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Jueves, 7 de mayo de 2009

FESTIVAL INTERNACIONAL DE USHUAIA

Tiempo de postales musicales

 Por Santiago Giordano

Cumplida ya buena parte de la programación, la quinta edición del Festival Internacional de Ushuaia, que culmina el sábado, deja, más allá de las imágenes imponentes del paisaje que constituyen un complemento sugestivo y el aura encantadora de ser “el fin del mundo”, varias postales musicales que lo posicionan como un evento en sostenido crecimiento. Dentro de este desarrollo continuo no faltan las puntas de excelencia, como la que el sábado protagonizó Vitaly Pisarenko, pianista ruso de 21 años, que el año pasado obtuvo el primer premio en el concurso Franz Liszt, de Utrecht. Formado con Yuri Slesarev en el Conservatorio del Estado de Moscú y con Aquiles Delle Vigne en el Conservatorio de Rotterdam, Pisarenko mostró poseer una técnica completa y equilibrada, puesta al servicio de una expresividad contundente. Junto a la Orquesta Sinfónica de Moscú dirigida por Jorge Uliarte, el pianista desplegó una notable gama de recursos, desde la destreza y la potencia hasta ciertas sutilezas propias de un músico maduro, para lograr una muy buena versión del Concierto Nº1 de Tchaikovsky, obra emblemática del repertorio para piano y orquesta. El domingo, ya no como sorpresa sino como tangible realidad para el público de Ushuaia, Pisarenko ofreció un excelente recital con obras de Liszt, Schumann y Ravel, para sumarse así a los pianistas de notable nivel que constituyen una de las columnas de la programación del festival, junto a Goran Filipec, Ivan Rutkaukas, Daniel Seroussi –ganador en el concurso internacional de Música de Graz– y el experimentado Alberto Portugheis. En múltiples tareas, ya sea como solistas con orquesta, solistas en recital, o en conjuntos de cámara, los pianistas mostraron repertorios que, aun casi sin moverse de lo ordinario, resultaron atractivos. Lo mismo puede decirse de muy buenos instrumentistas de arco, como el búlgaro Stanimir Todorov y el alemán Götz Bernau, que ofrecieron un recital en trío con la pianista Mirta Herrera y el doble concierto para violín, violoncello y orquesta de Brahms; o el joven violinista argentino Xavier Inchausti, que protagonizará el concierto de cierre del festival.

La otra columna de la programación es la Orquesta Sinfónica de Moscú. El hecho de contar con una orquesta estable marca una diferencia importante en cualquier festival, en el fin o en el centro del mundo. En los conciertos realizados, la Sinfónica de Moscú mostró buenas condiciones, sobre todo en las cuerdas, y fundamentalmente versatilidad, imprescindible para abordar los distintos repertorios, que si bien giran en torno de la música rusa, no carecen de matices.

Cada uno de los conciertos y eventos relacionados con el festival se suman al viaje en el tren de trocha angosta que recorre la ruta que alguna vez hicieron los convictos del penal más austral del mundo hacia los trabajos forzados, a la flora y fauna del Parque Nacional, los islotes con lobos marinos y corporones en el camino al faro del fin del mundo, los cerros nevados, el free shop del centro, la luz rojiza de los bosques, el chocolate que sirven en Ramos Generales, el casino, la centoya, la merluza negra, el cordero y la cordialidad de la gente. Y el público –nada tendría demasiado sentido sin él– acompaña y aprecia. Por ejemplo, el salón Milemium del hotel Las Hayas muestra un promedio de presencias que giran en torno de las 500 personas por concierto, con sus 800 localidades ocupadas los fines de semana.

Más allá de las certezas geográficas, desde una perspectiva artística, con el Festival Internacional y la Bienal de Arte Contemporáneo, Ushuaia deja de ser, por estos días, “el fin del mundo”.

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