro? No lo parecía. Las pantallas devolvían ese perfil Dylan que enamoraba a las chicas en tiempos de Alta suciedad, como si todas las imágenes de él que se vieron después hubieran sido sólo un mal viaje del inconsciente colectivo. Ahí estuvo Andrés, rockero y seductor, completamente al comando de su arsenal, al punto que por primera vez la Bersuit pareció “la banda de Calamaro” y no “la banda que hace que Calamaro toque”. Verborrágico a la hora de presentar canciones e invitados, y rápido de reflejos para abortar un “para Charly que lo mira por tevé” (hay que ser fanático...). Lúcido y filoso para meter esos detalles memorables como el “sí, quiero” (se entiende, ¿no?) entre los versos de Sin documentos y para jugar, bien a tono con su presente de felicidad, con la letra de No se puede vivir del amor: “le dijo Julieta a Romeo en el balcón”, je.
Hubo un momento del show que puso la piel de gallina. Después de ser presentado como “el que inició todo esto”, Litto Nebbia tocó Zamba para mi tierra en sus teclados mientras Calamaro se hacía cargo de la mayor parte del canto. La interpretación tuvo algo de mágico, incluso para quienes desconocían esa oda al pago sin nacionalismo barato. Porque Andrés, con la garganta a pleno, hizo vibrar con esos versos que dicen que quiere morir en su tierra. El Cantante canta cada día mejor. Y se anima, con soltura, a hacer Vasos vacíos con su amigo Vicentico, a descubrir ritmos caribeños dentro de su clásico Mil horas y a reencontrarse con su pasado Rodríguez en Para no olvidar, Mi enfermedad y Sin documentos. Una muestra de su seguridad la dio, al final, la manera en la que se sobrepuso a un error: entró con la parte equivocada, les cedió la voz por un instante a los coros de la Bersuit y retomó con la autoridad propia de quien escribió esos versos. Esos que ya son himnos del corazón de varias generaciones.
“Llevo en mis oídos la más maravillosa música, que es la voz del pueblo argentino. Lo dijo Perón, lo digo yo también”, agradeció Calamaro a las 25 mil personas que cantaron cada palabra durante más de dos horas. ¿Será que él, que dijo que jamás se emocionaba en un concierto, está dejando caer otro caparazón? Vaya uno a saber... Lo cierto es que su voz y sus canciones logran alterar el metabolismo de unos cuantos. Porque, ¿hay forma de evitar que se mueva el piso con un temazo como Paloma? ¿O de rememorar alguna ocre historia personal cuando suenan Los aviones, Crímenes perfectos o Media Verónica? ¿Se puede permanecer inalterable cuando Andrés se metamorfosea en la piel de un rock’n’roll animal para hacer Alta suciedad bien podrida?
La tapa del disco El regreso muestra la primera pisada de un ser humano sobre la Luna. Sin embargo, como para contradecir la histórica declaración de Neil Armstrong, Andrés Calamaro ha dado en este año varios pasos enormes para sí mismo: si al principio debía luchar contra demonios internos para aceptarse sobre un escenario, dejó en claro que retomó la saludable costumbre de hacer que sus melodías perfectas (o casi) sean coreadas por una multitud. En diciembre y en Obras, como un verdadero regreso debe ser.

9-ANDRES CALAMARO
Músicos: Andrés Calamaro (voz y teclados), Osky Righi (guitarra), Juan Subirá (teclados), Tito Verenzuela (guitarra), Pepe Céspedes (bajo), Carlos Martín (batería), Martín Pomares (guitarra), Sebastián Pangusi (percusión), Daniel Suárez (coros) y Cóndor Sbarbati (coros).
Invitados: Vicentico y Litto Nebbia.
Lugar: Obras Sanitarias (al aire libre), sábado 17 de diciembre.
Público: 25 mil personas.
Duración: 2 horas 15 minutos.

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Calamaro cantó durante más de dos horas en Obras Sanitarias, al aire libre.
 
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