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Jueves, 20 de octubre de 2011

MUSICA › NESTOR BASURTO, BRIAN CHAMBOULEYRON Y NICOLAS CIOCCHINI, JUNTOS EN NO AVESTRUZ

Juglares argentinos, ni más ni menos

“La juntada tiene que ver con el espíritu de los juglares”, dicen los tres hacedores del espectáculo Al compás de la vihuela.

 Por Cristian Vitale

Néstor Basurto se crió, suburbano, entre tangos y zambas. Entre Oscar del Cerro, prototipo del cantor nacional, Aníbal Troilo y Roberto Grela. Hoy toca la guitarra, canta, arregla y produce. Es autodidacta –siempre lo fue– y lleva en su mochila conciertos con mil músicos: Ricardo Mollo, Teresa Parodi, Colacho Brizuela, Hamlet Lima Quintana y Rubén Juárez, entre otros. Grabó dos discos (La vieja ausencia y Recalada) y formó dos grupos: Néstor Basurto y Los Mejores de la Cuadra y el Quinteto Ventarrón. Ahora toca en la banda del Chango Spasiuk y está inmerso como voz de una cantata que están armando Oscar Alem y Ramón Navarro. Brian Chambouleyron arrancó orientando su música a los niños y luego se pasó de bando. Actuó, tocó la guitarra y cantó en diversas obras teatro-musicales (La tempestad, La increíble historia de los hermanos Marrapodi), generó espectáculos y viajó por el mundo con ellos (Tangos, valses y milongas, Los caminos de Gardel) y grabó tres discos: Chambouleyron le canta a Gardel, Chambouleyron voz y guitarra y Tracción a sangre. Nicolás Ciocchini, el tercero en discordia, exprime el jugo de su guitarra entre tangos, milongas y canciones criollas. Para muestra vale escuchar Viola mía, su único –y formidable– disco a la fecha. También es actor.

Cada uno de los tres tiene su vuelo autónomo, pero los unifica una pasión: la guitarra argentina. “Nuestra pasión es por la música argentina, a secas –afirma Basurto–. Yo bromeo cuando me toca dar alguna clínica o algo parecido... Agarro un tango como ‘Nada’ y lo hago en tiempo de tonada, en tiempo de chamamé, de chacarera, de vals y lo termino en tango, para mostrar que los prejuicios no existen. Todo es música argentina.” En ese punto, entonces, confluirán los tres esta noche en No Avestruz (Humboldt 1855). En ese punto equidistante y cercano a la vez entre varios de los géneros que componen el acervo de la música nacional, que llamaron Al compás de la vihuela y que contemplará cada especificidad con sus cruces. “La juntada tiene que ver un poco con el espíritu de los juglares, con esta idea de desprejuicio que un poco se perdió, porque los cantores criollos cantaban de todo y no se andaban preguntando si tal cosa iba a caer bien o mal, si era tango o no”, redefine Ciocchini. Al compás de la vihuela, entonces, se propone rescatar la antigua tradición de los trovadores criollos, y entreverar a los tres, en tanto juglares modernos, en un contrapunto de estilos y repertorios, de circulación e intercambio. “Cada uno hará su parte y después se irá cruzando con el otro y en esos cruces habrá temas como ‘Con tus ojos negros’, una rumba exótica que hizo Gardel o un tema casi étnico, cuyano y casi medieval como ‘La madrugada’”, prevé Chambouleyron, recién llegado del sur de Francia, donde presentó el espectáculo Los caminos de Gardel. “La idea es que crezca e incluso que nos trascienda a nosotros, que no se quede en estos tres personajes y un asado”, distiende Ciocchini.

–Queda claro cómo van a ser los cruces, ¿pero qué va a mostrar cada quien?

Brian Chambouleyron: –Yo estoy con Gardel y la época de la floración del tango. Nunca predetermino lo que voy a tocar, lo decido en el momento, pero va a ir por ahí, creo.

Nicolás Ciocchini: –A mí me da mucho por tomar lo que han hecho otros y destruirlo (risas), y en esa destrucción aparecen cosas nuevas. Estamos de acuerdo con que el arranque siempre viene de atrás. En mi caso, las primeras canciones que encaré para mi proyecto solista fueron siempre tangos tradicionales, estilos criollos y milongas camperas. Ahora estoy encarando repertorios del Tata Cedrón, el Tape Rubín y Juan Lorenzo y creo que mi propuesta va a ir por ese lado.

–¿Tradición o innovación?

Néstor Basurto: –No se puede innovar si no se conoce la raíz. En mi caso, siempre, antes y hoy, me identifiqué con Oscar del Cerro, un cantor rioplatense de milongas, el típico cantor nacional. El cantaba solo, o con dos o tres violeros, y yo sigo cantando las cosas de esa época, muy viejas, y después hago lo nuevo, las composiciones mías. Si bien no me considero un poeta sino un tipo que hace un garabato de vez en cuando en un papel, a veces me sale bien. Hago las cosas nuevas pero sin olvidarme de un Gardel, un Le Pera, un Homero Expósito, de un Dávalos o un Hamlet Lima Quintana. Como dije antes, todo es parte de una misma cosa: la música argentina.

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Al compás de la vihuela contemplará lo específico de cada músico y también sus cruces.
Imagen: Sandra Cartasso
 
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