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Sábado, 6 de agosto de 2005

ELEMENTAL, PERCUSION NO TRADICIONAL

“Nosotros tenemos una visión tridimensional de la música”

Siguen el camino de Stomp o El Choque Urbano, pero agregan su propio aporte.

 Por Oscar Ranzani

El ambiente es oscuro y aparecen cinco hombres bailando y soplando botellas con luces en sus frentes. Luego se sientan en cubos y, a la manera de un rezo, llevan sus manos a la boca como implorando diversión. De repente, comienzan a aplaudir y golpean sus manos y sus pies sobre el piso. Posteriormente, hacen sonar unos bidones vacíos e iluminados colgados a sus cuerpos con una cuerda. Todo es muy rudimentario y simula un espacio primitivo. Un ritmo percusivo –que irá variando en lo sucesivo– sacude al público a través del golpeteo de tubos de cartón (afinados por longitud), jarros de leche en polvo y botellas de plástico afinadas con distintos niveles de agua. En cada interpretación los cuerpos acompañan las melodías danzando en el escenario. Un hombre con el torso desnudo se golpetea la panza y su cuerpo percutido causa impresión y asombra por el sonido. Genera un ritmo contagioso mientras el resto baila aprovechando todo el escenario. Después, llegarán otras bases percusivas con termos, ollas, copas de metal y hasta cuatro manos golpeando el agua contenida en dos peceras iluminadas con colores fluorescentes.
El relato es una apretada síntesis de lo que puede verse todos los domingos a las 21 en Cubo Cultural (Zelaya 3053). Se trata de Elemental, un espectáculo que levanta las banderas de Stomp, Mayumana o los también locales El Choque Urbano, pero sabe agregarle su propio toque desde el aspecto musical, coreográfico y visual, las tres patas de la propuesta. Para lograr su objetivo, Elemental –el grupo se llama también así– se vale de elementos no tradicionales para hacer música. Y cuando utilizan las guitarras son secundarias o complementarias e, incluso, en determinados momentos cumplen la misma función que los otros elementos como cajas de percusión. El repertorio es muy ecléctico: está integrado por standards de jazz, tangos, canciones folklóricas y poemas musicalizados en japonés, quechua y esperanto, entre otras interpretaciones. Elemental está dirigido por Miguel Rausch que comparte escenario con Juan Bernabé, Nahuel Ruscio, Patricio Barbaresi y Mariano Fabricante. La puesta en escena y el diseño de iluminación corresponde a Fernando Blanco.
“Hace algunos años empecé a jugar con elementos creando secuencias y entramados rítmicos con tijeras, por ejemplo. Me ponía dedales, tocaba sobre distintas superficies”, explica Rausch en diálogo con Página/12. Rausch confiesa que es especialista en “tocarse la panza”. Suena gracioso, pero arriba del escenario impresiona por el ritmo que logra. “Eso tiene que ver básicamente con el tamaño de mi ombligo. Tengo un ombligo muy grande y produce un sonido especial. Al tocarme la panza descubrí que una sola persona puede producir el efecto que producen otras dos aplaudiendo y así sucesivamente. O sea, que con muy poca gente tengo una masa sonora que es lo que me interesa.”
–¿A qué le llama masa sonora?
–Tengo como una visión tridimensional de la música. La veo como una cosa material, es como una cosa con volumen físico.
Aunque resulte original, para Rausch es una obviedad. “Más complicado me parece ponerse a tocar la batería”, argumenta. “Los elementos montados a nuestros cuerpos, al ser tocados, se convierten en instrumentos”, subraya. Esos elementos son el corazón de la resonancia musical que se genera en el escenario. Combinados con las coreografías (no tradicionales también) que interpretan, y los efectos lumínicos, condensan una línea narrativa en cada interpretación del repertorio. “En La última curda la única luz en escena trata de transmitir un poco cómo se mueve el espacio para ese borracho, de cómo se corre dinámicamente el espacio para alguien que estátratando de mantenerse sobre los pies, de cantar y de recordar cosas dolorosas. Y sin embargo, estamos todos riéndonos”, explica Fernando Blanco sobre uno de los momentos en que los miembros de Elemental más comulgan con el público: Rausch interpreta el famoso tango con la voz de un compadrito pasado de copas, mientras el resto lo sostiene. Es el momento más gracioso del show. “Yo me diferencio de los músicos en que no me concentro exclusivamente en la interpretación de mi instrumento”, sostiene Rausch. “Hay una cosa que tiene que ver con los músicos: la pasividad de su cuerpo cuando interpretan. A mí eso no me gusta. Yo soy muy gestual e histriónico y me gusta ponerme personajes a la hora de interpretar. Y planteé que entre todos teníamos que conformar una interpretación musical pero también dramática. Más allá del discurso, construir una postura dramática y transmitir más que música”, afirma el líder de Elemental.
–Otra característica distintiva es la apropiación del espacio: no están ubicados tradicionalmente como los músicos arriba de un escenario, sino que el lugar está dispuesto para una participación muy activa de todos a medida que los ritmos van sonando.
Fernando Blanco: –El uso del espacio es todo un discurso: es el vínculo del músico y el instrumento puesto en la voluptuosidad del movimiento. Se necesitan cuerpos dispuestos a moverse y que encuentren placer al moverse. La música es un lenguaje de una abstracción maravillosa y, a veces, concretarla en el espacio no es fácil. Es decir, bajarla a un cuerpo moviéndose en el espacio, desplazando una energía y generando una determinada actitud. Yo observo sus cuerpos, sus personas, sus actitudes, sus instrumentos y tengo muchos datos de qué hace el músico con el instrumento que lo justifica en el mundo, cómo se le acerca o la obsesión de un guitarrista en cómo cuida y mantiene a la vista su guitarra. Eso crea una tensión real entre el hombre y el objeto, un vínculo. Ese vínculo se puede traducir en escena.

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Miguel Rausch y Fernando Blanco, director y puestista de Elemental.
 
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