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Martes, 21 de agosto de 2007

PEREZ CELIS SEGUN SU HIJA

“No quise mostrar un héroe de mármol”

María José Gabin acaba de publicar un libro sobre el pintor. Y sobre su relación con él. Dice que buscó “que se vieran los dolores de una manera amorosa”.

 Por Suyay Benedetti

Para conmemorar las bodas de oro de la primera exposición en que vio la luz la obra de Pérez Celis, su hija, María José Gabin, decidió regalarle el libro de su vida. Una biografía escrita desde el amor filial para festejar al artista y su historia. Para esto Gabin, una de las integrantes del mítico grupo Gambas al Ajillo, sabe muy bien el lugar que ocupa, y lo aclara desde la introducción: dice ser de la clase de personas que “escriben las biografías de sus padres famosos porque sienten admiración por lo que ellos han logrado, pero no pierden la oportunidad de bajarlos del pedestal para dar del personaje una visión caleidoscópica”.

Partiendo de la hipótesis de que contando la vida de los padres y de su tiempo también se cuenta la de los hijos, Gabin conversó con Página/12 para reponer, a través del proceso de escritura que dio como resultado su segundo libro (el primero fue Las indepilables del Parakultural), la forma en que entiende a su padre, la relación que tiene con él y lo que este representa como artista plástico.

–¿Cómo surgió la idea de escribir la historia de su padre?

–Celis da usualmente charlas acerca de su obra; el escuchar las cosas que contaba se me ocurrió hacer un registro de eso que decía para que no se perdiera en el tiempo. Esa situación, sumada a que en enero de este año se cumplían cincuenta años de su primera exposición me llevaron a escribir este libro recapitulando todo. Lo tuve que hacer en tiempo record, comencé en octubre del 2006 y para principio de este año ya estaba en las últimas correcciones.

–¿Cómo fue el proceso de escritura?

–Tomé la decisión de no recabar información por medio de entrevistas con él, sino escribir sobre las cosas que recordaba, por haberlas vivido, o por las anécdotas que me habían contado. A medida que completaba los capítulos se los mandaba a Celis, que en ese momento estaba viviendo en Miami y él los corregía o completaba. Mi papá tiene una mirada a veces un poco fabulera de las anécdotas de su vida. Algunas correcciones las tenía que dejar de lado, o hacía una mezcla entre lo que él me contaba que había sucedido y lo que yo recordaba. Para esto tuve que vencer el autoprejuicio de hacer un libro de la hija hablando del padre. Eso fue un mojón muy importante para franquear.

–¿Cómo hizo para diferenciar entre el Pérez Celis personaje del libro y su padre?

–Lo intenté, a pesar de la admiración que siento por él. Busqué no mostrarlo a través de loas como si fuera un héroe de mármol y tampoco me quedé revolviendo mis dolores. Traté de no narrar las cosas que tuvieron tintes dramáticos en nuestra historia desde una posición fatalista.

–¿Cómo encontró la mejor manera de atravesar lo vivido y contarlo?

–Es verdad que perdí a mi mamá, a los trece años, en un accidente de tránsito en el cual mi papá iba manejando el auto, y que dos años después se fue del país dejándonos a mi hermano y a mí a cargo de mis tíos en tiempos de dictadura. Pasaron cosas en nuestra vida e intenté que eso estuviera en el libro, situaciones que tienen que ver con la relación padre e hija; yo he sentido dolores y tuve que batallarlos sola. El también debió batallar solo y a veces tomó decisiones que tal vez no me beneficiaron. Para mí era importante que en esta biografía se vieran los dolores de una manera amorosa. No me hago la boluda sobre la vida que hemos vivido, ni por las vulnerabilidades de él y de nuestra historia.

–¿Cree que el haber escrito este libro la ayudó a entender a su padre, o a comprender su relación con él?

–Por supuesto, me dio la posibilidad de reflexionar sobre diferentes aspectos de nuestra relación. Lo pude escribir en un momento en que había cosas ya resueltas y también algunas las terminé de resolver o entender gracias al proceso de escritura del libro. Pienso que hemos logrado aceptarnos mutuamente. Me sirvió para terminar de comprender qué significa ser “la hija de”, por eso el principio del libro se titula “La hija del pintor” y el capítulo final “El padre de la actriz”. En conclusión, me ayudó a llegar al punto donde pude decir: “te perdono y me perdono”.

–Es una buena oportunidad hacerlo ahora y no dentro de veinte años...

–Claro, yo recordaba una biografía escrita por la nieta de Picasso donde habla pestes de su abuelo y sabía que no quería hacer eso. El libro me representa absolutamente, no son las loas para que él me tenga en cuenta en su testamento. La salida de este libro coincide con que él, este último tiempo, está batallando con una enfermedad que comenzó en el momento en que yo estaba en la última corrección de los textos. Muchos me han preguntado si esta edición fue hecha aprovechando este momento. Jamás estuvo planeado. Cuando empecé a escribir él estaba perfecto y va a estar perfecto. Esto es una cosa que va a pasar.

–¿Hubo algún momento en que se complicó el proceso de escritura?

–El momento más difícil fue asumir el riesgo de escribir el libro. No se si está bien que lo diga, pero fue bastante valiente de mi parte llevar a cabo este proyecto, me enfrenté un poco con una vocecita que me decía, te van a decir “ay, mirála, escribe sobre el padre”, y ni siquiera para destrozarlo, cosa que hubiese despertado más empatía. El hacer esto me dio bastante seguridad y entrenamiento para continuar escribiendo, cosa que es muy positivo. Me dio empuje para escribir un nuevo libro de ficción que estoy preparando y de hacerle un buen regalo a mi viejo. Creo también que para mucha gente puede resultar un material muy estimulante la historia de alguien que llegó a tanto con tesón y mucha prepotencia de trabajo. Valió la pena arriesgarme. Pase el miedo, y ahí está el libro.

–¿Hay alguna parte que sea su favorita?

–Lo que me parece muy rico es el período de los sesenta y los setenta, esa parte está llena de recuerdos de mi infancia. Recuerdo cómo lo perseguía la policía por la calle por sus bigotes y patillas tratando de cortárselo, o como lo señalaban mis compañeros de colegio por lo raro que era y porque pintaba. Yo vivía una realidad social con mis pares y una realidad cotidiana en la que mis padres hacían fiestas adonde venía gente rarísima, que se quedaba escuchando música variada, bailando y charlando hasta altas horas de la noche. El participar de esas cosas hizo, también, que tenga la imaginación que tengo. No era solamente que mi papá nos leía la historia de la humanidad los domingos a la mañana. Todas esas experiencias hicieron que tuviera una forma particular de ver el mundo.

–¿Encuentra cosas de su padre que reconoce como propias?

–El me enseñó que levantarse cada mañana vale la pena, que hay que tener la voluntad para decir otro día más y encararlo, y que las cosas se hacen porque uno decide hacerlas. Más allá de lo que gané o perdí, lo que gracias a él soy y lo que por culpa de él soy: me gustó haberlo tenido como padre, por supuesto.

El libro será presentado hoy a las 18.30 en el pabellón de Bellas Artes de la UCA, Alicia Moreau de Justo 1300 PB.

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Gabín escribió una biografía entrañable pero no complaciente.
 
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