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Domingo, 17 de septiembre de 2006

OSCAR EDELSTEIN

“A mí me interesa la sobresaturación”

Hoy se estrena Eterna flotación: los monstruito, la ópera que compuso sobre textos de Rodolfo Fogwill, como parte de la temporada del Centro de Experimentación del Teatro Colón. El compositor explica por qué en esta obra juega con el límite del género.

 Por Diego Fischerman

“Es maravilloso establecer una relación que después pueda abandonarse. Es maravilloso trabajar musicalmente con textos para, después, también poder trabajar sin textos”, dice Oscar Edelstein, un compositor a quien siempre tentaron las palabras. “Si bien soy, claramente, un músico, tengo una relación muy estrecha, como lector, con la poesía”, cuenta a Página/12 en el bar del Teatro Margarita Xirgu, mientras en el escenario se ensaya Eterna flotación: Los monstruito, la ópera que compuso sobre textos de Rodolfo Fogwill y que se estrenará en esa sala (Chacabuco 875) hoy a las 17, como parte de la temporada del Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC).

Con nuevas funciones el martes, miércoles, jueves, viernes y sábado próximos, a las 20.30, la obra será dirigida musicalmente por Edgardo Palotta, quien desde 1995 se desempeña como profesor de Instrumentación y Orquestación en la Universidad Nacional de Quilmes y es miembro del proyecto de investigación “Teatro Acústico”, encabezado por Edelstein. La dirección general de la obra es del propio compositor, con escenografía de Norberto Laino, vestuario de Mirta Liñeriro e iluminación de Ricardo Sica.

Con preparación vocal de Andrés Gerszenzon, la obra será interpretada por Juan Peltzer (barítono), Lucas Werenkraut (tenor), Blanca Marisu Pavón (soprano), un cuarteto solista conformado por Salomé Inchaurrondo, María Verdi, Fernanda Inés Carrera y Anahí Fernández Caballero, la actriz Michella Chale y el actor Iván Romanelli, junto a una orquesta integrada por Luis Saltos (armónica), Heldo Fonseca (clarinete), Nelson Bouzigues (corno), Matías Bahillo (trompeta), Gabriel Visa (trombón), Leonardo Minig (violín), Clara Asuaje y Luciano Falcón (cellos), Rosa Nolly y Martín Proscia (saxos), Marcelo Urban (contrabajo), Juan Pablo Montanari (piano), el Ensamble Nacional del Sur, conformado por Pablo Chimenti (guitarra eléctrica), Hernán Kerlleñevich (teclados), Santiago Valiente (bajo eléctrico) y Diego Romero Mascaró (percusión) y un grupo de murga bautizado La Chacota.

“Hay un punto donde la poesía y la música se balancean, donde, para mí, aparecen juntas”, explica Edelstein que, para Eterna flotación: los monstruito trabajó con los poemas “Contra el Cristal de La Pecera de Acuario” y “El antes de los Monstruito”, del libro Lo dado de Fogwill. El trabajo implicó la transformación de esos poemas en un continuo discursivo que funciona como texto dramático. “La relación entre música y texto –continúa– sucede con otra temperatura. Es trabajar con una música sobre otra música y ese exceso me calienta; me motiva. No creo en la austeridad. Tal vez sí en la síntesis pero, de todas maneras, no es lo mío. Desconfío de lo austero y me interesa la sobresaturación. Yo soy un tipo sobresaturado, un sobrecargado, un sobreexcesivo. Y es en ese lugar donde necesitaría llegar a un punto de desprendimiento como una verdad de mi propia naturaleza. Es decir: ojalá pudiera ser sintético.”

Edelstein dio a los poemas una continuidad dramática y afirma que, al leer los poemas después de haber conocido aquello que él agregó, se comprende que eso siempre había estado (aunque sin expresarse) en los textos originales. “En el texto de Fogwill se plantea el discurso poético y su degradación como discurso político”, explica el compositor. “Es la historia de una caída; de la decadencia más absoluta. Hay, por supuesto, una relación evidente con la Argentina, pero su poder es mucho más amplio. Habla de muchos otros lugares y de muchas otras épocas. Por otra parte, en el final introduje un texto de Juan L. Ortiz, El río. Las palabras y la música tienen niveles de representación distintos, que obligan a decir algo más.”

La obra está dividida en dos actos de once momentos cada uno. En el primer acto, “La pecera”, los personajes están, según Edelstein, “desdibujados y en constante flotación bajo una tibia luz azul”. En el segundo acto, “Los monstruito”, se avanza, en sus palabras, “hacia una explicitación cada vez mayor de su discurso profundo mientras los personajes se muestran y desarrollan totalmente”. El compositor explica: “La música utiliza como propio contenido poético a la creación y reinterpretación de estilos y géneros. Partiendo de la idea madre del teatro acústico, se utiliza una nueva materialidad instrumental como dispositivo teórico-imaginario que diseña y expone una arquitectura musical y sonora particular por cada momento o estado escénico”. Esta obra, dice, “toma muchas más cosas de la ópera como género que las que creí en un comienzo. Además de los recursos de transformaciones temáticas, o variaciones, o modos de ir delineando los personajes, toma determinados componentes de la tradición y juega con el límite del género. Me vi obligado, en ese sentido, por el texto de Fogwill, que es tremendamente explosivo. Por eso permite una exploración del género en su explosión. Aquí, la ópera explota”.

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Edelstein lleva su ópera al Teatro Margarita Xirgu.
 
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