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Sábado, 13 de octubre de 2007

VIDEO › “MAESTROS DEL HORROR”

Una cajita feliz color rojo sangre

La serie creada para la televisión estadounidense incluye títulos de John Carpenter, Joe Dante y Dario Argento.

 Por Horacio Bernades

Sobre fondo blanco cae una gota roja y luego otra, y otra, y otra más, hasta que la pantalla entera se tiñe de rojo. De rojo sangre, claro. Allí comienzan a desfilar los títulos de presentación de Masters of Horror, que empezó a emitirse en octubre de 2005 en Estados Unidos. Producida por Mick Garris y con nombres como los de John Carpenter, Joe Dante y Dario Argento justificando el título de la serie, hasta ahora salieron al aire dos temporadas completas, cada una de ellas integrada por trece unitarios de una hora. En Argentina, dos de esos episodios (Cigarette Burns, de John Carpenter, y Homecoming, de Joe Dante) se habían visto en la edición 2006 del Bafici, y la primera temporada completa pasó más tarde por un canal de cable. Quien no haya podido verlos, o grabarlos, tiene ahora su gran oportunidad, ya que el sello SBP ha comenzado a editar la primera temporada, a razón de tres títulos por mes, con el título indiscutible de Maestros del horror.

Presentados en cajita, el volumen 1 contiene Terror en la montaña, de Don Coscarelli (episodio inaugural de la serie), Jenifer, de Dario Argento, y Danza macabra, de Tobe Hooper. Además de los nombrados más arriba, entre los episodios a editarse en los próximos meses figuran los de John Landis, Larry Cohen, Stuart Gordon, Lucky McKee, el reaparecido John McNaughton y, sí, el de Miike Takashi, jamás emitido en Estados Unidos. La Jenifer de Argento es el punto más alto del lanzamiento inicial. Está basada en el comic homónimo, publicado originalmente en los años ’70, sobre el cual Steven Weber (un actor muy bueno, que hasta ahora ha tenido pocas chances en cine) escribió un guión y se lo entregó a Il Maestro para que hiciera de las suyas. Y las hizo nomás, aunque debe decirse que Jenifer resulta uno de los ejercicios más contenidos y orgánicos, menos operísticos y zarpados que el realizador de Inferno y Suspiria haya filmado jamás.

“Es como La Bella y la Bestia, pero al revés”, dice el propio Argento en una entrevista que el volumen 1 de Maestros del Horror incluye como extra (cada episodio o minipelícula viene con sus bonus, y todos incluyen entrevistas a los realizadores). Cuento de amor loco, Jenifer narra el encuentro de un detective de policía y una chica espantosamente deforme. No es que no se note que es puro maquillaje (el presupuesto de la serie tiene sus limitaciones), pero aun así hay que juntar coraje para mirar de frente a esta rubia de ojos-puro-iris, con su boca cavada y torcida hacia arriba, siempre semiabierta y dejando ver unos dientes de fiera. Dientes que no deja de usar: para Jenifer, animales y seres humanos son lo mismo que un plato de pastas para un italiano. Ahí es donde Argento revive por sí solo el cine de destripe, poniéndose al límite de lo que en televisión puede mostrarse y lo que no.

Hay algo que el cineasta romano no pudo mostrar: la “vagina alienígena” (así la llama el encargado del departamento de maquillaje), hecha de carne de pollo, que debió haber sido el mascarpone de este sabroso tiramisú erótico-gore. “Intentamos mostrar que, para los hombres, la cara de una mujer importa poco”, agrega, en la entrevista adjunta, el despeinado maestro del guignol. “Con que tenga buen cuerpo, y sobre todo buenas tetas, es suficiente.” También Terror en la montaña es una fábula de castigo moral, en la que las lecciones de sobrevivencia que un enfermo del tema le da a su joven esposa, entre trompadas y patadas, terminan volviéndose en su contra. Para ello, la chica deberá jugar previamente al gato y el ratón con un mutante, que no es otro que El Hombre Alto de Fantasma, un delirio que a fines de los ’70 convirtió a su director, Don Coscarelli, en nombre de culto.

Por su parte, Danza macabra confirma que después de su extraordinario debut con The Texas Chainsaw Massacre y alguna otra (Eaten Alive, por ejemplo), Tobe Hooper nunca volvió a ser el mismo. Basada en un relato del gran Richard Matheson y con Robert Englund como estrella invitada, transcurre en un mundo apocalíptico, en el que motoqueros pasados de rosca asesinan a viejitos por la calle para extraerles la sangre y comercializarla. Una idea potencialmente buena (un espectáculo en el que los muertos “bailan”, al recibir descargas eléctricas) se ve desaprovechada por culpa de un relato errático, actuaciones de mentirita, una utilización tirando a horrible de colores saturados y efectos visuales de baja estofa. El terror es así: siempre anda entre lo sublime y lo ridículo.

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