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Sábado, 2 de enero de 2010

MUSICA › FERNANDO RUIZ DIAZ HABLA SOBRE SIMETRIA DE MOEBIUS

“Catupecu Machu es más que sólo música: es un concepto”

El cantante, guitarrista y compositor del cuarteto se interna entre los laberintos del gran disco de su banda, el primero de canciones nuevas desde el accidente de su hermano y compañero Gabriel. “Es el más Gaby de todos los que hicimos”, asegura.

 Por Roque Casciero

Fernando Ruiz Díaz habla como una obra de M. C. Escher, de ésas en las que la perspectiva engaña y las escaleras que parecen desembocar en la nada finalmente conducen hacia un lugar preciso. El cantante, compositor, guitarrista (y últimamente bajista y tecladista) de Catupecu Machu parece perderse por laberintos entre aristas y dialectos, para parafrasear al nombre de uno de sus trabajos, pero del mismo modo inesperado en que arranca con sus digresiones, cierra cada una de ellas con precisión. Todo sazonado con una verborragia que le brota más del corazón que de la mente, como una incontenible marea de palabras que son la forma que su energía encuentra a la hora de una entrevista. Porque Ruiz Díaz es energía en ebullición constante y cuesta imaginárselo pasando dos semanas de soledad en un campo bonaerense en el que concibió el último disco de la banda, Simetría de Moebius. Paisano raro, habrán pensado los lugareños acerca de este tipo siempre vestido con colores oscuros, que en la última década encabezó uno de los grupos más inquietos del rock argentino, tanto en su despliegue como en lo artístico. Y aunque reconoce que raramente afloja con su desaforada electricidad, también sabe que no es el mismo que antes del accidente automovilístico de Gabriel, su hermano y (hasta ese momento) complemento perfecto en Catupecu.

Ulises Strumia: así firmó Fernando Ruiz Díaz su disco anterior. Un alter ego que eligió porque siempre sintió fascinación por el personaje homérico –y no cuesta mucho imaginar al cantante batallando hoy en su propia odisea–, y por el apellido de su bisabuela materna, una piamontesa de la que sabe por lo que le contó su tía. “Ulises Strumia es mi alter ego que escribe, porque escribo mucho, pero no el que hace las canciones”, explica el músico. “¿Quién es Fernando Ruiz Díaz? A veces Ulises, a veces Fernando, y a veces ninguno de los dos”, cierra. ¿O abre?

–Si se tiene en cuenta que usted es el único miembro original de la banda, otro alter ego suyo podría ser Catupecu Machu.

–Bueno, Herrlein fue el primer batero de la banda, aunque estábamos en ese punto en el que Catupecu todavía no era Catupecu. No, no, Catupecu Machu es un concepto. Tiene su mutación... Uno renueva las células todo el tiempo, nunca son las mismas, entonces Catupecu es como un concepto que tiene los complejos celulares con funcionamiento independiente. Un amigo de mi hermano me dijo que había leído lo que había dicho yo en una nota, de que lo de Gaby tendría que haberme pasado a mí... Siempre fui el que anduvo haciendo quilombo con los autos, mientras que Gaby era un tipo ordenado, zen, aunque también fuera un loco de mierda que se tiraba en paracaídas y hacía bungee jumping. Pero este pibe, que era muy amigo de mi hermano, me dijo: “No, a vos no te va a pasar, porque vos sos el protagonista de la película”. Y yo me quedé duro. El me contó que Gaby estaba estudiando todo el tiempo, pero era perfil súper bajo, y que estaba estudiando últimamente la trascendencia y la inmortalidad del alma. Tomado poéticamente o científicamente, pero la inmortalidad. Ahora veo esas cosas a la distancia y pienso que Catupecu ya es inmortal. Hay cosas que quedaron ahí que son para la historia. Y encima nosotros tuvimos un soporte, porque antes no se grababa. En ese sentido, somos Highlander. Catupecu es un concepto, no es que eran dos hermanos queriendo ser famosos y triunfar en la música. Eso es otra cosa, una mierda. Por eso a mí me cuesta decir “cuando compuse tal cosa”... Sí, compongo yo, pero hay una idea detrás que es más fuerte. La música es una loca de mierda, la más histérica de todas, la que más te hace sufrir. Creo que sólo dos canciones de las que compuse en mi vida no me hicieron sufrir. Pero me di cuenta con el tiempo de que la música quería vivir con nosotros. No sé qué habría pasado si lo de Gaby me hubiera pasado a mí, porque soy el que canta, pero Black Sabbath siguió sin Ozzy (Osbourne)...

–Pero ese concepto que es Catupecu, ¿podría existir sin usted?

–¿Sabe qué? Creo que no, pero... Está bien que Frodo sea el protagonista (de El señor de los anillos), pero si no es por Sam, no llega el anillo. A la vez, Gaby nos educó a todos: a Macabre (tecladista de Catupecu) lo trajo él, con él empezamos a tocar con Herlein, y a Sebastián Cáceres (actual bajista y ex asistente de la banda) lo trajo de regreso él, un mes y medio antes del accidente. Incluso yo toco en Catupecu por Gaby, porque fui a verlo tocar el bajo a él. Por eso, ¿Sam o Frodo?

–En algún show usted se presentó diciendo: “Soy Gabriel Ruiz Díaz”.

–Sí, se me vino a la cabeza en ese momento. Es que toda esta película es muy jodida, pero sigo con la lanza y la cabeza en alto, cagado a trompadas pero sin que se me note (risas). Igual es complejo lo que le explico porque...

–Porque usted es complejo, vamos.

–¿Sí? Bueno, no me alcanzan las veinticuatro horas del día.

–En algunas entrevistas dijo que Simetría de Moebius, el primer disco en el que no tocó su hermano, era “el más Gaby de todos”. ¿Por qué?

–Es que Gaby es un genio, un tipo que no hablaba pero ya manejaba la computadora, arreglaba las cosas sin saber... Y sigue siéndolo ahora, con su película actual (ver aparte). Digo que éste es el disco más Gaby de todos porque es en el que más lo escuchamos a él. Gaby estaba veinte pasos adelante y nos dio lecciones para toda la vida. Pero no lo entendíamos, cosa que también lo hizo sufrir mucho. El accidente tuvo que ver con la vorágine con la que vivimos y nosotros seguimos jugando en ésa, no es que me volví monje y me fui al Tibet. Cada tanto estamos tipo “Loco, paremos de nuevo porque nos vamos a estrolar otra vez”.

–Por otra parte, es un disco con mucha presencia del bajo. En algunos temas tocan tres bajos por la búsqueda de un sonido diferente, del mismo modo que él había dejado ese instrumento en Cuadros dentro de cuadros.

–En realidad, el disco tiene mucha guitarra, pero es criolla. Pero sí, hay dos temas con tres bajos. Y lo que suenan no son capas de bajo, somos tres bajistas tocando. Esas cosas son la herencia de Gaby, los grandes delirios suyos. Pero en ese Cuadros... ni siquiera fue adrede: mientras grabábamos, él tenía el bajo ahí, hasta que un día le dije: “Gaby, el bajo”. Y me contestó: “Y, no...”. Eso también fue porque él quería que las canciones fueran las que yo había hecho en la portaestudio. “Origen extremo” casi no entra en Cuadros... porque él decía que tenían que ir sólo los temas míos. Este disco tiene mucha relación con Cuadros... Hay muchas cosas del disco que son las que habíamos grabado para los demos, como la voz de “Víbora vientre”, que está grabada con un micrófono del orto. Pero tenía el espíritu y no iba a poder igualar eso. La voz de “Cosa de goces” es la del demo, también.

–¿Siempre se proponen buscar un sonido nuevo?

–Nosotros nos criamos en el escenario y en el estudio. Pasé de ganar muchísima guita, porque laburaba desde los 16 años como electricista, a no poder ir a ver a Nirvana a Vélez porque no tenía para la entrada: todo iba a los micrófonos, al estudio. El estudio es otro integrante de Catupecu. Nosotros venimos del rock y somos fieles a la electricidad, en el sentido de que sabemos que eso cambia el sonido. El sonido es algo inherente a Catupecu. Y a pesar de que tenemos montones de instrumentos, en este disco grabé con la guitarra Les Pauls de Gaby en tres temas, todo el resto una criolla y dos bajos. Tengo cantidad de guitarras, las amo a todas, pero les dije: “Chicas, en este momento estamos sólo con la Les Pauls”. En Simetría... utilizamos muy pocos instrumentos, por eso pasa algo que no va a pasar en otro disco. Y ya estamos haciendo el próximo.

–¿En serio?

–¡Obvio! Ahora empieza otra cosa. Por eso es que no puede salir de otra manera. Tenemos en la cabeza cerrar el disco en Mayerland, donde creamos éste. Ahí estuve dos semanas solo, cosa que nunca había hecho en mi vida, pese a que amo la soledad. Estaba solo de verdad, era en el medio del campo: las estrellas y yo.

–El paisano más extraño de la historia.

–Y, si venía la luz mala, me llevaba, pero seguro que terminábamos haciéndonos amigos... Ahora empezamos a pensar en cerrar el próximo disco en Mayerland. Este disco es íntegramente grabado ahí y en nuestro estudio. La cinta de Moebius: volvimos a Dale! (primer disco de la banda), que grabamos en nuestro estudio. Y además tuvo el espíritu de Cuadros..., sólo que este disco tiene la mayor cantidad de bajos de la historia y Cuadros... no tenía ninguno.

–¿Cómo surgió la idea de irse a componer al campo?

–Fue lo que tenía que ser. Si no hubiese ido ahí, el disco no hubiera sido el disco. En ese momento no me di cuenta, pero ahora sí. Conocí ese campo, que en realidad se llama La Madriguera, porque había ido con Agus, mi novia, y varios amigos. Fuimos a bajar un cambio y el doctor Mayer, para nosotros doctor Moebius, nos ofreció el lugar si queríamos ir en algún momento. Antes de este disco estaba en un momento de vorágine en el que me sentía muy mal, sumado a la tristeza por lo de Gaby, que es recontra heavy metal, lo más triste que me puede pasar en la vida. Entonces, le dije a Mayer que le tomaba la palabra, que iba a irme un par de días al campo, estaba en una locura con todas las cosas acá y con lo de Gaby. Porque lo de Gaby, básicamente, es tratar de que cada día no sea una tristeza, no voy a andar mintiendo. Llegué arrastrándome. Necesitaba cerrar todo lo del disco, era una locura, pero no podía seguir. Y me fui por unos días, que después se convirtieron en una semana, dos, casi tres... Ahí nació Simetría de Moebius entero, salvo por “Confusión”, que había nacido un par de semanas antes.

–En su momento de confusión, precisamente.

–Claro... ¡Claro! “Como a cuatro pasos del cielo”... Como a cuatro, coma cuatro: la de Gaby. Uh, es la primera vez que lo digo. “Voy a ser tu ángel enfermo”... Este disco tiene mucho de eso. Retomo: venía cada diez días a ver a Gaby, tenía que estar allá. En un momento ya estábamos todos ansiosos por seguir, llegaron los tres mosqueteros y empezamos con la película. Iban a ser dos semanas, pero lo sentamos un día a Mayer y le dije: “Mirá, doctor, es increíble lo que está pasando, el disco es acá”. El nos contestó: “Ya lo había medido, quédense el tiempo que necesiten”. Y de las dos semanas iniciales pasamos a quedarnos cuatro meses y medio. Dormíamos cuatro horas por día, le dábamos con todo, una locura. Me quedaba a la noche escribiendo. Por eso digo que es el más Gaby: cuando en Cuadros... escribí “voy sin dormir a donde sea/ más lo pienso, más me cierro”, ése es Gaby, el hombre que no duerme. Al toque saltaron “ah, claro, porque toma falopa”. No, man, no toma falopa, no duerme porque nunca durmió, siempre está laburando. Lo de este disco es indescriptible. Y no es un lamento...

–¿Cómo se dio cuenta de que tenía que seguir sin Gaby?

–Nosotros vivimos siempre al límite en un montón de cosas. Cuando llegué al hospital, vi a mi vieja y a Fausto (Lomba, manager de Catupecu), pateé la puerta y entré corriendo. Vi a mi hermano ahí y empecé a los gritos, quería que me dijeran si iba a morirse. Esa noche le canté el mantra que tengo tatuado. Y en un momento le dije: “Si te tenés que ir, andate, si te tenés que quedar, quedate, por nosotros no te preocupes. ¿Quién es tu sucesor?”. Hoy sentiría mucha vergüenza si no hubiera sido así, porque Gaby es música, eso es más importante que todo. Es una locura lo que le dije, pero fue lo que se me vino a la cabeza en un segundo.

–O sea que en ese momento se dio cuenta de que Gaby ya no iba a poder seguir.

–No es que me di cuenta... Es como parte de la película, que a veces me pasa por arriba. Por eso tengo tanta entereza cerebral. Ni física ni espiritual, porque me destroza. Pero puedo entenderlo. Gaby era un amante de la vida, no es que esto pasó en circunstancias... No quiero decir que sea un ejemplo, que haya que salir a pegarse un palo con un auto, pero en el momento que pasó, él estaba re-contento, escuchando a Bloc Party en su auto nuevo, y recién volvía de Londres, adonde se había ido a estudiar. Más pleno no podía estar. Después está el acelerador y todas esas cosas, toda la locura... Y no fue porque se hiciera la estrella de rock, sino porque era un hijo de mil putas que no paraba de laburar, de tocar y de estudiar 24 horas por día. Gaby tenía una frase que era “el auto nunca llega”, porque siempre elegía comprarse un bajo nuevo, un protools, algún equipo...

–Hasta que se compró un auto.

–¿Se da cuenta? Y se le pifió. Era un tipo tan perfeccionista... Yo viví mi vida con los errores, algunos garrafales, pero él era muy preciso en todo. Y ahí se le escapó.

–Pero usted sigue con una energía...

–Es la energía natural del mundo, ¿eh?

–No, la gente para, se toma tiempo...

–Tengo ochenta años, nada más (risas). Tengo muchos defectos, hay que vivir con Fernando, ¿eh? Pero también está buenísimo. Yo me quiero morir que me voy a morir, ¿me entiende? ¿Cómo que no voy a compartir más con mis amigos, con mi novia, que no voy a tomar más vinos, que no voy a hacer música? No me alcanza el tiempo para hacer más canciones...

–En una nota dijo: “No sé qué quise decir en este disco”. ¿Ya lo sabe?

–No. ¿Vio cuando en “Simetría...” dice “en camino en trance hasta llegar”? Tuve una vida hasta Catupecu y después empezó el trance, porque me pasé la vida experimentando. Para mí todo es un experimento. No es un trance de hacer un rito chamánico y después vuelvo a Buenos Aires a seguir con la película, es un trance grosso. Y tampoco quiero saber bien qué quise decir, me encanta eso. Ojo, me gustan Lou Reed y Tom Waits cuando relatan una película, pero no es lo mío.

–¿En algún disco sí supo qué quería decir mientras lo hacía?

–No, porque todo va desarrollándose. Catupecu no tiene una obsesión con el final de las cosas, sino con el desarrollo.

–La cinta de Moebius...

–Sí, y estamos todos igual, ¿eh? No es que soy yo solo... En Catupecu, la gira no se termina nunca. Gaby decía que quería tocar en la Luna. No sé qué tendría que pasar para que Catupecu se separe. En ese caso, sí, tendría que morirme yo. Pero no soy yo solo. No soy un solista, amo los grupos. Zeta Bosio dijo una vez que Catupecu es como una jauría y que cuando uno se suma siente que está adentro. Es eso. Si no, después de lo de Gaby, que para mí es el culpable de Catupecu... Hay algo ahí más que la música.

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“¿Frodo o Sam?”, se pregunta Ruiz Díaz: aunque sabe que es el protagonista en Catupecu, conoce bien el valor de sus “tres mosqueteros”.
Imagen: Gentileza Quique Ibarra
 
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