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Jueves, 17 de julio de 2008

CINE › BATMAN, EL CABALLERO DE LA NOCHE, CON CHRISTIAN BALE, HEATH LEDGER Y MICHAEL CAINE

Cuando el mal tiene cara de payaso

La visión enferma del mundo que propone la segunda incursión del director Christopher Nolan por el universo creado por Bob Kane se consuma en la personificación de Heath Ledger: su desquiciado Joker es el eje sobre el cual gira el universo descentrado de este nuevo Batman.

 Por Luciano Monteagudo

Hay que decirlo desde un comienzo: Batman, el caballero de la noche no sería nada de lo que es –que no es poco– sin el Guasón de Heath Ledger. Puede parecer exagerado plantearlo en estos términos, o incluso demagógico, considerando que Ledger viene de morir en enero pasado, a los 28 años, cuando todavía estaba despuntando una carrera que parecía predestinada a convertir al australiano en el más versátil, el más impredecible actor de Hollywood de su generación. Pero no hay ninguna necrofilia en la constatación de que su desquiciado Joker es el eje sobre el cual gira el universo descentrado de este nuevo Batman.

Se diría que la visión enferma, psicótica, del mundo que propone la segunda incursión del director y guionista Christopher Nolan por el universo creado por Bob Kane se consuma verdaderamente en la personificación de Ledger: hay allí una densidad, una locura que va más allá de lo que le pide el guión, como si el actor hubiera aprovechado esa despintada máscara de payaso callejero para hundirse –y hundir con él a toda la película– en un abismo al que habitualmente no se asoman las grandes superproducciones basadas en comics.

Es cierto que la propia naturaleza dual, esquizofrénica, de Batman –ese superhéroe disfrazado de murciélago, cuya mayor fuerza reside en la impresión de invulnerabilidad que lo posee cuando se calza su traje de caucho– siempre dio pie para todo tipo de lecturas patológicas, como las que profundizó el historietista Frank Miller y asomó parcialmente en el Batman regresa (1992) de Tim Burton. Pero quizá por la penetrante influencia de la serie de los años ’60 protagonizada por Adam West, el brillo de la estética pop siempre terminó, de una u otra manera, imponiéndose por sobre el lado tenebroso del personaje y sus archienemigos. De hecho, el Guasón de Jack Nicholson –en el resucitado Batman de Burton de hace dos décadas– era claramente tributario del que había cincelado en su momento la mueca sarcástica de Cesar Romero para la pantalla chica.

No es el caso ahora con el Joker de Heath Ledger, cuya mayor virtud es desaparecer por completo detrás de su maquillaje. Hay algo verdaderamente inquietante en la dificultad para identificar al actor, como si en su último trabajo antes de morir, Ledger –como el mismísimo Guasón– hubiera borrado tras de sí todas sus huellas, quemado todos los puentes. No hay nada aquí de la clownesca sobreactuación de Romero o de Nicholson: se diría que su violencia es sobre todo tácita, está latente, se vislumbra en el resplandor frío, cansado de unos ojos que asoman por debajo de su triste careta blanca.

¿Quién es este Guasón? ¿Qué significa para Ciudad Gótica? ¿Simboliza la pesadilla terrorista que subyace en el subconsciente del estadounidense medio? Algo de eso hay, pero la ambigüedad esencial del film de Nolan, la opacidad de sus intenciones, obtura una lectura política, al menos en términos lineales. Claramente, este Joker capaz de incinerar una montaña de dólares como si fueran naipes encarna el lado oscuro de la luna, la anomalía absoluta, el terror por el terror en sí.

Pero no deja de ser significativa la anécdota que cuenta Alfred (siempre da un poco de pena escuchar al gran Michael Caine vestido de mayordomo diciendo “Master Wayne...”), cuando asocia al Guasón con un temido rebelde de la resistencia birmana, en tiempos del imperio británico. El Joker es “lo otro”, lo extraño, lo ajeno; Batman, en cambio, representa el centro, el poder, el dinero: es el millonario Bruce Wayne de día y el vigilante que viene a imponer el orden de noche. “Usted es el héroe a quien todos odian, pero él único capaz de tomar las decisiones difíciles”, lo consuela Alfred. No parece casual tampoco que cuando Batman/Wayne tenga que poner tras las rejas a un mafioso chino (otro “extraño”, cuyo país se niega a extraditarlo) utilice un método similar al que autorizó el presidente Bush –otro millonario dispuesto a poner orden– e impuso la CIA con aquellos a quienes considera potenciales terroristas y quiere destinar a su prisión en Guantánamo.

Ambicioso, atlético, rubio, el fiscal Harvey Dent (Aarón Eckhardt) debería ser el verdadero héroe de Ciudad Gótica, aquel que no necesita esconder su rostro para hacer cumplir la ley. Incluso Batman (Christian Bale) lo llega a pensar así, a pesar de que le ha sacado a su novia (Maggie Gyllenhaal, en reemplazo de Katie Holmes). Pero no por nada, a sus espaldas, a Dent lo llaman “Dos Caras”, una naturaleza del fiscal que el Guasón no tardará en sacar a la luz y que obligará a Batman a volver a hacer justicia por mano propia, al margen de una ley a todas luces insuficiente para lidiar con la corrupción y la demencia que imperan en Ciudad Gótica.

Estos entresijos de la trama le llevan a Christopher Nolan más de dos horas y media de relato, lo que convierte a su nuevo Batman –muy superior, por cierto, a su errático Batman Begins (2005)– en una película muchas veces abrumadora, y no necesariamente en un sentido positivo del término. Como guionista, Nolan riza el rizo más de la cuenta y como director -–sobre todo en un final inconsecuente con el planteo de su propia película– se da el lujo de perder la concentración dramática que le hubiera permitido sacarle aún más provecho a ese Joker de Ledger, para quien “la única regla es no tener ninguna” y que es la verdadera fuerza perturbadora de este Caballero de la noche.

7-BATMAN: EL CABALLERO DE LA NOCHE

(The Dark Knight, Estados Unidos/2008).

Dirección: Christopher Nolan.

Guión: Christopher y Jonathan Nolan.

Fotografía: Wally Pfister.

Música: Hans Zimmer y James Newton Howard.

Diseño de producción: Nathan Crowley.

Intérpretes: Christian Bale, Heath Ledger, Aaron Eckhart, Michael Caine, Maggie Gyllenhaal, Gary Oldman y Morgan Freeman.

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El Guasón de Ledger, para quien “la única regla es no tener ninguna”, es la verdadera fuerza perturbadora de la película.
 
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