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Lunes, 3 de octubre de 2016

SERIES › WESTWORLD, LA NUEVA GRAN APUESTA DE LA SEñAL HBO

Otra rebelión de las máquinas

La reversión seriada del film de los 70, producida por J.J. Abrams, instala la acción en un parque temático del Viejo Oeste, donde unos androides comenzarán una rebelión. Ed Harris y Anthony Hopkins protagonizan un título concebido para ser la nueva Game of Thrones.

 Por Federico Lisica

Los androides de Philip K. Dick soñarán con ovejas eléctricas, pero los de Westworld no les temen a las moscas. La muerte de ese insecto, al final del primer episodio emitido ayer por HBO, fue el indicativo de la autoconsciencia asumida por los robots y una metáfora explícita de la rebelión que se avecina. Se trata de una remake seriada del film de culto setentoso, transmitido a rabiar en Sábados de Superacción, sobre un resort con robots que le permitía al visitante situarse en distintos períodos históricos: la Antigua Roma, la Edad Media y el Viejo Oeste. En esta versión, al menos por lo visto en el piloto, solo existe el último escenario. Lugar donde los humanos dan rienda suelta a sus instintos más básicos. “Matando y teniendo sexo”, como dice una directiva de la corporación. Sus diez episodios –con el sello de J.J. Abrams y Jonathan Nolan como showrunner– irán cada domingo a las 23.

Por un lado están los “huéspedes” humanos y los “anfitriones” hechos a imagen y semejanza de los primeros. Dioses y súbditos. Creadores y esclavos. Titiriteros y subespecie. Elementos perversos de carne y hueso contra desechos de un material plástico lechoso. El intrigante punto de vista para contar esta versión será el de los prometeos de un futuro cercano. “Todos éramos nuevos en este mundo”, dice Dolores (Rachel Wood), la anfitriona más antigua del lugar, quien vive cual Bill Murray El Día de la Marmota pero entre vaqueros. Una y otra jornada son apenas variaciones de lo mismo. Saludar a su padre, ir al pueblo por unos víveres, cruzarse con su amado –otro “replicante” llamado Teddy (James Marsden)–, y muy posiblemente ser asesinada y violada por las noches. Al otro día, ¿por suerte?, su programa de funciones se reinicia sin registro de lo acontecido.

Además de los personajes, existe otra dicotomía con los escenarios donde se desarrolla la trama. Por un lado está el parque de diversiones de avanzada con panorámicas a la John Ford. Por el otro, la angustiante sala de operaciones detrás de esa fachada. Allí la cámara se detiene en fríos salones parecidos a “Bodies, The Exhibition”, los depósitos de chatarra, los guardias y demás miembros de la corporación. Su gran duda es si humanizar a los anfitriones con recuerdos o, por el contrario, volverlos meros animales mecánicos. Ahí el relato privilegia al jefe de programación (Jeffrey Wright) y el Dr. Robert Ford (Anthony Hopkins). El director creativo del parque vive recluido en plan Gepeto, fascinado con el error ocasional de sus criaturas, y prefiere charlar con estos a tratar con los de su especie. Westworld, en este sentido, es un asfixiante, entretenido y peculiar estudio sobre la condición humana. ¿Qué nos vuelve personas? ¿Los recuerdos? ¿Las rutinas? ¿Las fantasías? Todo eso irán adquiriendo los robots, y para el pistolero/mesías (Ed Harris) es momento de vengarse.

La premisa de Westworld no será demasiado original. Los ecos de Blade Runner, Black Mirror, Truman Show, Matrix y hasta Jurassic Park (cuya novela fue escrita por el mismo Michael Crichton, director de la película de 1973) son evidentes. Incluso las más recientes Ella (Spike Jonze), Ex Machina (Alex Garland) y Un amigo para Frank (Jake Schreier), han sido más profundas en su simpleza ubicándose desde la perspectiva de interacción entre “unos y otros”. Westworld, en cambio, se presenta como un sistema de relojería trascendente, complejo y oscuro pero que es bastante sencillo de descular. Megatanque de la señal (su presupuesto estimado para la primera temporada es de más de 50 millones de dólares) concebido para durar un lustro. Es más, tras el fracaso de Vinyl ya se hacen apuestas sobre si éste será “el” suceso/reemplazo de Game of Thrones, que culminaría hacia 2018.

De momento, Jonathan Nolan (productor, guionista y director del piloto), declara que su intención fue la de reconvertir la película original “de adentro hacia afuera”. “Los ‘anfitriones’ descubren que han sido creados a nuestra imagen, y se comienzan a cuestionar si quieren aspirar a esa ‘humanidad’. Teniendo en cuenta sus circunstancias, es fácil entender por qué lo hacen”, planteó el realizador y usual colaborador de su hermano Cristopher (Interstellar, El caballero de la noche asciende, The Prestige). Grandilocuente y ambicioso con sus declaraciones (“es una representación del próximo capítulo de la historia humana”) pero muy consciente de que ofrece un pasatiempo bombástico. Como sus escenas de balaceras (con “Black Hole Sun” de Soundgarden sonando de una pianola y “Paint it Black” de Los Rolling Stones en versión de cuerdas) o los terroríficos encuentros de los “anfitriones” con sus inventores en recintos ascéticos. “Pronto esto te parecerá un sueño lejano, hasta entonces que descanses bien”, le dicen a Dolores antes de ponerla a dormir. Casualmente, tras esa revisión técnica la cowgirl despertará.

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Ed Harris viene a ocupar el rol que tuvo Yul Brynner en la película original.
 
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