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Viernes, 11 de septiembre de 2009

MUSICA › JUAN VATTUONE PRESENTA ESCUCHAME UNA COSA RODEADO DE FAMILIA Y AFECTOS

“Me harté de los cornudos en el tango”

El letrista y cantante, que se autodefine como “un tierno de la vida”, asegura que no concibe el arte sin riesgo y que el título de su espectáculo, todos los viernes en Espacio Ecléctico, es “un grito desesperado” ante la incomunicación.

 Por Karina Micheletto

Juan Vattuone ha recorrido un largo camino en el tango. El suficiente para que temas como “El yuta Lorenzo” ya sean una suerte de marca registrada y para haber acumulado una serie de calificativos que intentan definir su estilo: transgresor, entre los más obvios, o “duro”, por las letras con las que ha pintado sórdidas realidades humanas. “Pero soy un tierno de la vida”, se autodefine, con ánimo de titular de nota. La desmentida viene a cuento del espíritu de su nuevo show –que próximamente también tendrá forma de disco–, donde el letrista y cantante supo rodearse de afectos para delinear su nueva propuesta artística. Escuchame una cosa, el espectáculo que presentará todos los viernes de septiembre en Espacio Ecléctico (H. Primo 730), reúne tangos que llevan la marca de Vattuone, además del repentismo de su humor entre tema y tema. Pero también los textos de su pareja Silvana Boggiano, la danza de su hija Julieta Vattuone, la participación de su nieta Lourdes. También hay mixtura del dos por cuatro con el rap y el hip hop, en la que participa Anita Vatt (así, con el apellido abreviado, se presenta artísticamente la otra hija del anfitrión), y está la guitarra de Víctor Lasear, arreglador de todos los temas, y familiar “por portación de afecto”.

Lourdes Reinoso Vattuone, de 9 años, tiene a su cargo nada menos que la apertura del show: canta y baila sobre una percusión que invita a entrar en clima. “Ella nació artista, no es que la tuvimos que formar”, aclara el abuelo, baboso como corresponde. Entre las cartas de presentación de la niña figuran su participación en la película Entrenamiento elemental para actores, de Federico León y Martín Rejtman, a punto de estrenarse, y como bailarina en el multitudinario show de Alas que organizó Shakira en Costanera Sur. Julieta Vattuone, la mamá de Lourdes, es coreógrafa egresada del IUNA, formada en la danza clásica, y en este show hace una mixtura entre lo clásico, lo contemporáneo, el tango y el hip hop.

El grupo viene de preestrenar el espectáculo en el último Festival de Tango y Mundial de Baile de Buenos Aires, donde acreditó un logro importante: en el salonazo de Harrods, copado por bailarines que habían ido a hacer lo suyo, lograron que varios cientos de ellos suspendieran las vueltas de milonga y se detuvieran a escuchar. Todo un logro de la música y la poesía.

–¿Por qué ese nombre para el espectáculo? ¿Es un pedido al público?

–En los tiempos que corren, con toda la tecnología a nuestro favor, parece ser que la información es extrema y nos desinforma. Siento que a los argentinos nos agarró un ataque de sordera precoz, es como si no nos escucháramos, como si los vínculos más importantes se hubieran roto o resquebrajado: los padres no se comunican con sus hijos, las parejas se hablan a través del tercero en discordia que es el televisor. No hay nada que hacer, el culo le ganó a Manzi.

–Entonces, ¿Escuchame una cosa?

–Es el modismo popular que más usamos los argentinos en estos tiempos. Lo tenemos que usar, porque andamos pidiendo por favor a los otros que nos escuchen. Es como un grito desesperado: ¡Escuchame una cosa, por favor! Necesitamos ese latiguillo porque, con tantos medios de comunicación, andamos incomunicados. Por eso el título: porque es lo que hoy nos toca decir.

–Y en el tango, ¿a usted qué le toca decir?

–Los bailarines nos van ganando seis a cero a los letristas. Estamos vendiendo un tango para el extranjero que es de mentira: chicos de 20 años peinados a la gomina, vestidos como pingüinos, cantando cosas de hace un siglo, minas revoleando el taco aguja... ¿para qué? No hace falta disfrazarnos para mostrarles el tango a los extranjeros. ¿Para qué mentirles, si ellos vienen a buscar nuestra verdad? Con la cantidad de etnias que hay adentro del tango, ¿para qué simplificarlo? Creo que a mí me toca decir algo así a través de mis letras.

–¿No podría decirlo a través de los clásicos?

–Para mí el arte es riesgo, si no prefiero quedarme en mi casa, donde sé que voy a estar cómodo. Estoy harto de los cornudos en el tango. A ver, ¿quién no fue cornudo alguna vez? En este país pasaron muchas cosas, desaparecieron 30 mil como nosotros. ¿No sería tiempo de superar al cornudo y a la viejita del tango?

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Juan Vattuone (con gorra), junto a su guitarrista, su hija y su nieta: el tango es un asunto familiar.
Imagen: Jorge Larrosa
 
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