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Sábado, 24 de septiembre de 2011

MUSICA › MARIANNE FAITHFULL OFRECIO UN CONCIERTO BREVE Y BELLO EN EL COLISEO

Una dama que sabe construir intimidad

Acompañada sólo por el notable Marc Ribot en guitarra, la ex musa de Los Rolling Stones hizo un repaso acotado por su carrera. En la segunda mitad, el concierto cobró un vuelo expresivo único.

 Por Roque Casciero

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MARIANNE FAITHFULL

Músicos: Marianne Faithfull (voz) y Marc Ribot (guitarra, ukelele y voz). Lugar: Teatro Coliseo, jueves 22 de septiembre.
Público: 800 personas.
Duración: 70 minutos.

Faithfull y Ribot ofrecieron una versión brillante de “Solitude”, de Duke Ellington.
Imagen: Damián Darrás - Gentileza Faena Group.

El Coliseo a menos de la mitad, los micrófonos y sillas casi en el fondo del escenario... La pregunta que surgía justo antes de que empezara el show de Marianne Faithfull acompañada en guitarra por Marc Ribot era cómo iban a arreglárselas para lograr esa “velada íntima” que proponían los afiches. Tal vez, en un lugar más chico y con la dupla más cerca... Pero no, para conseguir un contacto casi a flor de piel entre ellos y el público no hizo falta más que el enorme charme de la gran dama –que fue novia de Mick Jagger, amante de Keith Richards y musa de Los Rolling Stones–, con esa voz que evoca tantas noches de humo y alcohol. También contribuyó una lista de temas breve pero perfecta, con temas propios, de John Lennon, Bob Dylan, Duke Ellington, The Decemberists y “dos tipos a los que conocía en los ’60” (je). Y como para que todo cobrara más vuelo, la guitarra acústica de Ribot, viejo acompañante de Tom Waits, que en la segunda mitad del show abandonó su rol de mero acompañante y se convirtió en brillante protagonista.

Allí estaban, los dos solos sobre el escenario enorme, luces tenues, sonido perfecto. Saco y pantalones oscuros, y camisa blanca para la dama que, cuando la descubrió, Andrew Loog Oldham describió como “un ángel con tetas grandes”. Claro, eso fue en los ’60, y la que llegó al Coliseo parece más la tía abuela de aquel icono pop, pero también es cierto que esta señora tiene un recorrido artístico impensado para aquella chiquilina que se dio a conocer con “As Tears Go By”. Sí, Faithfull pasó momentos malos –adicciones, vivir en las calles, anorexia–, pero salió de todo eso hace décadas y se convirtió en una figura respetada, que logró emparejar sus logros como cantautora con el mito de la reina del Swinging London. El concierto porteño, con la versatilidad de Ribot de por medio, fue un repaso acotado de ese camino. Y arrancó por el final, porque el primer tema fue el que da nombre al último álbum de Faithfull, “Horses and High Heels”, y le siguieron otros dos del mismo disco, “Why Did We Have to Part” y “That’s How Every Empire Falls” (que presentó diciendo que era sobre Estados Unidos: “El imperio maligno, que está cayendo... y no tuvimos que hacer nada, lo hicieron ellos solitos”).

“Todavía fumo, ¿saben?”, compartió la blonda cantante con el público después de que apareciera la primera tos, y recibió un murmullo cómplice de la platea. Más tarde acudió a otros dos temas que grabó en Horses and High Heels, “Prussian Blue” y “Love Song”, entre las que intercaló “The Crane Wife”, de los Decemberists, de otro disco reciente, Easy Come, Easy Go (2008). Hasta ese momento, el concierto era encantador, pero lo mejor estaba por venir. Y llegó apenas Faithfull anunció: “Quizá conozcan ésta, la hice con un tipo del que no me acuerdo el nombre, se llama ‘Sister Morphine’”. El tipo en cuestión, por si alguno no captó la ironía, es un tal Mick Jagger, y la canción fue incluida primero en el brillante Sticky Fingers de los Stones. Faithfull debió pelear legalmente para que le reconocieran sus derechos por haber escrito la letra del tema, que en principio apareció acreditada a Jagger-Richards. Pero eso es historia: el jueves a la noche, el presente eran Faithfull y su voz profunda y quebradiza, más la guitarra de Ribot que empezaba a soltarse. Y enseguida, el pico más alto, una versión de “Solitude” (Ellington) que trasladó a todos a un bar lleno de humo, de esos de películas en las que de repente cesan gritos y ruidos de vasos para poder escuchar la voz que pronuncia cada palabra desde las tripas.

“Baby Let Me Fallen You Down”, de Bob Dylan, con Ribot deslumbrante en ukelele, fue grabada para Amnesty International durante el concierto, según anunció la cantante. Y después, los “hits”: “Broken English” (“una canción política”, con la guitarra convertida en orquesta), “As Tears Go By” (el momento en que aparecieron los celulares con cámara de video), la movilizadora versión de “Working Class Hero” (de John Lennon), “The Ballad of Lucy Jordan” (también de Broken English) y “Strange Weather” (compuesta para Faithfull por Tom Waits). El bis fue sólo para ella, que cantó “Love Is Teasing” a capella, bien cerca del público, y después repartió apretones de manos antes de partir, con la elegancia de una dama que sabe bien de qué se trata eso de la intimidad.

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