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Martes, 3 de mayo de 2011

MUSICA › DANIEL PATANCHóN, ENTRE LA BANDA DE PETECO CARABAJAL Y SU CAMINO SOLISTA

“A mí me faltaba una motivación seria”

Es uno de los guitarristas de la notable agrupación que acompaña a Carabajal, pero ya tiene con qué defenderse solo: en Donde todo comenzó, Patanchón da rienda suelta a canciones en las que mucho tiene que ver la actual efervescencia política y social.

 Por Cristian Vitale

El marco es una kermesse cultural entre paredes negras y luces de colores: el salón de fiestas del Suterh. Alguien recita poesías de Paco Urondo, Daniel Santoro pinta futuro con su verba, están los Negros de Mierda y Víctor Heredia no canta, pero bien se lame por el actual estado de cosas en la Argentina. Peteco sí: Peteco toca y canta. Ellos adhieren al colectivo Músicos con Cristina, que creció meteóricamente a través de una movida de Facebook y de, claro y sobre todo, una necesidad de jugarse. El también. El está aquí y toca dos temas que no entraron en su primer y único disco (Donde todo comenzó), pero sí en el que vendrá. Uno trae toda la impronta de su tierra (“El hijo de la Salamanca”), y el otro –“Bailecito americano”– reivindica, entre otras patriadas americanas, la de Francisco Solano López y su resistencia en el Paraguay liquidado por la anglológica mitrista del siglo XIX, mientras atrás proyectan fotos de Néstor Kirchner con Fidel Castro. “A los 30 años yo no sabía quién era Solano. La verdad es que al ser un hijo de los ’90, mi cabeza estaba totalmente vacía de política... por eso siento que lo que está pasando hoy a nivel nacional y continental me ha venido de perlas”, resume él, Daniel Patanchón, en santiagueño básico.

–¿Podría profundizar por qué le ha venido de perlas?

–Porque yo escribía canciones, pero me faltaba una motivación seria. He escrito muchos temas que me parecían un poco vacíos, y de pronto, con toda esta movida que se vive, empecé a ver otras cosas y por suerte eso me ha influido en la parte creativa. Espero seguir por ese lado, porque me interesa saber de dónde venimos y hacia dónde vamos, ¿no? Plasmar eso en las canciones de una manera que sea alegre y que sirva para algo.

Así expone Patanchón su presente, a 38 años de su nacimiento en un barrio santiagueño pegado al monte (Autonomía), y hace sus primeras armas en la guitarra siguiendo a Peteco y Jacinto Piedra (en la época de Santiagueños) por todas las peñas de su pago. “Andando atrás del delirio, con todos los chicos de mi edad, andábamos aprendiendo a tocar”, evoca. El primer mojón serio fue junto a otro prócer del (neo) folklore santiagueño: Horacio Banegas. En él encontró la flexibilidad necesaria y vital para acercar el riquísimo acervo folklórico de la provincia a las nuevas sonoridades. “¡El tuvo la culpa!”, se ríe. “Por un lado me hizo querer la música de Santiago, defenderla; y por otro, transitar los canales de investigación que te permite la guitarra eléctrica. Las dos cosas a la vez.”

–Canales rockeros o jazzeros, en general. Tanto las canciones de su disco solista y sus intervenciones como uno de los guitarristas actuales de la banda de Peteco van por ese lado: Fender Telecaster aplicada a la chacarera, una fórmula que no falla en los últimos tiempos. Si se la aplica bien, claro.

–Y... ellos han inventado la guitarra eléctrica y son los que saben hacerla sonar.

De ahí que Patanchón, compositor táctil en esto de la tensión vital entre géneros, ponga a sus musas locales en el mismo lugar que sus referentes: John Scofield, Joe Pass, Jimmy Bruno, Eric Johnson, Steve Vai o el mismo Slash. Chipaco y adrenalina; vidalita y distorsión; viola eléctrica por un lado y tradición por otro. ¿Dónde está la síntesis? “Bueno, en última instancia, mi gran influencia como guitarrista es Peteco, sin dudas. Siempre lo he visto tocar folklore con la guitarra eléctrica, y era lo que me llamaba la atención. Después, cuando empecé a tocar con Horacio, se me armó un lío porque él, en su transgresión, quería que yo tocara la guitarra como un rockero, y yo quería tocar la criolla. Me decía: ‘Tienes que tocar la eléctrica y distorsionada...’ ¡Estaba a años luz de él! (risas). Ahí empecé a buscarle la vuelta para ver qué era lo que este tipo quería que hiciera...”

–Eléctrica y distorsionada... nada de grises.

–Horacio quería toda la mugre y yo estaba ahí con todos mis prejuicios. Por suerte tenía la cabeza bastante metida en tocar con él, y empecé a escuchar un montón de música, Chick Corea, en fin, la cosa era lograr un sonido... la cohesión entre lo que sonaba de tradicional en Horacio y lo que yo tenía que tocar arriba de eso. Han pasado muchos años hasta que reconocí que estaba bueno.

El puente esencial llegó cuando Peteco lo incorporó a su banda viajera en las épocas de Ckayna Cunan (2006). Patanchón andaba de gira en gira con Demi Carabajal (hermano menor de Peteco) y, a través de Demi, el creador de “La estrella azul” lo probó en vivo en un recital en Colón, Entre Ríos. Fue cosa de zapar y ver qué onda. “Había faltado el guitarrista. Me subieron al escenario, Peteco agarró el violín y me dijo: ‘Meta, es en Si menor’. Claro, yo sabía todos los temas suyos pero, bueno... me midieron en vivo, primero rasgueando con la criolla y después pelando con la eléctrica. Por suerte todo anduvo bien.” Tanto que hoy Patachón comparte su cosa solista con la Banda Santiago (junto a Demi, Dipi Carabajal y Franco Ramírez), y la formidable agrupación de Peteco, tal vez la mejor en años.

–Además de la acústica de nylon, claro, con Peteco toca la eléctrica limpia, prácticamente no hay distorsión. Al menos así se escuchó en los últimos festivales.

–Eso quiere decir que engaño bien (risas). No sé, en el último disco de Peteco hay temas con mucha mugre. Simplemente trato de hacer lo que la canción necesita en ese momento, no tengo privaciones y uso lo que me viene en mente. Pero es cierto que la distorsión es bastante cálida y suave, porque siempre he escuchado guitarristas que tocan fusión y son muy limpios. Tienen una técnica muy depurada, que trato de emplear si la canción lo requiere... ya sabemos quién es la que manda en la música.

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“La verdad es que al ser un hijo de los ’90, mi cabeza estaba totalmente vacía de política.”
Imagen: Eugenia Kais
 
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