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Jueves, 17 de julio de 2008

MUSICA › ENTREVISTA AL COMPOSITOR Y CANTANTE JORGE FANDERMOLE

“No pierdo contacto con lo esencial del pueblo”

Esta noche concretará en La Trastienda una de sus dos visitas anuales a Buenos Aires. “Cada lugar tiene su encanto y la escala de Baigorria me parece apropiada por la dinámica de trabajo que tengo”, señala.

 Por Cristian Vitale

Jorge Fandermole nació en Andino, un pueblito de campaña. No más de mil personas y 40 kilómetros hacia el noroeste, si se mira el mapa desde Rosario. Su madre, siempre en casa, su padre fue obrero de la primera fábrica de papel que hubo en el país. Eran él, ellos, cierta rutina y un entorno rural siempre ahí, al alcance de los ojos. Si se lo ve caminar hoy, 52 años para acá, por los pasillos verdes y ondulantes del Parque Lezama, lo que da es su infancia: va sereno, se frena ante los árboles, mira hacia arriba y luce –muy– cómodo un equipo de gimnasia a rayas. “Es cierto –dirá poco después en el bar Británico–. Yo tuve una infancia bien pueblerina que nunca olvidé. Andino es un lugar recurrente para mí, tengo a mis viejos y los visito regularmente. No pierdo contacto con lo esencial del pueblo; con su fisonomía, su imaginario infantil.” En rigor, nunca se fue lejos. No, al menos, como sus viejos compañeros de la trova rosarina (Goldín, Baglietto, Páez, Abonizio, De los Santos, Garré) que, con más o menos suerte, tomaron Buenos Aires luego del enorme éxito en los albores de los ochenta. “Alguna vez evalué la posibilidad de venir a vivir acá, pero el resultado fue no. Cada lugar tiene su encanto y, además, la escala de (Granadero) Baigorria –donde vive hoy– me parece apropiada por la dinámica de trabajo que tengo. Se puede producir igual desde ahí. Es un lugar saludable”, dice, antes de presentarse esta noche en La Trastienda.

La excusa no es el estreno de un disco (el último, Pequeños mundos, data del 2005) sino “festejar” sus 25 años con la música, junto a un tendal de amigos íntimos (Raúl Carnota, Carlos Aguirre, Juan Quintero, el mismo Baglietto) más el guitarrista con el que trota tranquilo por el país: Marcelo Stenta. Pero lo que la transforma en especial, más allá del dato conmemorativo y su status como compositor de gran influencia para la música popular argentina, es una coyuntura: Fander, pudiéndolo hacer, nunca se presenta más de dos veces por año en Capital. “No sé... será por cuestiones de oportunidad. Al ser el mío un trabajo autoproducido se complica por los costos. Cada vez que se puede venir, hay que hacerlo cuidadosamente. Por eso, trato de correr los riesgos que me son posibles a mi escala y con una frecuencia que me lo permita. Venir más de dos veces por año no tiene sentido”, explica. Prefiere, entonces, moverse entre Baigorria, localidad al norte de Rosario, y un casco urbano “a su escala”.

–¿La escala también es humana o refiere sólo a lo profesional?

–Muchas cosas. Al nacer con el campo al lado, siempre estuve muy vinculado a lo natural, que es lo que pretendo tener siempre cerca. Vivo cerca del río Paraná y suelo hacer viajes esporádicos a la isla... quiero decir, estoy muy vinculado al río como paisaje recurrente.

–¿Hasta qué punto inspira o determina el paisaje para componer?

–No sé si al punto de determinarla, pero sí condiciona la composición. Uno va adoptando elementos del paisaje en la forma de decir las cosas.

Sus canciones hablan por sí mismas. “No es importante lo que diga fuera del escenario”, repite como lema fijo. Para eso –para hablar por él– están “Oración del remanso”, “El limonero real”, “Coplas de la luna llena”, “Huayno del diablo”, “Río Marrón”, “Vidala de las estrellas” o la bellísima “Pájaros de fin de invierno”, una de sus primeras canciones, tal vez un poquito posterior a otras claves, por famosas. A los 13 había dejado Andino y a los 15 ya había compuesto “Era en abril”, aquel clásico que inmortalizaron Baglietto y Silvina Garré (Tiempos difíciles, 1982), cuyo bebé protagonista se pensó como un hijo perdido de ambos. “Es como la necesidad de ver en algunos recursos de ficción el grado de verosimilitud que pueda haber con un suceso real; de hecho, hay gente que ha sufrido una situación así y la ha pasado muy mal, pero lo cierto es que yo no pretendí dar cuenta de ningún caso en particular, sino que es un suceso de ficción, escrito irresponsablemente a los 15 años”, evoca.

–“Sería mejor marchar los tres que quedarnos dos.” ¿Cómo se le ocurrió escribir semejante cosa a esa edad?

–Me puse a inventar en algún momento cómo hacer para escribir una historia triste; cuando uno lo hace, no se da cuenta de qué manera lo que dice rebota en las realidades de otros, de modo que esa reflexión artística después se transforma en un reflejo más o menos doloroso para unos cuantos. Si bien todas las canciones tienen algún elemento real, específicamente “Era en abril” no ancla en nada. No refiere a ningún personaje conocido. Igual, son lenguajes tan alejados para mí, que es una canción que dejé de cantar hace una parva de años.

–¿La trova también le resulta lejana?

–La miro desde una perspectiva medio histórica. Lo que veo como una reactualización es que cada uno de los integrantes de ese movimiento ha seguido su propio camino y, de alguna manera, ha sido consecuente con una estética. La ha hecho evolucionar y sigue actualizando su proyecto. No puedo ver a la trova como un museo, sino como un conjunto de individualidades que ha seguido su camino.

–¿En su caso por dónde fue la evolución?

–Hay un disco de Carnota (Entre la ciudad y el campo) que me sirve como referencia. Concretamente, siento esa identidad: el espíritu rural que persiste y al mismo tiempo el modo en que uno necesariamente participa de las problemáticas urbanas. Los dos lenguajes son accesibles y necesarios para expresar determinada cosa a través de la canción. Hay elementos del folklore, tanto como de los géneros urbanos que me resultan muy familiares. No me siento partido al medio por esa diferencia.

Hoy, luego de producir varios discos para el sello municipal, Fandermole es docente de la materia Interpretación de la canción popular en la escuela de música Juan Bautista Massa, rol que combina con recurrentes recitales por la zona. Tiene dos hijos (10 y 14 años) pero ninguno pinta para músico y suele andar en piragua por el río. “Uno elige dónde vivir entre una serie de variables y sabe qué gana y qué pierde. Todos los que vivimos en el interior somos conscientes de que, de alguna manera, estamos fuera del circuito, por el modo radial en que funciona la información en este país. Esto hace que todo el mundo estime necesario legitimar su actividad a partir de un vínculo periódico con Buenos Aires, porque la información que se produce acá se irradia al interior; pero ésta es una parte del asunto y está relacionada con la parte productiva. Después, está el vínculo estético que cada uno tenga con la materia que le ha tocado y en este caso es una cuestión más íntima”, reflexiona.

–¿Cómo se para, desde su escala “geográfica”, en el conflicto entre ciertos sectores del campo y el Gobierno?

–Generalmente, se tiene una mirada urbana sobre el conflicto. Sinceramente, sin entrar a exponer opiniones personales acerca de una situación que tiene aristas de datos numéricos muy frondosos y desconocidos, en el interior se vive de otra manera. Se lo sufre mucho. De alguna manera, el conflicto acentúa el aislamiento en que el interior se encuentra en relación con los centros urbanos y específicamente con los lugares de poder; además, produce un enfrentamiento muy fuerte y desafortunado entre sectores. La gente del campo lo siente de una manera no monolítica, porque el campo no es solamente el que siembra y cultiva soja, sino que existe una multiplicidad de problemáticas que no están en el tapete. No es lo mismo el que produce soja y participa de un pool de siembra, que el que produce en forma independiente y tiene una superficie escasa; o el que produce leche o carne o frutas. Son todos problemas distintos, que se sufren de diferente manera, frente a un conflicto que los involucra a todos. Igual, es la opinión de alguien que no es especialista en esto, la de un artista.

–¿Está con Binner?

–Adhiero. Puedo opinar con mayor solvencia en lo que conozco y en los proyectos culturales ha venido trabajando de muy buena manera, por continuidad. Rosario se ha beneficiado porque son proyectos integradores.

–Ahora, con el triunfo en la provincia, el desafío es más complejo...

–Difícil..., es la primera vez en años que existe un gobierno socialista en la provincia y por eso se presenta un panorama novedoso y difícil para ellos. Yo no estoy directamente involucrado, pero hay elementos de la política cultural de Rosario que van a servir como orientadores en la política de la provincia.

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Fander, músico y docente, cada vez más lejos de aquel “Era en abril” que compuso a los 15 años.
Imagen: Gustavo Mujica
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