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Lunes, 22 de diciembre de 2008

MUSICA › UñA RAMOS, QUENISTA, COMPOSITOR Y LUTHIER

El gran caballero de la quena

El músico jujeño está radicado en Francia desde los años ’70. Y aquí goza de más prestigio que fama. La flamante edición del DVD En vivo en Kehl (Alemania) tal vez contribuya a conocer mejor a uno de los grandes artistas populares argentinos.

 Por Karina Micheletto

Uña Ramos saluda con cierta tonada afrancesada, agradece que el “calor grande” tardó en llegar, invita a charlar con serena amabilidad. No se lo ve ni se lo oye seguido por aquí. Suele pasar con la música y los músicos argentinos: la fama y el reconocimiento llegan en forma mucho más contundente afuera que puertas adentro. El caso de este quenista, compositor y luthier es emblemático en este sentido: vendió millones de discos (literalmente) en Europa y Japón, tocó en los teatros más importantes del mundo, fue invitado como solista por la Orquesta Sinfónica de Berlín, entre otros lugares ganados por primera vez con su instrumento. Aquí, toca cada vez que viene de visita, más como invitado de otros músicos que en sus propias presentaciones. Esta vez, la excusa es la presentación de un DVD que lo muestra En vivo en Kehl (Alemania), y que recién ahora se edita en el país.

En la Argentina el sello Trova sacó once compactos en los que se resume la carrera de Uña Ramos, del ’70 para acá, y ahora publica este material que es a la vez histórico y actual. Esta edición revive un concierto de los tantos que el quenista dio por el mundo, grabado en 1989. Se lo escucha acompañado por los guitarristas François Fichu y Bruno Ulysse Pauvarel, mostrando su virtuosismo en obras casi en su totalidad propias. En el repertorio hay un tema dedicado a Mercedes Sosa, que lleva su nombre. “Es una fantasía que escribí hace unos 23 años, en una visita en París en la que tuve la ocasión de hablar con ella. Guardé un gran recuerdo de amistad y de cariño de aquel momento, me dio muchos consejos. Como no podía darle otra cosa, le compuse el tema. Y ahora el mendocino Mario Luis Agüero acaba de ponerle letra”, cuenta el músico.

La carrera de Uña Ramos tuvo un hito, y fue “El cóndor pasa”. La versión del tema del peruano Alomía Robles, que el jujeño grabó con Paul Simon en los ’70, en pleno furor latinoamericanista en el mundo, fue un verdadero hit que le abrió las puertas del mundo. Pero antes anduvo “haciendo ruido” por acá: “Alguien tuvo confianza en mí y me hizo grabar, allá por el ’68, ’69. No sólo eso, me permitieron hacer algo diferente, meter instrumentos que en esa época no se usaban en esta música, guitarra eléctrica, percusiones, redoblantes –cuenta–. Busqué que me acompañaran músicos de calidad, Domingo Cura, Roque Narvaja, Tito Veliz, Edmundo Zaldívar hijo, que me dieron mucha ayuda. Una pequeña crítica me obligó a salir a distribuir mi música al extranjero, yo ya empezaba a pensar en cosas eléctricas y algunos no estaban muy a gusto con eso, decían que no era folklore. Más me criticaban, y yo más seguía adelante, es así hasta ahora. Tuvo que pasar un tiempo muy largo para que se escuchara mi música aquí. Pero ese tiempo ya pasó, hoy voy a Tilcara o Purmamarca y los chicos están tocando lo que hice 30 o 40 años atrás. Esa es mi gran satisfacción como compositor.”

Uña Ramos llegó a Francia en los ’70 y allí vive hasta ahora. En Japón su música tiene una especial recepción: allí vendió más de 15 millones de placas. “Los japoneses me conocen más como compositor. Pusieron letra a algunos temas míos, me tienen gran cariño. Ya estoy preparando la gira japonesa del año próximo”, dice el músico. “Aquellos ojos grises” es, sin dudas, su tema más famoso. “¡Uf! Fue cantado no sé por cuántos conjuntos y solistas, y hasta ahora siguen grabándolo de todas las formas posibles -sonríe Uña-. Escuché una versión tipo ópera, muy mundana, otra con música fuerte, estilo tecno. En fin, no me hace daño, cada cual hace lo que puede o lo que quiere con las obras que toma. Yo ante todo soy músico y compositor.”

Con el mismo tono amable y tranquilo sigue hablando de su padre, de quien heredó el nombre Uña y el amor a sus instrumentos, director de un grupo de anateros y primer maestro de quena de un niño que aprendía rápido. Tanto, que quedó registrado en una grabación histórica de Carlos Vega, cuando el musicólogo llegó hasta Humahuaca para recolectar melodías de la región. En París, Uña Ramos vive rodeado de madera y de cañas, con las que fabrica sus instrumentos. Perdió la cuenta de cuántos hizo. El mejor, asegura, es el que piensa hacer mañana.

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Ramos vendió millones de discos en Europa y Japón.
Imagen: Gustavo Mujica
 
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