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Domingo, 20 de agosto de 2006

UN DEBATE ALREDEDOR DE LAS FOTOS BELICAS

Retoque de queda

Tras el escándalo por la foto intervenida por un fotógrafo de la agencia Reuters, se reaviva la polémica por el uso y abuso del Photoshop: ¿realidad o ficción?

 Por Julián Gorodischer

Era una foto perdida en el extenso catálogo de imágenes bélicas que ofrece la agencia inglesa Reuters. Pero, de pronto, se convirtió en “la” foto de la polémica, luego de que cientos de cibernautas, desde sus páginas web personales, denunciaron el retoque en la humareda. Cuando la presión de los mensajes enviados a la agencia no dio tregua, el autor Adrian Hajj admitió el uso del photoshop para incrementar y oscurecer el humo tras el estallido de un misil israelí sobre territorio del Líbano, durante la llamada masacre de Qana. La nueva mancha editada es ovoidal, más prolija en su contorno que la versión en bruto, incluso con cierta belleza de la forma geométrica en el lugar del pastiche de grises desgamados que se ven en el material original. El truco le costó el puesto a Hajj y la salida de circulación de más de 900 fotos sospechadas.

El debate posterior cuestiona el uso extendido del Photoshop, herramienta de edición fotográfica que borra rollitos en las modelos, arrugas en las divas y agrega impacto –se ve– en la cobertura bélica. A primera vista, la edición mediante Photoshop podría ser calificada –en la jerga de los fotógrafos locales, convocados a debatir sobre edición de imágenes– de “retoque cosmético”. Pero en el contraste con la original, la trucada presenta dos columnas de humo intenso que –según el sitio www.esisrael.org– estarían colaborando “con el terrorismo islámico” al intensificar la potencia del impacto. ¿Más interpretaciones en tal sentido? Que el incremento de los amarillos pastel y los rojos en las fachadas de las casitas aumenta el pintoresquismo del paisaje atacado y tiende a generar lazos de empatía con el agredido. O que la superposición de viviendas en el plano inferior de la toma (que no se ven en la original) densifican la población alentando a pensar en un número mayor de víctimas.

Hay más: hasta se argumenta que la palidez del cielo en la copia tras el Photoshop (que lo hace más claro en la foto retocada, casi blanquecino o tal vez grisáceo) induce a imaginar la modificación ambiental que produciría un ataque químico. En la vereda opuesta, condenando el despido del fotógrafo, se dirá que ninguna imagen es real. Que el mero enfoque o recorte del plano, al adaptarlo al espacio disponible en prensa gráfica, ya implica un sesgo y, aún más, que por qué entonces no se condena a las imágenes tocadas en la moda, la publicidad y el periodismo blando. ¿Por qué la guerra es la excepción? ¿O acaso la modelo adelgazada no induce a generaciones de anoréxicas, si lo grave es cuando el truco involucra la vida humana? “Uso erróneo de software de edición de fotografías”, alegó la agencia Reuters para despedir a Hajj. “El fotógrafo no formaba parte de la división Noticias.”

Los fotógrafos locales Gabriel Machado y José Cicala se hicieron conocidos por retocar notoriamente fotos promocionales de Mirtha Legrand como si tuviera 30 años menos. El book de Machado y Cicala muestra invariablemente pieles tersas en un mundo de cuerpos que no conciben arrugas o granitos. “No nos pasamos de la raya –había dicho Machado a Página/12–, no cambiamos los rasgos ni los hacemos de porcelana. Pero la cicatriz de la BCG la volás.” ¿Límites? ¿Qué límites? “Está mal hecho –diferenció Cicala– cuando te das cuenta de que está truchado: no lo creés. A veces no coincide con la perspectiva o las formas del cuerpo. Son cosas irracionales, sin razón de ser... El límite son los políticos: nunca nos gustó mucho retratarlos. Hicimos una foto familiar para los Alsogaray, pero era imposible que lucieran sensuales. Somos fotógrafos, no magos.” El territorio de exclusión indica: ¿zonas liberadas y otras prohibidas? ¿Qué dice la ética fotográfica del retoque en moda y qué del que se aplica a guerras?

–Quien lo utiliza para crear una imagen más bella está más habilitado que el que truca una imagen de guerra –opina la fotógrafa de celebridades Andy Cherniavsky–. Supuestamente hay miles de cosas que se hacen con la electricidad y son detestables: no es lo mismo prender una lamparita que aplicar una picana.

–¿El Photoshop es la regla en su trabajo?

A. C.: –Si yo embellezco una modelo es un tema, pero si lo hago para extorsionar es otra cosa. Yo decido hacer cosas dentro de un parámetro de normalidad: he enflaquecido a una modelo desde un punto de vista estético y no anoréxico. Si la chica tiene un defecto que no le queda bien en el ombligo, se lo saco. Es lo que yo llamo el retoque cosmético. A mí me impresiona la hiperexageración o la negación de la guerra, extremos que ocurren mucho. Si agregás lágrimas, llanto o humo, o quitás sangre, ¿para qué? La realidad ya es bastante excesiva como para aumentarla.

–¿Por qué el episodio Reuters escandaliza en un contexto generalizado de imágenes alteradas?

–Lo de Mirtha o lo de Susana tiene que ver con esa cosa de mitos vivientes, su búsqueda de la atemporalidad. Pero no creo que eso le genere problemas a alguien. El problema es si el retoque enflaquece a una persona y la deja anoréxica. No conviene: creo que los argentinos somos de pegarnos a cosas físicas más que en el resto del mundo; es uno de los países con más cirugías estéticas, incluso de las prohibidas. El Photoshop es como la batería electrónica: todos decían que la batería acústica nunca volvería. Pero son solamente herramientas que se ponen de moda.

¿Usaría Photoshop el fotógrafo Diego Levy, que en su muestra Sangre retrató los rostros y los cuerpos de la violencia latinoamericana en Colombia, Brasil y la Argentina? “El uso del Photoshop en la era digital –responde– ha sido la gran revolución de los últimos tiempos en la fotografía. Sin embargo, el mal uso del mismo es inadmisible si estamos hablando de periodismo. Modificar o alterar una imagen en este campo es manipular al lector. Considero que la manipulación de imágenes no tiene usos legítimos, ni siquiera al achicarle las caderas a Susana Giménez.” ¿Primeras repercusiones ante la alteración de imágenes? Según afirmó el diario madrileño El País, se expande el uso de detectores de imágenes trucadas en revistas de Ciencia. “Aunque para el ojo humano es prácticamente imposible percibir los cambios de luminosidad –explica el artículo–, sí pueden ser detectados por la computadora... la misión de los revisores no es la de comprobar los datos, sino comprobar que las conclusiones del artículo se desprenden de los datos presentados. Science, de hecho, ya ha adoptado este método y empieza a aplicarlo a sus propios artículos.” “Esa tarea (la edición), informativamente ilícita –escribió el periodista Sebastián Serrano, en el mismo diario– ha dejado de ser algo tedioso y complejo para convertirse en rápida y relativamente sencilla, gracias a la enorme capacidad de los programas de edición y a la potencia de los ordenadores domésticos. Cualquiera puede disponer hoy en casa de la velocidad de cómputo del mejor de los superordenadores de principios de los noventa.”

Gabriel Valansi, fotógrafo que trabajó con imágenes televisivas de la guerra modificadas como experiencia artística en su trabajo Kabul 2001CNN-Bagdad 1991, reclama no reducir la polémica a los trucos de montaje. ¿No es demasiado ingenuo, idealista quizá, pensar que antes del Photoshop está la realidad? “Afirmo que de por sí es un error pedir veracidad a una imagen fotográfica”, fija posición entre tantas conciencias escandalizadas, donde el episodio Hajj huele demasiado a sacrificio, como si su delito no fuera moneda corriente en el mercado. “Aun sin mediar ningún truco o montaje, es sabido (pero no aceptado) que de por sí un encuadre es una elección subjetiva de una porción de la realidad, y que sólo expresa la opinión y el punto de vista de quien edita la imagen.”

–El escándalo omite todas las otras intervenciones sobre la realidad que ejerce una fotografía...

G. V.: –Lo único que expresa una imagen publicada es el punto de vista del editor. Ni siquiera el fotógrafo es el único dueño del sentido final de la imagen, porque su foto puede ser sometida a reencuadres o alteraciones posteriores a la toma. Esto significa estar expuesto a la posibilidad de que la verdadera intención del fotógrafo pueda a la vez ser manipulada a posteriori, sin recurrir a alteraciones digitales dentro de la propia imagen.

–¿En qué medida le impactaron las fotos bélicas recientes, por motivos artísticos, noticiosos o emocionales?

–Creo que las imágenes de la CNN de los primeros ataques norteamericanos en la guerra del Golfo son las que me impactaron más profundamente. Esas pantallas verdes e ininteligibles revelaban todo lo que los nuevos medios tecnológicos, puestos al servicio de la transmisión de la guerra en tiempo real, pueden alejarnos de la realidad de las cosas, al transmitir la tragedia en nuestros televisores con la liviandad de un video game.

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