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Martes, 13 de marzo de 2007

LEANDRO DONOZO, MUSICOLOGO

“Sobre Gardel hay mucha anécdota y poca investigación”

Después de años de trabajo silencioso y sin ayuda ni subsidios, publicó el Diccionario bibliográfico de la música argentina, que recopila y organiza una cantidad de información que hasta hoy permanecía dispersa.

 Por Karina Micheletto

Leandro Donozo confiesa que frecuentemente le preguntan si está loco cuando habla de su obra. Su trabajo, sin embargo, es estrictamente académico, el resultado de un trabajo de recopilación e investigación de ésos que sólo puede encarar un apasionado por los anaqueles. Es que su Diccionario bibliográfico de la música argentina, realizado sin ayuda, impresiona a quien se pone a imaginar el trabajo que llevó hacerlo. Donozo se propuso reunir los principales libros sobre música argentina (esa especie escasa), argentinos y extranjeros, y hacer un diccionario bibliográfico. Allí se puede encontrar información organizada por palabras claves y temas, nombres de compositores, intérpretes, investigadores, periodistas, productores, géneros musicales, lugares, instrumentos musicales, obras teatrales y cinematográficas. No sólo eso: también figuran las principales bibliotecas donde es posible encontrar esas obras, e información sobre lugares y fechas de músicos y obras.

Donozo es musicólogo y es el responsable del sitio web gourmetmusical.com, donde, asegura, tiene el listado de músicos argentinos documentado más amplio. En sus ratos libres, mantiene un Blog de Bibliografía y Documentación Musical (bbdm.wordpress.com). Uno de los puntos de partida de este Diccionario bibliográfico fue su trabajo para la última edición del prestigioso diccionario Grove, recopilando revistas de música argentina. “Como no encontraba colecciones de revistas completas, no podía establecer desde cuándo hasta cuándo salieron. En muchos casos tuve que poner: ‘hasta acá encontré’”, cuenta. Por eso en su sitio diseñó un catálogo de revistas de música que consigna dónde es posible encontrar cada número. Y también habilitó un archivo propio, con un llamado desesperado: ¡No tire sus revistas de música viejas! ¡Hay un hogar para esas revistas desahuciadas! Desde gourmetmusical también creó una editorial para comenzar a editar ese tipo de libros tan escasos, los de música argentina.

–¿Cómo surgió la idea de un diccionario tan específico?

–Yo vengo del campo de la investigación. Para hacer investigación tenés que poder acceder a fuentes, contar con herramientas, no podés partir de cero. Y uno encuentra que en las bibliotecas no hay material, no hay colecciones de revistas, nadie sabe bien qué hay y dónde buscar. La mayoría de las veces llegás a la información por transmisión oral: tal profesor te dijo que tal lo encontró en tal lado... ¿Por qué no una fuente que permita saber lo que hay y dónde? Enseguida pensé que sería imposible de hacer. Pero me puse a buscar y vi que no había tanto para recopilar, era posible.

–Usted trabaja con música argentina, sin marcar límites entre música popular y académica. ¿Por qué?

–Porque ese límite es imposible. ¿Cuántos músicos de tango tocaron en el Colón o estudiaron con maestros académicos? Decidí trabajar sobre la música argentina en forma global, entendiéndola en el sentido más amplio posible. No puedo ponerme a definir cuál es la música argentina.

–Pero usted es musicólogo. ¿No estudió para eso?

–¡Estudié para poder decir que es imposible! O para sufrir cuando hablan de “folklore puro” o “tango verdadero”... Podemos llegar a decir que cierto tango o cierto folklore es más típico de la Argentina, pero donde aparecen las fronteras geográficas la cosa se complica, porque inevitablemente compartimos nuestra música con los países vecinos.

–¿Y cómo diseñó este diccionario?

–El proyecto original era más grande: catalogar todos, todos, los libros y artículos de revistas sobre música argentina que existen. Como fue imposible encontrar financiamiento y lo tuve que hacer por mi cuenta, lo acoté a 52 diccionarios. Son la mayoría de los que existen y los que pude consultar sobre tango, rock, folklore, y obras de referencia, sobre instrumentos musicales o sobre un género en particular. Y hay obras desde 1912 hasta el año pasado. Me preguntan: ¿es un diccionario o una bibliografía? Es una mezcla de ambos. Relevé muchos libros y sé que hay muchos temas sobre los que no hay nada de nada editado. Por otro lado, sé que hay gente trabajando sobre estos temas y que publican en congresos o en revistas de escasa distribución, no hay editoriales interesadas en publicarlos.

–¿En qué áreas encuentra los mayores baches?

–En los temas que cualquier persona interesada en la música argentina diría que es lo más interesante de la música argentina.

–¿Por ejemplo?

–Al musicólogo le cuesta mucho meterse con temas centrales: Cafrune o Gardel. Sobre Gardel hay cientos de libros escritos, pero ninguno escrito por un musicólogo. Hay mucha anécdota y poca investigación rigurosa.

–¿Por qué ocurre eso? ¿Hay poca tradición de reflexión sobre estos temas?

–No. Hay reticencia a discutir sobre determinados temas. Y también influye la escisión entre el mundo académico y los otros mundos. En la musicología operan ciertos prejuicios que no se dan en otros campos del arte, como en la plástica, por ejemplo. Ahí los artistas y los académicos son conocidos por los artistas y galeristas, muchos son críticos o escriben sobre el tema, es algo normal. Los músicos y los musicólogos, en cambio, no sólo se conocen poco entre ellos, sino que además sienten desconfianza mutua. Así que a nadie se le ocurre escribir libros. Ninguno de los profesores que tuve en la facultad, por ejemplo, publicó un libro. Tampoco está la idea de que lo que hace un musicólogo tenga que servir para algo, ni hay mucho campo de trabajo.

En la ardua tarea de recopilación que implicó su diccionario, Donozo encontró errores de fechas de nacimiento, en nombres propios o de obras, y datos diferentes según la obra de referencia. “Hay errores hasta en el Grove. Llegué a la conclusión de que los errores son imposibles de evitar –concluye Donozo, con cierta resignación que suena casi de orden ontológico, más que metodológico–. Lo importante es entender cómo está trabajada la información, cómo localizarla y organizarla, más que el dato en sí. Pensar sobre esa información también es una forma de conocimiento apasionante.”

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Donozo encaró un trabajo ciclópeo y salió airoso.
 
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