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Jueves, 13 de abril de 2006

MUSICA › ENTREVISTA CON LA CANTANTE FOLKLORICA ROXANA CARABAJAL

La chacarera, hecha mujer

En su tercer cd, Amor, sangre y silencio, la santiagueña debutó como autora con una canción sobre el doble crimen de La Dársena.

El 6 de febrero de 2003, dos jóvenes santiagueñas (Patricia Villalba y Leyla Nazar) aparecían muertas en La Dársena. Patricia tenía 26 años, Leyla 22, y ambas fueron la gota de sangre que derramó el vaso, en la provincia más retrógrada –en términos políticos– del país. Ellas marcaron, con su vida, a qué grado de miserabilidad puede llegar el poder cuando se mueve al margen de la dignidad. Pasaron tres años, cayeron Juárez –ex supragobernador– y su mujer Nina, hubo 60 marchas silenciosas, hay siete detenidos, pero aún el caso espera el juicio oral. “En Santiago vienen sucediendo cosas terribles hace décadas. Es una provincia muy maltratada en lo económico por el monopolio que existe desde hace 50 años; en lo social, porque hay una especie de silencio sepulcral que viene desde la dictadura, que subsistió como algo horrible. Y en lo político, cinco décadas de feudalismo y tragedia.” No es que Roxana Carabajal –dueña de estas palabras– esté bajando línea política simplemente por ser Santiago su provincia más querida. Lo es por una causa más práctica y coherente. En su flamante tercer disco –Amor, sangre y silencio– aparece el primer tema propio de su vida: Sangre y silencio. “No temas que aquí estoy / luchando por tu paz / nada me va a detener / pienso volar hacia ti / cruzar las nubes y allí / allí encontrarte hija, por fin”, canta, como doblándole la voz a Olga, madre de Patricia Villalba. “Es la canción que nunca hubiese querido hacer –explica–. La historia conlleva tanto dolor, es tan fuerte que me sentí impulsada a ponerme en lugar de Olga, como madre que soy, como santiagueña y como ciudadana. Cuando le alcancé la canción a ella, me dijo que lo de las marchas y sus pedidos se está apaciguando demasiado, pero que igual no va a descansar hasta que los culpables paguen”, dice.

Roxana, mujer dulce, muy serena, cuenta que si bien nació en Buenos Aires, vivió en Santiago su niñez y su adolescencia. “Cuando entré en razón, durante la adolescencia, partí de Santiago. Tenía 17 años, empecé a cantar con Peteco y me di cuenta de que no todo era ‘inocencia’ allí.” En los discos anteriores –Astilla y Fe– su crédito no figura en ningún tema; en cambio, en éste se largó y parece que no piensa echarse atrás. “Me animé a cruzar la barrera del prejuicio. Suelo subestimarme mucho, pero me surgió mostrar lo mío. No aguanté y lo saqué.”

–Latido es otro de sus temas. ¿De dónde salió la frase “soy mujer, soy chacarera”?

–Una vez Gieco dijo: “Roxana es como la chacarera hecha mujer”. Fue muy fuerte, porque lo admiro muchísimo. Pero, sobre todo, fue importante para las mujeres que estamos en esto y luchamos por estar a la par del hombre.

–¿Sigue siendo machista el folklore, entonces?

–No. Pero ellos son más que nosotras. Latido tenía que ser algo más que un título. Empecé a ver de qué manera podía contar mi vida en una canción... cosas relacionadas con la tierra, momentos vinculados con el lugar donde se festeja el cumpleaños de mi abuela Luisa... en fin.

–León, sin querer, la llevó a su infancia...

–Indirectamente sí, porque me trasladó a la piecita en que vivía con mi mami Graciela –hermana de Peteco–, mi papi –en realidad el abuelo Carlos, padre de Peteco–, mi tía y Demi. Era salir del umbral y pisar el patio de tierra de mi abuela y el despertar, en vez de un gallo, era con mis tíos tocando chacarera a las 7 de la mañana.

–Hay una presencia fuerte de Demi, hermano de Peteco y tío suyo: compuso varias canciones. ¿Cómo es su relación con él?

–Me lleva un año y vivimos juntos mucho tiempo cuando éramos chiquitos. Ha sido una unión bastante extraña, porque yo ocupé en la casa el lugar que le hubiera correspondido a él como menor, como niño mimado. La infancia con él fue brava, por celoso y caprichoso, algo que me reconoció de grande. Es un tipo talentoso y espontáneo, cuyo valor agregado son las influencias generacionales.

–¿Se refiere al rock? Espejo azul es de Demi y el tratamiento musical excede largamente los márgenes del folklore.

–Es natural. Me acuerdo de que cuando viajábamos por la ruta en las giras con Peteco, escuchábamos a los hermanos Simón, a Carlos Carabajal, a Raly, pero también U2, Peter Gabriel y The Police. Son los referentes que tenemos en cuenta para fusionar con el folklore.

–Van hacia un sentido más universal. Incluso a Peteco se lo nota más “eléctrico”.

–Tenemos un aprendizaje muy regionalista, pero no nos cerramos en eso. Si queremos llevar nuestra música al mundo tenemos que explorar otros lugares, ¿no? Además, la nueva generación le pide más pesto al folklore.

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Roxana, un nombre femenino para el clan Carabajal.
 
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