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Lunes, 21 de septiembre de 2015

SERIES › ENTREVISTA A EDWARD BURNS, CREADOR DE PUBLIC MORALS

Nueva York, viejos pecados

Policías, mafiosos y la Nueva York de los 60 conforman la tríada de la nueva apuesta de TNT Series. Con influencias de la new wave americana, la producción cruza lo sombrío, la violencia, el cosmos masculino, dilemas familiares y una gran banda de sonido.

 Por Federico Lisica

El agente Terry Muldoon de la división de Moralidad de la policía de Nueva York acaba de detener a un tipo con una escort. Y, como tal, le suelta una perorata antes de pedirle su billetera. “Espero que hayas aprendido tu lección. No se anda con prostitutas en esta ciudad”, dice el personaje interpretado por Edward Burns, antes de liberarlo a cambio de doscientos dólares de coima. En los diez episodios de Public Morals (TNT Series, sábados a las 21) lo correcto o inmoral, santos y pecadores, las responsabilidades y derrapes en pos de cuidar a la familia, se confunden en ese año de 1967. Como en la soberbia Calles salvajes de Martin Scorsese, los personajes se dirimen entre el bien y el mal de sus acciones, en bares humeantes y con una banda de sonido potente (The Doors, Creedence, Bobby Darin, R&B y hasta folk irlandés). “Hacía un largo rato que quería contar la saga de una familia de policías, tenía otro proyecto sobre unos mafiosos en la zona de Hell’s Kitchen; y cuando me propusieron hacer una serie me dije ‘¿qué tal si juntamos la épica historia policial con este otro relato sucio de los bajofondos?’”, explica su protagonista, productor, guionista y director en una teleconferencia de la que participó Página/12.

–Public Morals es un programa chapado a la antigua pero con un tratamiento moderno. ¿Tuvo la intención de retratar cómo cambia la moral acorde a cada época?

–No realmente. Tuve que hacer una investigación sobre la policía neoyorquina de ese entonces. Y así apareció la División de Morales Públicas que se dedicaba a combatir crímenes que llamaba licenciosos: apuestas, prostitución, y bares ilegales que incluían al circuito gay o que abrieran los domingos. Me fascinó la idea de policías que lidiaran con ello pero desde otro ángulo, y que la mafia controlara todo de manera tan fehaciente. “Están las dos familias. Y tengo la División de Morales Públicas, esto puede funcionar como nexo”, me dije. Son policías que conviven con los vicios. Pero no es que quise retratar la moralidad a través del tiempo.

–¿Cuán cercano está a esa temática? ¿Qué lo atrajo?

–Dos razones. La primera es que mi papá era policía y conozco esa cultura. Desde chico fui curioso con respecto a cómo era Manhattan por los días en que mi papá patrullaba. Y mi otra obsesión radica por la zona del oeste de la ciudad, de donde eran mis abuelos. Hay una larga tradición relacionada con los mafiosos irlandeses que controlaban la zona de los docks.

Justamente sobre el final del primer episodio asesinan a un gangster. Quien sabe bastante sobre los motivos es el oficial Muldoon, a la postre sobrino del muerto y primo del instigador. En cierto sentido, no hay nada en Public Morals que no se haya visto ni realizado antes. El logro de Burns es que no haya zurcidos a la vista. La trama fluye con elocuencia, sin vértigo y con pulso contenido, chapoteando corrupción, abuso de autoridad, delitos de todo color, entre postales principalmente nocturnas de una urbe siempre atractiva. Por momentos, Perdidos en la noche o Contacto en Francia se funden con “diálogos testosterona” masticados por émulos de Robert Mitchum. Burns cuenta que nunca tuvo en mente otra ciudad como segunda opción y quiso dar con la autenticidad del newyorker, y por eso la mayoría de actores son de allí. “Sigue habiendo partes de la ciudad que se mantienen intactas, calles que pudimos recrear los ‘60, y esta toda la zona oeste con su mitología. Hablamos con varios viejos policías y siempre nos decían: ‘si te lo podés imaginar, sucedió en Nueva York’”.

–Obviamente con Public Morals surge la referencia inevitable del primer Scorsese, pero también de otras grandes películas estadounidenses de los ’70. ¿Hubo algún llamado de atención para que la serie no sea sólo un recuento de homenajes?

–Absolutamente hay una gran cantidad de películas a las que quisimos rendir tributo. Pero no es solo Scorsese y esa época. Una tremenda influencia fue El audaz con Paul Newman o Nido de ratas. Me encantan los westerns y diría que las escenas de bares son de ese tipo. Están las películas de mafiosos de Warner Brothers de los ’30. Y hasta mencionaría a Casablanca en el tercer capítulo, cuando los policías van a un casino. A veces es intencional y a veces no. Tus influencias son tus influencias y ocurre que alguien más te las apunta. Es casi subconsciente.

Exactamente dos décadas atrás, Burns fue ganador en el festival de Sundance por su película de bajo presupuesto The Brothers McMullen, sobre una casta irlandesa. En aquel film aparecían los mismos dilemas que en su actual proyecto, sin el marco del género policial. Según señala Burns, Public Morals fue su obra mejor recibida desde aquella pequeña cinta que lo volvió una figura del cine independiente, rol que luego supo cómo jugar con el mainstream. De hecho, tras su papel en Rescatando al soldado Ryan, Steven Spielberg se convirtió en uno de sus padrinos artísticos y también tuvo su injerencia en esta producción. “No hay independencia creativa con Steven de por medio”, dice riéndose. “Años atrás, hasta escribí un guión para DreamWorks con esta historia en mente para una posible película. Por eso cuando hice el piloto quise que lo analizara. Creí que iba a dejar algunas notas, no que iba a ser el productor ejecutivo. Con él a tu lado, todo se vuelve más fácil, es mi mentor y aliado”.

–¿Cuál fue su mejor consejo?

–Muchos. Fue muy útil en lo referido al guión, es muy distinto el texto de una película al de una serie, y él conoce ambos, sabe darle forma. Y después para elegir al elenco. A veces te dice que determinado actor tiene que hacer tal personaje y no puede ser otro.

–Al ser un referente de la producción independiente, ¿qué opina de las nuevas plataformas y el presente de la series en tevé?

–Todavía sigue siendo muy difícil encarar para cierto tipo de proyectos. Es obvio que hay más profundidad en ese salto que se hizo del cine a la tevé. El medio abraza a los cineastas y a los contadores de historias, se nota en la chance que te dan y en no interferir con tu visión. Así fue como tuvimos The Wire, Mad Men, The Sopranos y Breaking Bad.

–Su personaje es un hombre de su época. ¿A qué se podría dedicar en el día de hoy?

–¿Qué haría Terry? Trabajaría en Wall Street (carcajadas).

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La División de Morales Públicas no es precisamente un dechado de virtud.
 
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