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Lunes, 23 de diciembre de 2013

SERIES › ELEMENTARY TRAE AL PERSONAJE DE CONAN DOYLE AL PRESENTE

Un Sherlock Holmes quebrado

La nueva adaptación televisiva del detective británico, que va por su segunda temporada, muda al icónico personaje de ciudad, de época y unos cuantos aspectos más, sin perder su capacidad deductiva y algunas mañas. Página/12 entrevistó a su creador, Robert Doherty.

 Por Federico Lisica

En los últimos cinco años han aparecido tantas versiones audiovisuales de Sherlock Holmes como las pistas que el célebre personaje de Arthur Conan Doyle debía investigar y desechar. En este caso, no hay una resolución unívoca. Elementary, que va por Universal Channel los jueves a las 22, se sumó en 2012 a la entretenida versión cinematográfica con Robert Downey Junior en el papel del detective y la más brit Sherlock de la BBC. Ninguna necesitará de la pipa y del sombrero de caza, pero sí de Watson, del villano Moriarty y de su genio deductivo. En fin, el sujeto ha dejado de ser victoriano pero mantiene un charme inalterable.

No parece casual que Elementary ocupe en la grilla de la señal el espacio que por años tuvo Dr. House. Este Holmes, encarnado por Johnny Lee Miller (Dexter, Trainspotting), es tan excéntrico y sagaz como el médico interpretado por Hugh Laurie. Menos irascible, igual de quebrado emocionalmente y vanidoso, Holmes es aquí una de las estrellas del departamento de policía de Nueva York. En su primera temporada se lo presentaba como un adicto en recuperación cuya acompañante terapéutica era una mujer llamada Joan Watson (Lucy Liu). El ida y vuelta, sexy y capcioso, entre Holmes y su asistenta marca el timing de la serie. Situada en Manhattan y en el siglo XXI, la ficción responde a las características del género episódico tipo procedural (con asesinatos e investigaciones); la diferencia es que su protagonista es el detective más carismático de todos los tiempos. El único que parece odiarlo es el villano de apellido Moriarty, aquí también reconvertido en una mujer, Jamie. “Conan Doyle creó un personaje perfecto para una serie y de muchas maneras distintas. Hoy Sherlock Holmes está en todas partes, tiene tantos nombres, programas, películas... El ADN es uno de los mayores aportes de la literatura a lo audiovisual”, asegura Robert Doherty, creador de la serie, en una entrevista a medios latinoamericanos de la que participó Página/12.

–¿Qué cambió en esta segunda temporada?

–Empezó con un cambio de escenario. Estuvimos en Londres, apareció el hermano de Sherlock, interpretado por el talentosísimo Rhys Ifans. O sea que su privacidad vuelve a tambalear y él no quiere ni que Joan ni nadie sepa algo al respecto. Así que la aparición de Mycroft altera el juego. Volverá a Nueva York pero la presencia de su hermano, no digo que sea un antagonista, pero será una presencia que lo perturba.

–¿Qué ofrece Nueva York, a diferencia de Londres, como escenario?

–Londres es absolutamente fabuloso, es el verdadero hogar de Sherlock, pero lo pensé para una audiencia estadounidense, y Nueva York es el lugar con el que tendría mucho más en común. Es moderno pero tiene elementos góticos, esa mezcla de lo viejo y lo nuevo que está en las dos ciudades. El clima es un tanto más confortable. Uno de mis colaboradores dice que pasa porque es lindo imaginarse a un inglés en Nueva York, no sé si será por la canción de Sting o por qué, para mí también implica una suerte de renacimiento para el personaje.

–Otro de los aspectos llamativos es el de los cambios de género de Watson y de Moriarty, ¿cómo surgió esa idea?

–Los dos cambios de sexo están relacionados. Cuando desarrollaba el concepto, pensé en lo que le había sucedido a Sherlock en Londres, antes de mudarse a Nueva York. Imaginé que en ese pasado de Sherlock, antes de que empezara lo que se ve en la serie, él había quedado destruido por una mujer. Luego Sherlock encontró en Joan algo que no había visto en nadie más. Es la única persona con la que se lleva bien. Y si hay alguien que puede vencerlo en lo más profundo de su ser, tiene que ser Moriarty. Por eso es que aparece seduciéndolo con el nombre de otra mujer, Irene. Me gustó la idea de forjar una Moriarty como una villana, como lo hicimos con Watson.

–¿Concibe los episodios en base a los crímenes a resolver o a partir de la habilidad de Sherlock?

–Es divertido porque lo hacemos desde esos dos lados. A veces aparece un caso fuerte y vamos desde allí, es la manera más lógica, aunque no tengamos todas las llaves para resolverlo y trabajamos para hacerlo. Pero en otros momentos parte de lo contrario: ¿qué es lo interesante analizar de tal o cual crimen? Y hay un compromiso con el método que usaría Sherlock. Las dos formas vienen funcionando muy bien, y una vez que tenemos el misterio nos dedicamos a desarrollar el lado B, que tiene que ver casi siempre con la relación entre Sherlock y Joan. Esas instancias nos permiten desarrollar el lado humano de los personajes.

–¿Qué fue lo más difícil de adaptar a Conan Doyle al presente?

–Para nosotros se trató de captar el espíritu de esas historias. Tiene que estar Watson, tiene que haber ciertos elementos, pero no podemos hacer una adaptación puntual de su obra. Hay referencias, hay algunas líneas, en un caso utilizamos el final de uno de sus cuentos e hicimos un teaser. Estructuralmente, no podríamos utilizarlo en un programa de una hora. Creo que apuntamos tanto al público que no sabe nada del canon y busca entretenimiento, y a aquellos que saben del canon y van a encontrar respeto por el personaje.

–¿Y cuál es la contribución particular en esta versión?

–Se dice que el cambio de escenario es importante y geográficamente es innegable, pero creo que el mayor aporte fue empezar a verlo como un sujeto que al principio estaba quebrado. Su vida estaba fuera de control por sus adicciones. Me gusta esto porque en otras versiones es tan perfecto que no se le puede creer, tan inteligente, tan adelante del resto, y eso lo tiene obviamente. Pero me gustaba partir de la base de un tipo que había estado al tope de su juego, cayó y tiene que volver a empezar.

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John Lee Miller y Lucy Liu son el Holmes y la Watson modernos.
 
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