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Viernes, 6 de junio de 2008

TELEVISION › CARL GREENBLATT Y EL EXTRAÑO MUNDO DE CHOWDER

Otro aprendiz en la cocina

El productor y guionista de la nueva serie de Cartoon Network, que se estrena hoy, imaginó antes que Ratatouille a una criatura animada que quiere convertirse en chef en un mundo habitado por extraños personajes de fantasía.

 Por Roque Casciero y
Emanuel Respighi

Mucho tiempo antes de que John Lasseter y Brad Bird comenzaran a esbozar los primeros dibujos de Ratatouille, Carl Greenblatt estaba trabajando en un dibujo animado centrado en un aprendiz de chef. Pero en su cabeza no imaginaba un dibujo estética y narrativamente realista, como es el caso del exitoso film de Disney-Pixar. Lo suyo iba por otro camino: crear un mundo irreal abierto a todo tipo de delirios, en que la cocina se convirtiera en un espacio librado a que las situaciones más insólitas y graciosas tuvieran lugar de la mano de un trío de extrañas criaturas con pretensiones de cocineros. No podía ser de otra manera viniendo del guionista y creador de storyboards de Las sombrías aventuras de Billy & Mandy y Bob Esponja. De aquella idea sin receta legada resultó Chowder, el programa que hoy a las 19 se estrena por Cartoon Network, y con el que la señal sigue profundizando su perfil transgresor en un género que hasta no hace mucho tiempo no se corría de los mundos mágicos e ideales.

El mundo animado ha cambiado definitivamente y Chowder es su más reciente exponente. El nuevo programa de Cartoon Network cuenta los esfuerzos que Chowder –un niño de alguna raza de vaya a saberse qué lugar del universo– realiza con tal de convertirse en un reconocido chef, bajo la tutela del excéntrico maestro Mung Daal y de su ayudante Shnitzel. Pero su trabajo no consiste en ayudar en las tareas propias de cualquier cocina, debido a que nada en Ciudad Mazaplán es común y corriente. “Todo sucede en su propio mundo extraño, con criaturas extrañas. Cuando estaba pensando el programa me di cuenta de que la cocina era ideal porque tiene algo de magia: uno mezcla los ingredientes y obtiene algo completamente distinto. Al mismo tiempo, pensé que podíamos imaginar comida loca, como Willy Wonka, tipo pasteles voladores o porotos cantores. La comida es algo con lo que todos nos identificamos y que cruza cualquier cultura y edad”, cuenta Greenblatt en la entrevista que PáginaI12 compartió con otros medios latinoamericanos.

–¿Hasta qué punto el glotón Chowder lo representa?

–Todos los programas son versiones de sus creadores, porque se hace necesario sentir una identificación, una historia que contar. Yo soy el chico gordito que ama la comida y dibujar, así que tomé esa idea y la puse en Chowder. Por otra parte, todos amamos comer, así que esa es una idea más universal. Es difícil encontrar a alguien a quien no le guste comer, de cualquier edad. La idea fue hacer un personaje que amara la comida y que al mismo tiempo pudiera hacer eso que ama, porque es un personaje que siempre va a tener diversión y aventuras.

–Definitivamente Chowder tiene los mismos elementos hilarantes de Bob Esponja y Las sombrías aventuras de Billy & Mandy. ¿Por qué insiste en ese humor delirante?

–Lo que hice en esos dos programas fue la clase de comedia que me parece divertida y en Chowder busqué lo mismo, aunque con mi propia vuelta de tuerca para la diversión. Hay similitudes, porque cada vez que yo hago un dibujo animado trato de ponerle mucho de mí, como casi todos los que trabajamos en esto. Si se miran los episodios que hice para esas dos series, en todos hay unas historias medio surrealistas y dulces, que son las mismas cosas que trato de lograr con Chowder.

–¿Por qué cree que ahora los personajes irreales y la deformidad de la realidad en los dibujos animados gusta tanto entre los más pequeños?

–Chowder cruza las culturas porque es un mundo en sí mismo, algo único, no es un show que transcurre en un país determinado. Es muy fácil meterse en este fantástico mundo privado, especialmente para los chicos. El atractivo es que a los chicos les gusta que los colores cobren vida y se conviertan en estas criaturas, están más propensos a usar su imaginación. Los adultos también lo hacen, pero quedan atrapados en la realidad y quieren que las cosas sean como se espera que sean. Los chicos son más abiertos a ver criaturas parlantes o comida parlante. Hay algo excitante en eso para los chicos, porque están en una etapa en la que les gusta sorprenderse.

–Si bien utiliza el mismo código del humor, ¿cuál diría que es la mayor diferencia entre Chowder y los otros programas en los que trabajó?

–Una de las principales es que tratamos de encararlo desde el punto de vista de un niño. Lo que les dije a todos fue que quería que Chowder sonara como un niño, no como un adulto, y que sus decisiones fueran las de un chico, o sea que no siempre tenían que tener sentido. Otra de las diferencias es que no hubo demasiados programas sobre cocinar y que sea en un mundo propio y único lo hace más divertido. Esas criaturas raras y la comida inventada crean un mundo diferente y le dan un realismo a ese mundo en el que querés meterte, como pasaba con Willy Wonka.

–Al escucharlo hablar parecería ser un sociólogo especializado en el mundo infantil. ¿Algo de eso debe tener un guionista de dibujos animados?

–Creo que especialmente los chicos responden a aquello con lo que se sienten identificados y pueden entender, sobre todo si vienen de un sentimiento genuino. Y es de ahí de donde se saca la mejor comedia. Lo mejor que aprendí en mi experiencia en dibujos es que hay que enfocarse en los sentimientos.

–¿Cree que la animación infantil se desarrolló por la propia evolución natural del género o es consecuencia de un cambio en los intereses de los niños?

–Los chicos han cambiado hasta cierto punto. Pero todavía les gustan Scooby Doo y Tom y Jerry. En realidad, la comedia no ha cambiado... Me gustaría pensar que los niños no cambian, sino que cambian los medios. Los dibujos animados siguen siendo lo que eran. Obviamente evolucionaron en lo visual: ahora pueden hacerse un montón de cosas con las computadoras que antes eran imposibles, pero también se perdió ese toque artístico que tenía hacer los dibujos a mano. Supongo que mi elección de hacer Chowder en dos dimensiones tiene que ver con que así eran los dibujos animados que veía cuando era chico. Pero ya sea en un celular, en la tele o en la computadora, todavía lo importante será que haya una historia, sea un clip de treinta segundos o un dibujo animado de once minutos.

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Carl Greenblatt acentúa el perfil transgresor de las animaciones actuales.
 
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