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Domingo, 30 de agosto de 2009

MUSICA › ANNA SAEKI Y SU DISCO YO VENGO A OFRECER MI CORAZON

Argentina vista desde el sol naciente

La japonesa se dio el gusto de grabar junto a figuras como Mercedes Sosa, León Gieco, Liliana Herrero, Teresa Parodi y Verónica Condomí. “Mi objetivo es generar un intercambio cultural: que los argentinos puedan entender el japonés y viceversa”.

 Por Cristian Vitale

Anna Saeki nació en Japón y todo lo que la rodea deschava su origen: el departamento que ocupa en Villa Crespo es pequeño pero ordenado. Silencioso. Ultralimpio. Su manager, otro japonés, no se desprende de la notebook último modelo. Su asistente, también nipona, prepara el té de las cinco con puntualidad y la traductora, una argentina de ojos horizontales y pulóver de alpaca, traduce a la perfección cada palabra de los tres. Son anfitriones cálidos y atentos. Anna está en el barrio de Marechal por esas cosas de la música y la Tierra, al cabo un grano en el Sistema Solar. Ella canta folklore y tango en castellano. Acaba de presentarse en el festival de La Falda y se apresta, luego de un viaje relámpago hacia el país del Sol Naciente, a mostrar su último disco en el teatro IFT (11 y 12 de septiembre). Se llama Yo vengo a ofrecer mi corazón y, excepto una canción llamada “Aika”, se centra en clásicos de la música popular argentina: “Los hermanos”, de Yupanqui; “Pedro canoero”, de Teresa Parodi; “Corazón libre”, de Rafael Amor; “Doña Ubenza”, del Chacho Echenique y “Zamba para no morir”, de Hamlet Lima Quintana, por citar algunos. “Mi objetivo de máxima es generar un intercambio cultural: que los argentinos puedan entender el japonés y viceversa”, desliza ella, siempre en japonés.

–¿Lo logró?

–Aún no: espero verlo en el concierto (risas).

Después de un eficaz trabajo de acercamiento, León Gieco, Mercedes Sosa, Liliana Herrero, Teresa Parodi y Verónica Condomí grabaron junto a ella varias de las canciones del disco. Aportes que, por el peso específico de su inercia, le dan al trabajo un brillo especial. Algo de ese intercambio que busca Saeki. Ella dice que le debe todo a Mercedes Sosa, que fue la Negra quien la introdujo en el mundo del folklore cuando se conocieron, en uno de sus primeros viajes. “Yo había venido aquí para presentar mi disco Concierto de Anna y me preguntaron quién era mi artista favorita. Dije ¡Mercedes! y me la presentaron. Nos conocimos, cantamos juntas y ella me sugirió que grabara ‘Alfonsina y el mar’ en castellano. Ahí me enamoré del folklore de acá”, cuenta. Saeki, de todas maneras, no pisaba tierra virgen cuando la Sosa sumó legitimidad a su pretensión: ya estaba el tango a la vuelta de la esquina. En 1987 el título de su disco debut decía todo: Tango Primavera. Allí la acompañó la orquesta de José Colángelo y fue la llave: cada vez que una orquesta argentina visitaba Japón (de Leopoldo Federico al Sexteto Mayor) la convocaban como vocalista.

Completa ella: “Al principio me fue difícil cantar el tango, pero gracias a los bailarines con los que estuve en contacto aprendí a bailar desde el cuerpo. El resto lo hizo un sentimiento de amor. Me gustó lo dramático del tango, era algo muy diferente de la música que yo estaba acostumbrada a escuchar”. Su segundo disco (Rapsodia en la lluvia) no sólo fue de tango sino que lo grabó en Buenos Aires, y con anfitriones al tono. Era 1988. “Era la primera vez que venía a Argentina y cuando bajé del avión en Ezeiza, después de 30 horas de viaje, estaba Leopoldo Federico esperándome con un ramo de flores. Era todo nuevo para mí... en Japón no hay avenidas tan anchas como la 9 de Julio y, además, tenía otra idea de Caminito –sonríe–. La primera impresión fue la amabilidad de los bailarines y los artistas. Su calidez. También los puntos en común que fui encontrando entre el tango y la música de mi país. Hay una forma de expresión que los une, pero no sé cómo ponerlo en palabras.”

Luego hubo un hiato. Saeki dedicó el segundo lustro de los ’90 a la salsa, como integrante de la Orquesta Sol, la música latina, el hip hop; volvió al tango a través de Alma de tango (1999), cantó canciones para niños de todo el mundo con ritmo de tango, pero en japonés (Omoi, 2003), grabó entre Nueva York y Berlín un disco de temas asiáticos (Negau, 2005) y en 2006 festejó sus 20 años de carrera con un disco cuyos invitados fueron, además de Federico, Horacio Ferrer, Raúl Garello y Nicolás Ledesma. Fue el paso previo a Yo vengo a ofrecer mi corazón, grabado en ION con la producción de Popi Spatocco. “El eligió el repertorio, aunque algunas canciones las sugirió Mercedes, que estuvo muy atenta al proceso. Cuando le dije que quería hacer un CD me dio el OK enseguida. Fue muy emocionante compartir la grabación con ella”. El dueto Sosa-Saeki fue en “Los hermanos”, el clásico de Yupanqui. Con Gieco, la nipona grabó “Alas de tango” y provocó que el ídolo de los quemados hablara de “simbología universal” al escuchar la parte que ella canta en japonés. Parodi –compartieron la versión de “La Negra Eulogia”– habló de su voz como dulce y firme al mismo tiempo. “A León lo conocí en el estudio y lo que más me impresionó fue su generosidad: él también llegó con un ramo de flores. Escuchar su voz de tan cerca fue muy emocionante.”

–Debe resultar difícil la adaptación entre dos idiomas tan diferentes. ¿Qué método utiliza? ¿Canta por fonética?

–Primero escucho varias veces la canción, después leo la letra y al final la traduzco para entender su contenido, porque creo que lo fundamental es cantarla con pasión. Lo demás llega solo.

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La cantante presentará su disco los días 11 y 12 de septiembre en el Teatro IFT.
 
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