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Miércoles, 23 de marzo de 2011

PLACIDO DOMINGO CANTARA HOY EN LA 9 DE JULIO JUNTO A LA ORQUESTA ESTABLE DEL TEATRO COLON

Todos ganan, menos el Gobierno de la Ciudad

El artista actuará junto a los músicos del Colón, que decidieron ayer suspender transitoriamente la huelga para que se pueda realizar el concierto masivo. Un gesto que llega después del apoyo explícito del tenor a los reclamos de los trabajadores.

 Por Diego Fischerman

En el anochecer de un martes agitado, Plácido Domingo pudo, finalmente, decir que cantará en Buenos Aires. Hoy a las 20, en la 9 de Julio y de espaldas al Obelisco, el artista actuará junto a la Orquesta Estable del Teatro Colón, que decidió suspender transitoriamente el paro que mantiene desde fines del año pasado, para que la actuación fuera posible. En rigor estaba planificado que las presentaciones fueran dos, en el Teatro Colón y en la calle. La primera ya estaba descartada de hecho, entre otras cosas porque las autoridades del teatro habían prohibido la entrada al edificio de varios de los músicos. La segunda, que hasta hace un día todavía estaba en duda –y que en caso de lluvia se pospondrá hasta mañana– fue decidida ayer a la tarde después de una larga asamblea.

A continuación, Domingo, la orquesta, la soprano Virginia Tola, que participará de la función, y el director Eugene Kohn, fueron a ensayar al Auditorio de Belgrano y allí mismo brindaron más tarde una conferencia de prensa conjunta que desmintió de manera categórica las declaraciones que, en la tarde, había realizado el jefe de Gobierno, Mauricio Macri, a una radio, tildando a los músicos de delincuentes que tenían “a Plácido Domingo de rehén” y que, llamativamente, contrastaron con las de su ministro de Cultura, Hernán Lombardi, que calificó de “valioso” el gesto de la orquesta. Domingo, en tanto, señaló: “El público era lo que más me preocupaba”.

El otro dato significativo lo brindó el director del teatro, Pedro Pablo García Caffi, quien afirmó su “sorpresa” a raíz de que “Plácido Domingo haya hecho una conferencia de prensa donde hablara de la situación del Colón sin hablar con nosotros. Sólo habló con un grupo de músicos”. Lo cierto es que García Caffi no había atendido los llamados telefónicos del cantante, en las semanas previas a la actuación, y tampoco se acercó a recibirlo o siquiera saludarlo a su llegada a la ciudad. En cambio, marcó su distancia con la organización del evento: “El Teatro Colón no tiene que ver con las actuaciones de Plácido Domingo; estos dos conciertos los organiza la Fundación Beethoven y es la responsable. A nosotros sólo nos pidieron tener las salas dispuestas para ensayos y función, y eso estuvo”. En realidad, aunque la gestora de esta visita del tenor fue, efectivamente, la Fundación Beethoven, las actuaciones estaban patrocinadas por el Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad, área a cuya jurisdicción pertenece el teatro. Fuentes cercanas a la conducción del ministerio contaron, por su parte, que las conversaciones mantenidas entre Lombardi y los delegados en conflicto, que aseguraron que “si se levantaban las sanciones y se mostraba voluntad de negociación los conciertos de hacían”, jugaron un papel de importancia en el hecho de que los músicos accedieran a tocar.

Recién arribado a Buenos Aires, Plácido Domingo había manifestado su apoyo a los reclamos de los músicos, con frases tan explícitas como “les he manifestado que estoy con ellos”. Mientras Macri hablaba de “un papelón” e insistía con su caracterización de una huelga como “hecho delictivo”, el célebre tenor decía: “He venido a cantar y lamentaría no hacerlo. Si debiera volverme sin actuar lo haría con tristeza. Pero comprendo absolutamente los motivos de la orquesta”. En esa conferencia de prensa, Domingo hizo referencia, además, a la injusticia de los juicios civiles que la dirección del Colón entabló contra los delegados de ATE (uno de los dos gremios con actuación en el teatro y el que se mantiene en conflicto con su dirección). “No todos pueden hablar; siempre son algunos los que dan la cara por los demás”, explicó Domingo. “Y esas personas, que han actuado en representación de sus compañeros, están teniendo problemas jurídicos y se les entabla juicio por una cifra que jamás podrían pagar, siendo como son empleados de este teatro.” Esa demanda, sin antecedentes en la Justicia laboral argentina, por la que se les exigiría a los delegados la suma de 55 millones de pesos en razón de los daños económicos pasados y futuros, fue una de las ofensivas de la dirección del Colón contra la parte de los trabajadores encolumnados con ATE. El anuncio de un acuerdo económico con el otro gremio estatal de Buenos Aires, Sutecba, y el sumario administrativo, con suspensión y prohibición de entrada al teatro, para los delegados de ATE, formó parte de la misma línea de acción. Una línea cuyo comienzo podría situarse en el traslado compulsivo de 400 trabajadores del teatro a hospitales de la ciudad y cuya frase de barricada podría ser la ya célebre “son piqueteros de escenario”.

Los intentos del gobierno municipal no han dado, hasta ahora, el resultado que sus propiciadores esperaban. Los 400 empleados que habían ido a parar a lugares como el consultorio de fonoaudiología del Hospital Durand –por lo menos les reconocían cierta afinidad con el oído– debieron ser reintegrados por orden de un juez; los sumarios, según pudo saber este diario, ya tienen dictamen favorable a los trabajadores; en cuanto a los juicios, el pedido de embargo que formaba parte del mismo ya fue desestimado por la Justicia. El motivo inicial del paro había sido el reclamo de un aumento salarial del 40 por ciento, lo que equipararía a los trabajadores del Colón con otros que realizan tareas similares en otras reparticiones estatales, en particular la Sinfónica Nacional y la Orquesta del Teatro Argentino de La Plata. Pero el tema se potenció con la creciente sensación de falta de diálogo y el maltrato del que los trabajadores acusan a García Caffi, sumado a hechos como la tercerización de los servicios de control dentro del Colón y la aparición allí de cámaras y agentes de seguridad que resultan sumamente irritativos para gente que, como los músicos y bailarines del teatro, prácticamente han crecido entre sus paredes. El clima de hostilidad también se acrecentó con el enfrentamiento de la dirección del Colón con el Ballet Estable, a causa de la inadecuación para la danza del piso que se había colocado en la refacción del teatro. Una asamblea que derivó en la cancelación de una función, otra, ocasionada por la falta de respuestas oficiales a los pedidos, que también hizo que se suspendiera una función, se eslabonaron hasta llegar a la suspensión de lo quedaba de la temporada por parte de las autoridades. La determinación de mantener un paro hasta que hubiera alguna clase de respuesta fue hecha por parte de un grupo de trabajadores pertenecientes, en su mayoría, a las orquestas.

Desde el lado de la dirección del Colón llegaron las sanciones y la decisión de hacer el primer título de la que sería la temporada de ópera, El gran macabro, de György Ligeti, con la orquesta reemplazada por dos pianos y percusión, con el fin de poner en escena la interna gremial y, por encima de cualquier consideración estética, mostrar un mundo de buenos y malos absolutos: una escenografía y un coro presentes y los díscolos instrumentistas ausentes.

La Orquesta Estable decidió acompañar a Domingo, abriendo lo que el ministro de Cultura consideró “un paréntesis alentador”, y donar el cachet cobrado a una institución de bien público. La posibilidad de que el concierto callejero del cantante debiera cancelarse fue, hasta ahora, el último capítulo de una saga que incluyó la búsqueda desesperada de distintas orquestas del país que aceptaran actuar con el tenor, encontrándose en todos los casos con la negativa de sus integrantes, salvo en el caso de una de Tucumán que llegó a viajar a Buenos Aires pero no fue aceptada por el director, Eugene Kohn, por considerar que con ella hubiera necesitado muchos más ensayos que los que era posible concertar. Podría pensarse que un paro de un día es responsabilidad de un sindicato, pero uno que lleva ya seis meses tiene como responsables a quienes no han logrado solucionarlo. Con la venta de abonos suspendida a causa de lo que el propio director del Colón definió como “imposibilidad de garantizar la realización de una función” y con el agregado del desplante sufrido por parte de una de las máximas estrellas internacionales del mundo de la música clásica, que, aunque remarcó que no buscaba “atacar al Colón” se alineó sin titubeos junto a los músicos, la situación se acerca bastante al papelón mencionado por el jefe de Gobierno. Aunque, claro, los papeloneros serían otros.

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Domingo participó de un ensayo. No habrá concierto en el Colón, pero sí en la 9 de Julio.
Imagen: Jorge Larrosa
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