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Domingo, 24 de septiembre de 2006

MUNDIAL DE FUTBOL DE PERSONAS SIN TECHO

Para patear bien lejos la pobreza

Hoy arranca en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, una nueva edición de la copa mundial de fútbol de homeless, organizada por la Red Internacional de Revistas de la Calle y de la que participa Hecho en Buenos Aires.

 Por Facundo García

Hoy empieza el campeonato mundial de fútbol de personas sin techo: equipos de cuarenta y ocho países se reunirán en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) para cumplir el sueño de ser campeones y, de paso, patear la pobreza tan lejos como sea posible. Argentina participará con un equipo conformado por homeless que todos los días intentan paliar la desocupación vendiendo la revista Hecho en Buenos Aires en los barrios porteños. De manera que, al menos este fin de semana, los que encuentran en el deporte un depósito de amarguras no podrán decir que ya no se juega por la camiseta: a pesar de que algún malintencionado calificó a los integrantes de la selección nacional como una nueva Armada Brancaleone, cada integrante del grupo dice estar convencido de que a pesar de que alguna bronca puede generar roces, el amor propio es su principal fortaleza.

Nazareno Silva es el arquero. Organizador y siempre atento, cuando se concentra en el partido tiene los mismos ojos de Tyson. Lo defiende Adrián Camacho, un hippie pintor que quiere recuperar a su familia y lleva la barba rala de una punta a otra de la cancha. Juan Pablo Arsuaga es un ex jugador que quiere salir de su situación para “volver a jugar profesionalmente”; y Víctor “Pisadita” Piris es una especie de Maradona de la esquina. El equipo también cuenta con sangre de países hermanos, dado que tanto el brasileño Gustavo Fernández Lopes como el negro Luis Reyes –un inmigrante peruano que hace poco decidió estudiar para DT en Boca y ya se recibió– eligieron defender la albiceleste. Irónicamente, al equipo –autodenominado “Los Trotacalles”– le tocó jugar la primera fase en el grupo K, contra Burundi, Malawi y Polonia. Por eso en los últimos días circuló el chiste de que los “Jóvenes K” iban a ser reemplazados por una nueva agrupación bastante menos oficialista, los “Homeless K”.

Bromas aparte, detrás de cada partido hay una entidad que se ocupa de calcular los detalles organizativos. La Red Internacional de Revistas de la Calle (INSP, por Internacional Network of Street Papers) se propuso en 2001 hacer que quienes enfrentan diariamente el problema de no tener casa pudieran encontrar una experiencia que los hiciera sentir mejor. Así se sucedieron Austria 2003, Suecia 2004 y Escocia 2005, campeonatos de fútbol que llegaron a juntar multitudes de cincuenta mil personas.

Por estos pagos, Hecho en Buenos Aires encaró la tarea de hacer el vínculo entre la buena idea y las acciones concretas. Patricia Merkin, directora de la publicación, cree que trabajar para reunir el dinero del viaje valió la pena, porque “el mayor obstáculo para una reinserción integral de personas en situación de necesidad es que la cultura asistencial argentina no permite que las personas descubran sus capacidades. A la larga –recalca–, se termina culpando al que padece la situación y no al sistema en el que se nace que lo genera. La Copa del Mundo es, en ese sentido, una oportunidad para recuperar la propia iniciativa, porque la exclusión no es un fenómeno sólo económico, sino que atraviesa al individuo en todos sus niveles”.

Los que viajaron la primera vez que el país participó del mundial se han vuelto con anécdotas inolvidables. Durante el campeonato pasado, por ejemplo, los integrantes de la selección salieron a bailar para aprovechar mejor su estadía en Edimburgo. Quisieron entrar a una disco, pero los patovicas europeos no los dejaron entrar por la manera en que estaban vestidos. “Para mí estábamos repiolas” dice Nazareno Silva, que por entonces era el guardameta del equipo nacional. “Sacamos la pelota y nos pusimos a jugar al fútbol frente a la puerta del boliche –relata Nazareno–; y ahí nomás cayó la cana.” Cuando los agentes se bajaron de los patrulleros no parecían muy temibles, ya que en Escocia la policía usa pollera. “Imaginate el quilombo, encima nadie entendía nada y nosotros tratábamos de seguir jugando. Era la manera de demostrar que valemos aunque muchas veces nos toque pasar la noche en una galería”, cuenta el arquero.

En el reconocimiento de las personas que asisten a los partidos y en el placer de mostrarse, a veces aparece un nuevo camino de integración y construcción de identidades. Hugo Gómez, que también viajó a Escocia la vez pasada, lo resumió con sus palabras: “A mí lo que más me impactó fue cantar el Himno Nacional, si vos mirás el video yo era el único que tenía la mano en el corazón cuando cantaba”. Un estudio de impacto demostró que un año después de Edimburgo 2005, el 77 por ciento del total de los competidores pensaba que la experiencia había significado un cambio en su vida. Muchos superaron adicciones, otros pudieron conseguir trabajos estables y hasta hubo doce casos de participantes contratados para jugar profesional o semiprofesionalmente.

Los partidos se juegan entre equipos de cuatro jugadores... o jugadoras. Pueden seguirse on line por www.homelessworldcup.org/content/webcam. La selección argentina debuta hoy a las 12.20, hora argentina, contra el nada refinado equipo polaco. Parece una buena oportunidad para alentar.

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Durante el campeonato pasado, la selección nacional salió a bailar para aprovechar su estadía en Edimburgo.
 
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