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Lunes, 23 de noviembre de 2009

MUSICA › PEPPE VOLTARELLI ACTUA ESTA NOCHE EN LA TRASTIENDA

Italiano suelto en San Telmo

Nació en Cosenza y alguna vez lideró una banda punk en Bolonia, pero lo que verá el público que se acerque a su show junto a Kevin Johansen será la encarnación como solista del disco Distratto ma pero, más cercana a la figura del crooner.

 Por Facundo Gari

La postal que anuncia el recital “Peppe Voltarelli+Kevin Johansen” para hoy a las 21 en La Trastienda (Balcarce 460) está intacta cuando un fotógrafo le propone al cantante italiano que den una vuelta a la manzana desde el bar de Palermo en el que se dieron cita. Peppe no entiende ni jota, pero aquél insiste, esta vez acentuando a lo tano las palabras y dibujando con su dedo índice un círculo en el aire, y el turista finalmente interpreta. Mas no bien emprenden la marcha sobre Costa Rica, un hombre calvo se cruza con un espejo a cuestas, y el de los flashes no duda en preguntarle si querría ser parte de las instantáneas. “Bueno, pero está pesado.” “Usted camine, nosotros lo seguimos.” Peppe intenta decir algo, pero de su boca nada sale.

Arrancan los tres, entonces: el pelado con el espejo, Peppe Voltarelli y sus 40 años en el reflejo y el reportero gráfico reprimiendo a flashes el paso. Van por la vereda, se cruzan, se detienen, avanzan, hasta perderse de vista entre negocios fashion y automóviles último modelo. En otra punta de la ciudad, el hombre más parecido al “Piojo” López del planeta experimenta un mal presentimiento. Y quizá toma la postal y ve que a la imagen de Voltarelli le falta la cabeza. No hará falta que la madre de Marty McFly bese al futuro padre de sus hijos: Peppe reaparece veinte minutos después e invita a Página/12 a tomar unas cervezas.

Es una injusticia que la encantadora pintora Silvina Benguria, traductora circunstancial autorizada por su estadía de años en Roma, no salga en la foto. De arranque, cuando el cronista pregunta “¿cómo es la provincia de Cosenza?”, para que lo traduzca, ella responde en perfecto español: “¡No conozco!”, y se ríe de su propio exabrupto. Eso mismo hará cuando, embelesada por la lengua romance del visitante, no deje de hablar italiano siquiera al pretender convertir al español. “Es una de las cinco provincias de Calabria, una región que limita con el mar Jónico. Pero viví 20 años en Bolonia y allí comencé mi carrera, a los 16 años en una banda punk”, cuenta Voltarelli, y bebe un sorbo de alcohol. “Las provincias son como ciudades chiquitas, todas divinas”, añade. Y Silvina balbucea como una enamorada: “¡Todo es divino en Italia!”.

El feeling del punk es el que, según subraya, se mantiene en Distratto ma pero, su debut como solista tras 15 años junto a Il Parto delle Nuvole Pesanti, banda calabresa a la que los doctos adjudican aportes del folk local al rock italiano del siglo pasado. “Mi música es una mezcla del sentimiento del sur con la actitud punk. Y, además, combino la tarantela con la influencia de grandes cantautores italianos, como Luigi Tenco”, define. No obstante, si se youtubea el video “Italiani superstar”, corte que abre el disco, el tempo y la imagen agresiva de Ramones y Sex Pistols –persuasiones punk que el tano cita– difícilmente se distingan en el clip. Por el contrario: entre relajados arpegios de mandolina y soplidos de fliscorno, lo que se ve es el parecido físico de Peppe con Vicentico y los paisajes cambiantes (al estilo “Ray of light”, de Madonna) de ciudades de colectividades italianas en varios puntos del globo. ¿Su voz? Cacho Castaña, Tonino Carotone y Gianfranco Pagliaro en un solo paquete.

Muy distinto es si se busca un video de su agrupación de antaño actuando en vivo: guitarra acústica en mano, Voltarelli se aleja del crooner que la escucha de su disco evoca y se mueve sobre el escenario como Billie Joe Armstrong, si bien la voz es la misma. “En 2006 dejé mi banda porque quería ser solista. El grupo es como un matrimonio: si se va el amor es inútil seguir, y el amor duró quince años. En realidad, fueron doce, porque hacía tres que me imaginaba lo que iba a hacer”, admite mientras se sirve un tercer vaso de “birra”. Casualmente, ese mismo año el cantante se encontró de visita en la casa neoyorquina de Gilda Raguzo. “Me llamó la atención un cuadro en el que se veía a un cantante”, reseña. “Entonces, le pregunté a ella quién era el de la imagen y me contó que era su hermano, Tony Vilar; me narró su historia, su fama en Argentina durante los ‘60.” “¡No era tan importante!”, interrumpe Benguria. “¡Che no! (¡Qué no!)”, protesta Voltarelli.

De esa anécdota es depositaria la road movie The true legend of Tony Vilar, del director Giuseppe Gagliardi, con quien ya había trabajado tres años antes en el falso documental Doichlanda, que retrata la vida de un grupo de trabajadores italianos en Alemania. En la de Vilar, Peppe interpreta a un cantautor que se pone como meta encontrar al otrora cantor popular. “Lo hallé en el borough del Bronx. Ahora está pelado y vende autos usados. Es la historia de la decadencia de un artista, un viaje en el tiempo. Tenía curiosidad por investigar qué pasa después del suceso, porque temo que eso me suceda a mí. Es como en un terremoto: lo interesante pasan a ser los escombros antes que la casa”, compara.

Pero sus viajes de Italia a Buenos Aires y Nueva York no sólo le brindaron el material para crear The true legend..., sino que además lo proveyeron del eje conceptual de su primer disco. Para ilustrarlo, trae a cuento un recuerdo: “En Montreal hay un café muy viejo que se llama Café Italia, que parece de 1950. Allí hay un poster de la escuadra italiana campeona del mundo en 1982. Al lado hay otro poster, pero del equipo de 2006. Lo curioso es que la gente del bar entre esos años haya sido siempre la misma. Es muy trágica la historia de la inmovilidad, de la comunidad trasplantada de un lugar a otro”, redondea no sin un dejo de nostalgia.

–¿Cree que en Argentina se repite esa historia con los italianos que vinieron a “hacer la América”?

De una seriedad solemne, Peppe pasa sin filtro a la risotada. Y responde: “Sucedió en todos lados. Cuando te vas lejos necesitás dejar tu tradición, tu lengua, y volver a empezar. Te pasan cosas como darte cuenta de que esa frase que escribías usando diez palabras, la podés escribir con tu nuevo idioma en tres, con la misma esencia”. Hombro a hombro con el universo tano fuera de Italia, donde aclara que su música es más escuchada, Voltarelli se posiciona como un “híbrido”, un “bastardo”, porque su música está “contaminada por el mundo”. “En cada viaje tengo la posibilidad de aprender de los músicos, de la milonga y el tango en Argentina”, celebra. “Es una contaminación positiva”, se entuasiasma, un poco por lo que musicalmente significa, otro poco por el efecto de la cerveza, que ya está vacía.

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Voltarelli y su reflejo: “En cada viaje tengo la posibilidad de aprender de los músicos”.
Imagen: Pablo Piovano
 
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