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Domingo, 29 de octubre de 2006

OPINION

El sacrificio de Alonzo

 Por Moira Soto

Ciertamente, Freaks es una especie de manifiesto de la monstruosidad como especie, con sus códigos y sus leyes, y todos los fenómenos que están en ese circo son prodigiosos en su diversidad frente a los normales y en sus diferencias entre sí, dentro del propio clan. Y también son extraordinarios en su diabólica venganza que hace que el punto de vista sobre la monstruosidad se vaya corriendo de lugar, lejos del maniqueísmo paternalista. Pero hay un monstruo magnífico, físico y moral, que concentra él solito toda la fascinación de Browning por el desdoblamiento, la mutilación, la amputación, el sacrificio dentro del melodrama más loco y desesperado: el Alonzo de la descacharrante The Unknown, de 1927, interpretado por otro genio excesivo, Lon Chaney, en una de sus tantas fulgurantes colaboraciones con Toddy (por desdicha, esa sociedad artística se quebró por la muerte prematura del hombre de las mil y una caras y caretas). Por supuesto, no es ésta la primera (ni la última, gracias a las tinieblas) película de Browning sobre freakies, y de hecho Lon realizó una caracterización más llamativa en, por ejemplo, London after Midnight, dos años después. Pero en el torturado y tortuoso Alonzo de The Unknown hace a un monstruo al cubo, sin límites. Para empezar es un falso monstruo porque se hace pasar en un circo, en España por el Hombre sin Brazos que arroja puñales con los pies, cuando en verdad los tiene (a los brazos, no a los puñales) metidos en un apretado corsé para zafar de la policía que lo busca por sus fechorías. Pero a la vez, Alonzo tiene algo realmente monstruoso en su físico: dos pulgares en la mano derecha, y desde luego, moralmente es un monstruo, pero un monstruo loco de amor por la hija del dueño del circo (ella es su partenaire), la despampanante Joan Crawford. Requerida por el forzudo Hercules, la chica teme los abrazos del musculoso, y se inclina por la fragilidad de Alonzo. Despreciativo, el padre prohíbe a su hija tener tratos con Alonzo, al que humilla malamente. Envenenado, Alonzo lo estrangula justo cuando pasa por afuera su amada, quien solo llega a ver el pulgar extra... Por amor y para no caer preso, Alonzo se hace cortar los brazos y luego de una larga convalecencia, regresa ilusionado para encontrarse con que su chica le perdió el miedo a los bíceps de Hercules y se va a casar con él. Naturalmente, Alonzo intenta matarlo dos veces en una secuencia magistral, pero termina muriendo físicamente –su corazón ya está destrozado– bajo los cascos de los caballos. Una vez más en Browning, la ambigüedad del monstruo que se humaniza por puro romanticismo, y ese amour fou lo brutaliza, lo lleva al crimen, a estrangular al padre de su amada con sus tres pulgares, a intentar tirarle un puñal con el pie a su rival victorioso.

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