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Viernes, 24 de marzo de 2006

LIBROS DE AYER Y DE HOY REFLEXIONAN SOBRE LA VIDA POLITICA DE LOS AÑOS ’70

El mejor de los antídotos contra el olvido

Nuevos trabajos y reediciones de textos clásicos, publicados originalmente en los ’80 y en los ’90, marcan el interés de la sociedad –y consecuentemente de las editoriales– por la compleja trama de la historia argentina reciente. Las distintas perspectivas expuestas abren caminos para un debate que no terminará hoy.

 Por Silvina Friera

La sociedad argentina está saldando cuentas con su pasado. Y también con su presente. A 30 años del golpe del 24 de marzo de 1976, los libros no son ajenos a este movimiento, que interviene y reflexiona –con dispares perspectivas– sobre la historia reciente. Aunque los modos difieran, las distintas narraciones de lo ocurrido representan un escalón más en la búsqueda de la comprensión. Y más allá de la retroalimentación entre la efeméride y la especulación del negocio editorial, hay una promisoria recuperación política de los años ’70, que permite configurar nuevas discusiones y debates sobre lo que pasó antes y después de la última dictadura militar.

Algunos trabajos editados en las décadas del ’80 o del ’90 regresan a las librerías en formato de bolsillo. Los cinco tomos de La voluntad, obra fundamental sobre la militancia revolucionaria en el país –escrita por Martín Caparrós y Eduardo Anguita–; La sangre derramada, de José Pablo Feinmann, un ensayo crítico acerca de la violencia que imperó en la Argentina; Monte Chingolo, de Gustavo Plis-Sterenberg, una exhaustiva reconstrucción de la mayor batalla librada entre las fuerzas estatales y la guerrilla del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) en diciembre de 1975; Recuerdos de la muerte, de Miguel Bonasso, y Mujeres guerrilleras, de Marta Diana (todos publicados a través del sello Booket, de Planeta). Entre los libros de reciente aparición, se encuentran Doble juego. La Argentina católica y militar (Sudamericana), de Horacio Verbitsky; La rebelión de las Madres (Norma), de Ulises Gorini; Dictadura y democracia (1976-2001), compilación de ensayos realizada por Juan Suriano (editado por Sudamericana); Entre la sombra de la dictadura y el futuro de la democracia (Homo Sapiens), ensayos compilados por Hugo Quiroga y César Tcach; Vivir a oscuras. Escenas cotidianas durante la dictadura (Aguilar), de Mariana Caviglia; Rock y dictadura (Emecé), de Sergio Pujol, y Deporte, desaparecidos y dictadura (Ediciones al Arco), de Gustavo Veiga, entre otros títulos.

El primer tomo de La rebelión de las Madres, con prólogo de Osvaldo Bayer, relata la gesta de las Madres de Plaza de Mayo entre 1976 y 1983. Ulises Gorini –abogado, docente y periodista especializado en derechos humanos– plantea que las Madres tienen un significado “muy profundo” para la política argentina. “Algunos pensaron que iban a ser un fenómeno coyuntural de resistencia a la dictadura –señala Gorini en la entrevista con Página/12–. Incluso, cuando estaba por llegar la democracia, ciertos intelectuales anunciaron el fin de las Madres. Como la democracia ‘gestionaría’ el problema de las violaciones a los derechos humanos, perdería sentido el movimiento de las Madres, o en todo caso quedaría como algo exclusivamente testimonial. Esto no fue así; la dictadura duró unos largos y dolorosos siete años, pero ya llevamos más de 22 de períodos constitucionales, y las Madres siguen existiendo, no como un mero testimonio, sino como un movimiento político de fuerte peso simbólico en nuestra vida cotidiana.”

Al exceder el marco de denuncia de las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura, “las Madres pudieron proyectarse como un movimiento que opina y que polemiza sobre todos los aspectos de la política interna, e incluso a veces de las relaciones internacionales”, añade Gorini. “Lo más extraordinario e impactante de la historia de estas mujeres es el pasaje de la casa a la Plaza, de la esfera familiar a las relaciones políticas. Esto es algo inédito, sin antecedentes en la historia argentina contemporánea, y es un hecho singular en el mundo también. Ha habido otros movimientos de familiares, pero ninguno adquirió el valor político que tienen las Madres de Plaza de Mayo”, explica el autor. Gorini se pregunta qué está pasando con la política en el país. “Así como emergieron las Madres, las Abuelas y los hijos, hay que pensar que el servicio militar obligatorio se terminó a partir de la lucha de los padres del soldado Carrasco, o que una provincia se reformó políticamente a partir de la lucha de los padres de María Soledad. Y aunque no lleguen a conformar, al menos todavía, un movimiento político como las Madres, están reflejando un déficit de la representación política en la Argentina.”

Norma Morandini es autora de La oscuridad como marca, ensayo incluido en Entre la sombra de la dictadura y el futuro de la democracia. “Casi me acuerdo de hasta la ropa que tenía puesta el 24 de marzo de 1976, de modo que mi vida personal se me confunde mucho con la historia”, subraya la periodista. “Empecé a darme cuenta de cómo la memoria está marcada según cuánto más lejos estemos de aquel 24 de marzo.” Según Morandini, se ha ido perdiendo el miedo a hablar y a pensar año tras año. “Pero se da la paradoja de que aquellos que jamás hicieron nada hoy aparecen como los adalides de la memoria. No quiero tener resentimiento, bienvenida la memoria si es de todos, siempre y cuando no la banalicemos y no se convierta en una cuestión coyuntural, con el riesgo de la espectacularización que implica”, opina Morandini. “En un país como el nuestro, que no ha hecho la liturgia del dolor, que no tiene rituales de muerte, a no ser por el epitafio de Página/12, el único lugar donde públicamente podemos recordar a nuestros muertos, resulta difícil reconocernos en el dolor. Los muertos no son míos sino que son de todos, y en el momento que son de todos son de la historia. Y creo que ahí estamos; todavía no configuramos la historia en grande porque estamos narrando las historias en minúscula.”

Morandini agrega que la lucha por la memoria persigue vencer esa oscuridad que la dictadura dejó como marca. “Lo que estamos haciendo a lo largo de estos años es echar luz. Siempre estamos poniéndole luz a algún aspecto de esa oscuridad”, opina la periodista. “Pero si vos tenés que sacar toda la mugre, tenés la sangre pegada en las paredes y aún hay cosas escondidas, es más difícil que puedas construir la nueva casa. A mí lo que me obsesiona hoy es qué se hace con la política, porque hay un cadáver que dejó la dictadura, del que nadie se hace cargo. La política nace muerta en la democracia y es lo que estamos padeciendo ahora: que no se termina de crear una cultura democrática con dirigentes respetados por la sociedad. Todo lo que se ha hecho en nuestro país lo han hecho las víctimas.”

La conmemoración de los 30 años es una oportunidad, según Morandini, para saldar las cuentas pendientes. “Si la evocación nos vuelve a separar, creo que no estamos construyendo comunidad, y en algún momento vamos a tener que perdonarnos a nosotros mismos por haber tenido un país que se desquició. Y con esto no quiero decir que hay que perdonar a los torturadores”, advierte y concluye: “Cuando hay justicia, podemos tener compasión de nosotros mismos, y podemos darnos cuenta de la locura de país que dejamos a las nuevas generaciones”.

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