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Jueves, 4 de junio de 2009

MUSICA › NOTABLE PRESENTACIóN DE CESáRIA EVORA

Cabo Verde en el Luna Park

La llaman “la diva de los pies descalzos”, pero la definición sólo cobra sentido cuando emite su maravillosa voz. Por lo demás, la caboverdiana combinó la belleza de su música con una sencillez y antidivismo que sedujo a todo el estadio.

Hay que ver qué diva más extraña es “la diva de los pies descalzos”, como la conoce el mundo a Cesária Evora tras ser presentada en plena explosión del mercado de la world music, allá por inicios de los ’90. Una diva indolente, que canta como si no le importara, como si fuese lo mismo estar en el patio de su casa, enfundada en ese batón apenas arreglado, en patas, cortando para fumarse un pucho. Hasta que suelta su voz... y entonces sí, se ajusta lo de diva. Si, como dicen, la música tiene color y es capaz de trasmitir percepciones más allá del oído, el martes pasado la caboverdiana trajo a un mal calefaccionado Luna Park la cálida paleta de colores de un archipiélago en la costa occidental del Africa, extraño, lejano, repentinamente adorable.

No hay impostura en la actitud de Cesária Evora, sería imposible fingir tamaño gesto. Algo de eso también impulsó su éxito, los cinco millones de discos vendidos en todo el planeta, el Grammy en la dudosa categoría de “World Music”. Se sabe que vende lo exótico, lo salvaje, podría decirse, si no debiesen mediar lo políticamente correcto. Bienvenido sea, porque gracias a eso pudo ser conocida su voz, de este otro lado perdido del mundo. Cesária Evora canta principalmente mornas y coladeiras, dos ritmos con nombres de lo más curiosos de este lado del mundo: extrañamente lánguidos y melancólicos los primeros, dotados de una plácida alegría, por fuera de toda exaltación, los segundos. Ambos suenan al oído con un fondo familiar, rastros culturales de la herencia portuguesa y africana: Cabo Verde fue colonia de Portugal hasta 1975 y un punto estratégico del tráfico de esclavos de Africa hacia América.

Sin nuevo disco para presentar que sirva como excusa al concierto y a la gira sudamericana, Cesária trae algunos de sus grandes éxitos y los temas de su último disco de estudio, Rogamar, de 2006. Rogamar es rogar y es mar, y eso es lo que canta la africana en el tema que da nombre al disco: un rezo a la Virgen María y a Santa Bárbara, para calmar las olas que golpean las pequeñas barcas de los marineros caboverdianos. “El mar es morada de sodade”, dice Cesária en su música y en su dialecto caboverdiano, un creole derivado del portugués. Es que el mar está siempre presente en Cabo Verde, un país que es un archipiélago formado por diez islas. El mar también está en las canciones de Evora, imponiendo su ritmo, sus temas, sus elementos. Y en la voz de esta mujer, profunda y aterciopelada, que tiene la cadencia del océano.

La precisión de la banda de Evora, integrada por caboverdianos y por el violinista cubano Julián Corrales, sumó el lucimiento de cada uno de sus integrantes. Y aportó algo de la gracia del baile improvisado del violinista y el saxofonista Domingo Gomes Fernandes, únicos exaltados de la noche. Con el transcurso de la noche, Cesaria fue intercalando mornas y coladeiras, insondables melancolías y celebraciones lejanas. Trajo paisajes de ausencias, de partidas, de olvidos, marcados por el mar y sus habitantes. Hubo un corte que la caboverdiana aprovechó para tomar un vaso de agua y fumarse un cigarro, mansamente. No como parte de la puesta en acto, porque ni siquiera quedaba visible: más bien como una continuación de la naturalidad con que entiende su música. Brillaron con ella los instrumentos de la morna, el piano, la guitarra y el cavaquinho –esa pequeña guitarra de cuatro cuerdas que procede del norte de Portugal–, con los que se dio a conocer en sus primeros cuatro discos, hasta el exitoso Miss Perfumado, de 1992. Brillaron las exquisitas percusiones, el violín y los vientos. Al final, quedó el sabor, el color y el mar. Tan lejanos para este frío Buenos Aires, tan cercanos después de que Cesária lo pisara descalza.

9-CESARIA EVORA

Músicos: Nando Andrade (piano), Domingo Gomes Fernandes (saxo), Julián Corrales (violín), Joao José Alves (guitarra), José Neves (bajo), Paulino Vieira (cavaquinho), Antero Dos Santos y Ademiro Miranda (percusión).

Banda invitada: Omar Giammarco Quinteto.

Público: 5500 personas.

Duración: 90 minutos.

Martes 2 de junio, Luna Park.

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La cantante llegó a hacer una pausa en medio del recital para tomar agua y fumar un cigarro.
Imagen: Jorge Larrosa
 
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