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Viernes, 6 de junio de 2008

MUSICA › VIBRANTE PRESENTACION DE LENINE EN EL GRAN REX

Retrofuturismo brasileño

Músicos impecables, una guitarra rítmica con brillantes fraseos funk, una fila de caños que marca presencia contundente, una batería que explora las variantes sonoras del Brasil, pero también del rock, el pop o el funk: por allí pasa la música de Lenine.

 Por Karina Micheletto

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RECITAL DE LENINE

Músicos: Jr. Tostoi guitarra, Guila bajo, Pantico Rocha batería, Zé Canuto saxos y flauta, Jesse Sadoc trompeta y flugelhorn.
Artista invitado: Fernando Tarrés Quinteto
Público: 2200 personas
Duración: 120 minutos.
Teatro Gran Rex, miércoles 4

“Hoy será una gran pelea: la pelota vs. la música”, anunció en su portuñol básico Lenine, apenas pudo presentarse y agradecer. Su primera visita a Buenos Aires estuvo signada por una terrible superposición del calendario: ese mismo día, a esa misma hora, Boca definía el partido de vuelta contra Fluminense en la Copa Libertadores. Pero mientras el equipo argentino dejaba a su paso tristeza sin fin para muchos, el músico pernambucano transformaba el Gran Rex en una fiesta habilitada para todos los presentes, a fuerza de un poderoso rock hecho en Brasil, y por lo tanto marcado por tradiciones de diverso origen.

Los blancos que se veían temprano en las plateas del teatro pronto se fueron esfumando, a medida que fue subiendo la temperatura del público, que se reveló como conocedor entusiasta de la obra de Lenine. La gente fue llegando de a poco, mientras el guitarrista Fernando Tarrés y su quinteto (Juan Pablo Arredondo en guitarra eléctrica, Carto Brandán en batería, Jerónimo Carmona en contrabajo, Rodrigo Domínguez en saxo) mostraban un par de temas propios donde sonaba un jazz cruzado por las raíces argentinas. Cuando llegó Lenine y arrancó con la primera canción (“Rua do passagem”), el teatro se transformó.

Músicos impecables, una guitarra rítmica con brillantes fraseos funk, una fila de caños que marca presencia contundente, una batería que explora las variantes sonoras del Brasil, pero también del rock, el pop o el funk: por allí pasa la música de Lenine. Se suele hablar de este músico nacido en Pernambuco y radicado en Río de Janeiro como “el Beck brasileño”, y él está agradecido por el calificativo. También se definió como “una esponja que absorbe todo lo que está cerca”, o como alguien que hace “retrofuturismo: música planetaria brasileña, plural y depredatoria”. Por allí va lo que hace: en su música resuena el rock clásico anglosajón, el movimiento del mangue-beat de Chico Science y Mestre Ambrosio, las nuevas tecnologías como herramientas válidas para sumar a lo acústico, el riff bailable del funk, las melodías pegadizas de la canción pop, y toda la amplitud del mapa musical del Brasil tradicional. No tanto una fusión, más bien “una hermosa confusión”.

En el concierto del miércoles pasado, el repertorio fue repasando varios de sus siete discos editados: O dia em que faremos contato, su debut de 1997, ese en el que se presenta con “el tema de los marcianos” que muchos pedían a los gritos en el Gran Rex; Na pressao (1999); Falange canibal (2001). Varios de los temas que se escuchan forman también parte del MTV acústico, su último disco, con el que ingresó a la categoría de elegidos de esa serie de ediciones, y esos son los hits más festejados por el público: “A rede” (con el público en los coros, igual que en el CD), “A ponte” (a puro hip hop), “O ultimo por do sol” (donde resuenan especialmente las tradiciones nordestinas y se luce la trompeta), “Jacksoul brasileiro” (homenaje a Jackson de Pandeiro y James Brown, con gran despliegue orquestal en la grabación, destacando el baile que ya no respeta ubicaciones en el teatro). En cada tema hay lugar para el lucimiento de la banda y de cada uno de sus integrantes, todos grandes músicos.

Sobre el final, Lenine agradece tanta euforia: “No fue fácil para mí hacer mi camino, siempre fui muy cabeza dura. Pero ahora ustedes me confirman que estaba en lo cierto”, dice. Y agradece especialmente el poder tocar en Latinoamérica, porque las palabras –y los juegos de palabras– forman una parte importante de su música, y eso en Japón cuesta transmitirlo. Todavía hay tiempo para que todo el teatro siga bailando con los bises. A la salida, el local de panchos y hamburguesas de al lado del teatro muestra desde sus dos pequeños televisores la confirmación de la derrota de Boca, los parroquianos allí congregados se van dispersando en silencio, con rostros abatidos. Los del Gran Rex salen eufóricos. Si todo se trató de la pelea anunciada por Lenine, esta vez ganó la música.

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“Hago música planetaria brasileña, plural y depredatoria.”
Imagen: Jorge Larrosa
 
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