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Domingo, 16 de abril de 2006

PRESENTACION DE “ANIMALES FABULOSOS”

Los debates de una generación

Escritores y académicos celebraron el rescate de estas revistas culturales.

 Por Angel Berlanga

Un rescate extraordinario. Lo que en cualquier país consciente de la importancia de los trabajos culturales y las publicaciones claves sería rutina, obviedad, aquí adquiere ese carácter impresionante y sorpresivo. El martes pasado se presentó en el Café Tortoni de esta ciudad Animales fabulosos . Las revistas de Abelardo Castillo, una obra editada por Aymará de Llano y Elisa Calabrese –ambas de la Universidad Nacional de Mar del Plata– que reúne ocho ensayos académicos de variado enfoque, cuatro índices-mapas orientadores, un ejemplar en papel de cada uno de los bichos (El grillo de papel, El escarabajo de oro y El ornitorrinco) y un CD eficazmente organizado que contiene, nada menos, las tres colecciones. Reportajes a Bergman, Sartre, César Tiempo, Simone de Beauvoir, Juan Goytisolo y Angel Rama; poemas de Liberman, Eluard, Guillén y Brecht; cuentos de Cortázar, Costantini, Heker; eso es, apenas, parte de lo que se anuncia en la tapa del sexto número de El grillo de papel, publicado en octubre-noviembre de 1960. Como prólogo a la presentación, Castillo aclaró que estas publicaciones eran también “las de Liliana Heker, Vicente Battista, Humberto Costantini, Arnoldo Liberman y todos los que pasaron por ellas”. “Más que mis revistas, son tal vez las de una generación y, seguramente, las de un grupo que me excede”, dijo tras señalar a Bernardo Jobson como motor de las publicaciones y de mencionar las instancias fundadoras de cada etapa junto a Costantini, Heker y Sylvia Iparraguirre.

La escritora Cristina Piña –que participó de El ornitorrinco– y el crítico Enrique Foffani destacaron luego, cada uno a su turno, el valor de las publicaciones, de los ensayos que las abordan en Animales fabulosos y del rescate a través del CD. “Se ha hecho un auténtico uso restaurador y de validez poco común de la memoria al recuperar estas tres revistas capitales que marcaron las décadas del ’60, del ’70 y, parcialmente, del ’80 –dijo Piña–. Y digo poco común porque uno de los rasgos de nuestra intelectualidad y mundo académico contemporáneos es la práctica de lo que me gusta llamar el ninguneo respecto de los protagonistas de nuestra cultura.” Luego de criticar a quienes “anulan zonas enteras del pasado literario cultural” e imponen “versiones mutiladas”, y de destacar la contextualización en los abordajes de este libro, Piña sintetizó el contenido de cada uno de los ensayos: el carácter tributario de la idea sartreana del compromiso intelectual, la articulación entre vida y escritura y la asunción de una postura política de acuerdo con el contexto y las posibilidades; la presencia de lo latinoamericano y las posturas frente al boom, el realismo y el realismo socialista; la presencia de la poesía y de autores de diversos sesgos; el cine y los debates en torno de él, al de autor, del de los países del este (polaco y ruso), del argentino frente a los grandes nombres europeos; el teatro y la asunción de posturas estético- ideológicas vinculadas a la vanguardia y al compromiso; un estudio sobre las entrevistas; otro sobre las misceláneas, columnas humorísticas, necrológicas, homenajes y textos difíciles de clasificar.

“Recién con Liliana (Heker), bromeando, decíamos ‘mirá lo que hemos hecho, y lo que hubiera salido si lo hubiésemos tomado en serio’”, señaló Castillo a Página/12. “Para nosotros, en aquel momento, era un acto; estas miradas académicas, a esta distancia, de alguna manera lo resignifican y complementan nuestras propias miradas.” “Esta obra es una contribución muy seria a la historia de la literatura, pero también a la sociología de la cultura y a la historia de las ideas”, evaluó Foffani en su intervención. “Se trata de un documento imponderable que hace una marca en la cultura, un espejo para encontrar la imagen de otro tiempo, un antecedente del presente, como la prehistoria o el prólogo de nuestra actualidad”, agregó. “Dejo de lado para otro momento la distinción entre las tres revistas y adhiero a la idea de una permanencia cultural que, ayudada por el magnífico título elegido para este libro, imagino como una metamorfosis fabulosa, este devenir ornitorrinco del escarabajo y del grillo, y me hace pensar en una persistencia por debajo de las diversidades –señaló–. Las tres revistas reúnen la historia de una decisión intelectual: la de ver un mundo y lo que ocurre en él desde la postura del escritor.” Foffani destacó la mirada continental de las publicaciones y el carácter teórico de los artículos de Heker y Castillo sobre el peronismo y, también, sobre los textos que analizan ficciones de autores como Puig, Rozenmacher, Saer, en las que laten, literariamente, lo que supo inspirar el general.

Seis grillos (1959-60), treinta y ocho escarabajos (1961-74) y catorce ornitorrincos (1977-86), componen el CD que acompaña el libro. La nómina de autores, por cantidad y calidad, impresiona: Jorge Amado, Roland Barthes, Albert Camus, Luis Buñuel, T. S. Eliott, Elvio Gandolfo, Witold Gombrowicz, Ricardo Piglia e Isidoro Blaistein, Bernardo Kordon y Vlady Kociancich, Juan Rulfo y Roa Bastos, César Vallejo y David Viñas, y siguen cientos de nombres. No es la Biblia, claro: nadie pide acuerdo absoluto con lo que allí escribieron. Ni los autores acordarán ciento por ciento con todo lo que decían 20 o 47 años atrás. Pero las colecciones constituyen miradas muy valiosas sobre la cultura de una época. “Cuando lo conocí a Abelardo me di cuenta de que compartíamos algo, una idea anticuada que hoy está absolutamente fuera de contexto: el Estado tiene que preservar el patrimonio cultural –dijo Calabrese–. Y nosotros somos el Estado, porque somos docentes de una universidad nacional. El quería, simplemente, esto: ni más ni menos. Y tuvieron que pasar muchos años para que a alguien se le ocurriera. Hubo otras personas interesadas, y universidades con recursos económicos muy fuertes que, sin duda, habrían reportado en ese sentido un interés muy importante para alguien que no fuera Abelardo Castillo. Quiero hacer esto público, porque lo de la literatura y el compromiso, queda demostrado, no es algo que se observa solamente en el papel.”

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Aymará de Llano y Elisa Calabrese, entre los disertantes.
 
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