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Sábado, 13 de octubre de 2007

ENTREVISTA A TERESA PARODI

“No soy la misma de aquellos años”

Dice que hoy se siente más intérprete que autora. Algo de eso quiso plasmar en el CD Autobiografía, que presenta hoy.

 Por Cristian Vitale

“Meta vivir, nomás.” Entre una bocanada de palabras más que intensa, Teresa Parodi retiene esta frase. Quiere ser honesta con el copygriht pero no se acuerda. “¿Leonardo Favio la decía?”, (se) pregunta... “no, no me acuerdo che. No hay caso”. Es verosímil que sea el cineasta, hombre ducho en llegar al todo por la síntesis. Como –y de quien– fuere, viene al caso. De vivir nomás, la correntina nacida a orillas del Paraná está llegando a los 60 años y no es poco su trascender: fue maestra rural y se casó joven; tuvo cinco hijos y once nietos; llegó a comandar la Dirección de Música de la ciudad de Buenos Aires y a cantar con Astor Piazzolla; grabó 24 discos y muchas de sus canciones se convirtieron en emblema de lucha, tesón y alegría. ¿Cómo negar que ha vivido? “Yo no me puedo quedar quieta, sabés. No...”, confiesa, segurísima de sí. Lo nuevo de Parodi es, en rigor, un disco que intenta resumir su periplo musical. Se llama Autobiografía, lo presenta esta noche y el próximo sábado en La Trastienda y trece de sus dieciocho tracks son versiones de viejas canciones. “Yo soy autora, compositora y cantora. Pero siempre me exigí más en los primeros dos roles y no tanto en el otro. Hoy es al revés... me siento más intérprete. Estoy autointepretando mis canciones desde otro lugar. Esto, de golpe, me permitió descubrir cosas en las canciones que la autora no veía.”

–¿En qué canciones lo nota más?

–En casi todas, porque las canté a mis anchas. Me comprometí a respetarlas para que la gente las reconozca. Fue ponerme esa ropa vieja, pero con el sonido suficientemente nuevo. En “Pedro Canoero”, por ejemplo, reemplacé la guitarra de la introducción por la armónica de Franco Luciani. La idea, en casi todas, fue que empiece la canción y, antes de cantar una sola palabra, la gente esté aplaudiendo. Respeté eso: que recordemos juntos las canciones viejas, pero con esta Teresa que soy hoy, que no es la misma de aquellos años.

Teresa Adelina Sellares está en su casa, rodeada de objetos que destilan calidez. Un N’vique wichí se mezcla con fotos de sus hijos, estatuillas de madera, velas aromatizantes y artesanías varias. Está sentada en un sillón de dos plazas, relajada, con un pie en el pasado y otro aquí. “El disco me lo pidió la compañía pero igual lo hubiera hecho, es una linda manera de festejar mis 60 de vida. Y mis tantos como cantante, que no son 60 pero por ahí le andan, eh”, dice, con su inconfundible tonada litoraleña. El cálculo exacto sería 51, porque la primera canción la compuso a los 9. “No está en el disco, porque era feísima pobrecita –ríe–, pero ya pintaba este oficio como forma de comunicarme con la gente.” Sí están sus primeros clásicos (“Apurate José”, “Canción para Verónica”, “La Negra Eulogia”), todos pertenecientes a los tempranos ochenta, porque planea editar el volumen II. “Las versiones tienen otro sonido, otro trabajo. No es para nada lo mismo cómo se graba hoy a cómo se grababa en aquella época. Lo hacés mucho más tranquila... antes estabas grabando, se calentaba la máquina y había que parar todo, porque se ponía lento.” La única excepción “temporal” es “Resistiendo”, aquella pintura que precedió a la crisis del 2001, incluida en El canto que no cesa. “Se traspapeló”, se ríe ella, concreta.

–¿Le costó elegir un puñado de canciones entre tantas que tiene?

–Tomé dos grupos: las canciones emblemáticas para la gente y las emblemáticas para mí. Las que eligió la gente son también para mí, pero hay otras muy puntuales como “Mi nostalgia, mi pueblo” o “Pájaro del río”, que lo fueron más para mí en términos de búsqueda estética. Fue como anudar cabos sueltos, porque el trabajo de la creación es infinito y muy rico... te sentás en diferentes banquitos: en uno para hacer la letra, en otro para hacer la música, en otro para pasarlas a la guitarra, en otro para hacer arreglos y así.

Entre las canciones nuevas, Parodi incluyó “Las voces del río”, “Nuestra mirada”, “Aún caminan conmigo” y “La Celedonia Batista”, más un plus emotivo de “El ángel de la bicicleta”, interpretado a dúo con León Gieco.

–“Pájaro del río”, “Las voces del río”... media vida en Buenos Aires y sin embargo el Paraná está siempre presente

–Una vez me dijo un pescador, “delante del río no se miente” y eso me quedó para siempre. Es la verdad más grande del mundo. Todo mi trabajo es torrencial y está lleno de correntadas. Está atravesado por el paisaje... a lo mejor no es que me siento y le canto al río. ¡Yo canto desde el río!, ¿entendés? Compongo desde él, porque sostengo que uno es su paisaje, es el entorno en el que comió, vivió y soñó durante el primer tiempo de su vida. Cuando llegué acá, me tropezaba con los edificios... claro, yo venía de la mirada larga y el cielo estaba cortado en pedacitos. Cuando iba en el tren, miraba y me parecía que estaba de espaldas.

–“Nunca desaparecen los desaparecidos” canta en “Aún caminan conmigo”. La sensación es que sintetiza algo que se reactualiza todo el tiempo, como ocurrió ahora con el caso Von Wernich.

–Es que después de 30 años poder decir que no han desaparecido los desaparecidos es algo central. Los torturadores no contaban con que no iban a desaparecer...

–¿Por qué renunció a la Dirección de Música?

–Me fui en abril, cuando me enteré de que Telerman se había aliado con Elisa Carrió. No la voy con ella.

–¿Se arrepiente de haber sido “funcionaria”?

–Para nada. Estuvo bueno poder ser una herramienta del Estado y lograr que se cumpla su rol como promotor cultural de artistas que a veces están fuera del mercado: Bruno Arias, Orozco-Barrientos, Aca Seca, Carlos Aguirre... puedo estar nombrando artistas talentosos e increíbles, que no tienen su lugar, y que nosotros se lo hemos dado.

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Teresa Parodi se presentará esta noche y el próximo sábado en La Trastienda.
 
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