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Lunes, 21 de diciembre de 2009

ROBINSON SAVARY Y LA EXPOSICION LOS RAROS

“Busco sacar el alma de la gente”

Hijo de Jérome Savary y ahijado de Copi, el fotógrafo y cineasta francés presenta en el Borges una muestra que incluye retratos de actores de culto, personajes de circo y travestis. “La gente rara configura una aristocracia casi cósmica”, sostiene.

No existen palabras de sentido cerrado. Algunas, eternamente difusas, pululan en el espacio semiótico dando lugar a interpretaciones que son a la vez modos de ver la vida. Claramente, en la época de Rubens, “lo lindo” no era lo que es hoy. Lo curioso está en esos conceptos que suscitan oposiciones dentro de una misma época. Porque, independientemente de las convenciones que definen más o menos “lo raro”, existen diversas maneras de acercarse. La del fotógrafo francés Robinson Savary es la fascinación y una hipótesis singular: “La gente rara configura una aristocracia casi cósmica”, explica a Página/12. Esa es la idea que gira en Los raros, la exposición que presenta en el Centro Cultural Borges (Viamonte y San Martín) y que incluye 40 retratos de actores de culto, personajes de circo y travestis, todos unidos por su particular idea de la extravagancia.

“¿Qué elecciones hacemos en el espacio dentro de lo ideal y de lo real?”, dispara un afiche al fondo de la sala 23 del Pabellón Verdi. Es el cartel de Bye Bye Blackbird (2005), único largometraje de Savary, inédito en la Argentina. La primera serie de fotografías, realizada en 2001 en París, Estados Unidos y Francia, tiene la misma temática que la película: el extraño universo del circo. Un viejo Malcolm McDowell –el legendario actor de La naranja mecánica–, actrices como Fairuza Balk e Isabella Miko, así como también personajes de circo, entre ellos el acróbata James Thiérrée (nieto de Charles Chaplin), posaron ante la lente de Savary. Algunos de ellos luego actuaron en el film, otros desistieron. Del lado de enfrente, lo que se exhibe es una realidad totalmente distinta: fotos recientes de una docena de travestis que trabajan en la zona de Palermo. “Aquí todos son estrellas. Famosos y desconocidos están al mismo nivel”, recalca Savary ante la llamativa combinación de imágenes, y agrega: “La exposición es transnacional. Lo interesante es que estos personajes pertenecen a mundos cerrados, secretos y con códigos propios, distintos a los de la sociedad”. El interrogante del afiche de Bye Bye Blackbird es la inquietud principal del fotógrafo. Y, según él, para acercarse al circo y al travestismo hay que partir de ahí: “Las travestis se mueven en ese espacio entre lo ideal y de lo real. ¿Quién sabe? Tal vez la mujer ideal sea un hombre”, reflexiona.

Lo cierto es que los de Los raros –nombre que tomó del poeta Ruben Darío, con ayuda del escritor Raúl Escari– son mundos a los que Savary nunca estuvo del todo ajeno. Su padre es el argentino Jérome Savary, actor, director de teatro y fundador de Grand Magic Circus, una compañía de teatro callejero revolucionaria en Francia por los años ‘60. Y su padrino es ni más ni menos que Raúl Natalio Damonte Taborda, más conocido como Copi, historietista, dibujante y dramaturgo también argentino, dueño de una obra poblada de travestis, gays y transexuales. “Es el que más me conectó con este país y con este tema, aunque lo conocí poco en persona porque falleció cuando yo tenía quince años”, recuerda Savary.

Esas criaturas mitológicas

Dos señoras paquetas se paran frente a Prisa, la única travesti que osó posar desnuda. Una de las mujeres levanta las cejas cuando el fotógrafo le cuenta que “es una chica de ‘la zona’”. Savary es consciente de que se metió con un tema polémico. No por nada en un principio le costó conseguir un espacio para mostrar los retratos, por eso considera “un hecho político y de gran apertura” que hoy estén “en un lugar de prestigio, por primera vez”. “No busqué escandalizar”, aclara el fotógrafo. Y lo cierto es que las asociaciones más inmediatas del sentido común se ven truncas al presenciar los 40 retratos de Savary: blanco y negro, y una fuerte impronta clásica que, más que a una provocación, abren el paso a un clima intimista, sensual y elegante. No obstante, hasta las mismas protagonistas de las fotografías se equivocaron en un primer momento. “Pensaron que las quería para una producción porno, pero cuando vieron de qué se trataba fueron ellas las que empezaron a pedirme de participar. En realidad, lo que busqué es ‘sacar’ el alma de la gente. Es mi función en la vida”, explica.

Hace dos años, Savary vino a Buenos Aires por placer. Pero también porque “en Francia no encontraba un lugar con mucha dinámica como artista”. Algo que vislumbró “de casualidad” en un “círculo alucinante de 60 travestis que parecían discutir”. No pudo resistir la tentación de meterse. “Me gustó ese humor, esa forma de hablar tan propia de la calle. Enseguida una me frenó y me preguntó qué estaba haciendo ahí. Yo contesté que era un director de cine francés, y no pude seguir porque una me dijo: ‘¡Entonces quedate, mi vida, mi amor, mi amorcito!’”, dramatiza con gracia.

A cambio de un sueldo, Savary les propuso a las travestis dejar su trabajo por un rato para convertirse en modelos. La primera en prestarse para su misión fue Sayuri Tuchía Salazar, devenida en curadora de la exposición. “La verdad es que ellas de por sí son artistas. Son sus propias creaciones. Y son las reinas de la improvisación: no hay que pedir”, aclara para dirigirse rápido al retrato de Daniela Miller, una rubia despampanante que en vísperas del primer flash levantó su tupida cabellera lacia y dio a la cámara una de las miradas más enigmáticas de la serie. “Teníamos seis tomas, pero nos quedamos con la primera”, recuerda.

“Son estrellas. Tienen un arte del look, de la actitud, una manera de moverse, de vestirse”, describe. Y sobre las dificultades de la realización del trabajo, que duró seis meses, cuenta: “La zona está llena de tristeza. Cada vida es una película. Y el viaje de ser hombre a ser mujer es largo. A los 23 años tienen una sabiduría de alguien de 50. Llevan una vida peligrosa y difícil, luchan muchísimo”. Sin embargo, ésa es una realidad que apenas asoma en la segunda serie de Los raros. Más bien el eje central es la cuestión de la identidad, acompañada de una nueva mirada sobre la feminidad y la masculinidad. En este sentido resulta más que original la definición de Savary sobre las travestis: “Son criaturas mitológicas, espejos de los dos lados del ser humano. Para mí son un sueño”.

Cuando finalice su primera exposición sudamericana, el director planea llevar a la pantalla grande a esta “nobleza de la calle” con Lady Doll, una película que pretende filmar en Buenos Aires y en Tokio. Sobre la trama, anticipó que será un “thriller sobre tráfico de muñecas japonesas de tamaño humano en la Argentina en la época de Carlos Menem y, a la vez, una historia de amor y de amistad entre una mujer y una travesti”.

–¿Y usted? ¿Se considera un raro?

–Creo que por ese motivo mi primera película fue prácticamente desconocida. Pensá que la sociedad siempre quiere meter a la gente en cajas. Los raros necesitan tiempo para ser descubiertos, son un espejo que da miedo por el solo hecho de ser distintos.

Informe: María Daniela Yaccar.

* Los raros puede visitarse de lunes a sábados de 10 a 21 y los domingos desde las 12, hasta el 31 de enero.

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“Tal vez la mujer ideal sea un hombre”, reflexiona Savary.
 
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