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Martes, 13 de diciembre de 2011

MUSICA › ROGER MCGUINN TOCARA ESTA NOCHE EN EL COLISEO

“De a poco se vuelve a la melodía”

El cantante y guitarrista fue el fundador de The Byrds, una de las bandas fundamentales del rock que hizo base en el folk, y cantará varias canciones de esa época.

 Por Gloria Guerrero

La noticia promocional de que por primera vez un miembro de los Byrds actuaría en la Argentina ha mantenido en vela, alimentados a pura algarabía, a todos los viejos y modernos fans de una de las bandas fundamentales de la historia del rock de Occidente; incluso a aquellos que sólo la registran por la versión de Charly García de “Me siento mucho mejor” (“Feel a Whole Lot Better”, 1965). Pero es el mismo Roger McGuinn quien desmiente por teléfono, amable, su supuesta primera pisada en el suelo del país: “En realidad, yo ya estuve en Buenos Aires antes... Fue en 1962, antes de que todos ustedes hubieran nacido”, se ríe. “Fui a tocar con el Chad Mitchell Trio como parte de una gira que nos llevó a varias ciudades de Centro y Sudamérica pero, claro, hace cincuenta años (vuelve a reírse). Me encanta la idea de ir ahora para allá. Mi agente se conectó con un productor argentino que le propuso hacer un concierto, y yo tenía muchas ganas, así que...”

El Chad Mitchell Trio fue un exitosísimo y virtuoso grupo vocal que interpretaba canciones político-satíricas durante los tiempos de la Guerra Fría y Vietnam: tuvo a McGuinn como guitarrista e intérprete de banjo cuando el chico aún no había cumplido los 20. Pero pocos meses después de aquella experiencia, en la ciudad de Los Angeles, el mismo chico fundó The Byrds, uno de los pilares de la escena musical universal. Y esta noche, con McGuinn, a punto de cumplir 70 y blandiendo su célebre Rickenbaker de doce cuerdas, se agitará el teatro Coliseo. “Seguro que voy a tocar ‘Turn, Turn, Turn’, ‘Mr. Tambourine Man’, ‘Eight Miles High’, ‘So You Want to Be a Rock’N’Roll Star’, y quizá ‘Chimes of Freedom’ y ‘Feel a Whole Lot Better’, también. Habrá bastante de los Byrds y también canciones de mi carrera como solista, además de temas tradicionales del folk, al que adoro.”

–¿Por qué cree que los Byrds siguen vivos en la memoria de todos, después de medio siglo?

–Porque hicimos base en la música folklórica tradicional. El folklore, de cualquier parte, es la forma artística más perdurable.

El señor McGuinn confiesa deberles su historia personal a varios célebres nombres y no es poca su humildad, considerando que tantos centenares de otros nombres le deben su historia personal al propio nombre célebre del señor McGuinn. Para este prócer, los próceres a nombrar son Elvis Presley (“Fue mi inspiración para empezar a tocar la guitarra; cuando escuché ‘Heartbreak Hotel’ sentí que era lo más importante de mi vida”); Pete Seeger (“Es maravilloso, es un héroe desde hace más de sesenta años, un increíble activista político y ecológico”); Bob Dylan (“Sus letras, su manera de componer, son absolutamente magníficas”) y Los Beatles (“Sin ellos nunca se nos habría ocurrido armar los Byrds. Terminé haciéndome muy amigo de John y de George... Es más: conocí por primera vez la Rickenbaker cuando lo vi a George tocándola en A Hard’s Day Night; nunca en mi vida habría imaginado una guitarra eléctrica de doce cuerdas. Apenas pude, me la compré y la usé”).

–Fifth Dimension (Quinta dimensión, el alucinado tercer álbum de los Byrds que incluía “Eight Miles High” y “Mr. Spaceman”) fue editado en julio de 1966, ¡un año antes! del Sgt. Pepper de los Beatles. Podría decirse que los Byrds, y no Los Beatles, inauguraron la psicodelia en el rock...

–Bueno, no lo considerábamos psicodelia por entonces: sólo fue “algo así como” nuestro tributo a John Coltrane y a Ravi Shankar. Cuando con los Byrds salíamos de gira nos la pasábamos escuchando cassettes –el cassette, toda una novedad por aquellos tiempos– y de un lado teníamos grabado a Shankar y del otro lado a Coltrane. Eso era lo único que escuchábamos en el micro, una y otra vez. La palabra “psicodelia” un poco la inventó la prensa, pero para entonces nosotros estábamos experimentando con drogas psicodélicas, así que la palabra tenía sentido... (se ríe).

–Si tuviera que hacer un tour de fans, ¿qué álbumes recomendaría de los Byrds, cuáles de su carrera solista y cuál (uno, solo) de las tantas compilaciones que se han hecho de su ex banda?

–Todos los de los Byrds me gustan, cada cual por alguna razón, pero si tengo que elegir optaría por el primero (Mr. Tambourine Man, junio de 1965) porque tenía todo el entusiasmo de ensamblar a la banda por primera vez; y también el segundo (Turn! Turn! Turn!, diciembre de 1965), porque Pete Seeger, cuyo tema-cover fue el hit, es realmente fantástico. Younger Than Yesterday (febrero de 1967) también es uno de mis favoritos... pero es complicado elegir sólo uno. De mi carrera solista me gusta mucho Cardiff Rose (1976) por su enorme carga de energía y porque fue grabado durante la gira Rolling Thunder Revue con Bob Dylan. Y si tengo que recomendar una sola de tantas recopilaciones y box sets de los Byrds elijo la más reciente, la de 2011: Complete Columbia Album Collection incluye todos nuestros álbumes, más los bonus tracks y hasta las tapas originales. Es mejor que cualquiera de las otras de todas estas décadas, porque cubre absolutamente todo lo que hemos hecho. Ahí tienen todo.

–The Folk Den Project es su empresa personal: rescata toda la tradición folklórica de habla inglesa y marca, sin dudas, un “antes y un después” en la difusión de esta cultura.

–Desde noviembre de 1995 llevo ya dieciséis años subiendo una canción cada mes a mi página (http://www.ibiblio.org/jimmy/folkden-wp/), para preservar la memoria de la música folk. Cualquiera la puede bajar...

–¿Gratis?

–Absolutamente gratis. Ya llevamos 195 canciones, en formato mp3.

–Se sabe de su afición y su destreza para con las nuevas tecnologías.

–Creo que Apple tuvo una idea brillante al crear nuevas herramientas, a las que por desgracia ahora no todos tienen acceso porque algunas han dejado de ser gratuitas. Creo que la tecnología digital es maravillosa; uso mucho el ProTools en mi Macintosh para grabar álbumes, y eso es espectacular... El músico, fíjese, deja de depender como esclavo de su compañía discográfica y de los horarios de los estudios de grabación: lo hace en su casa. Eso le viene muy bien a la música independiente.

–“Armonía” y “melodía” son dos buenas palabras que definieron a los Byrds, en gran parte. ¿Ahora, cómo lo ve?

–(Piensa.) Creo que de a poco se va volviendo a la melodía, pero muy de a poco. Durante veinte años me parece que se perdió: muchas bandas hablaban, solamente hablaban, sin cantar. Pero creo que ahora todo regresa, de a poco. Estoy viendo una tímida vuelta a las armonías y a las melodías, incluso en grandes conciertos en grandes estadios... Va bien.

–Usted no se llama Roger. A usted lo bautizaron James.

–Sí, pero a fines de los ’60 estuve comprometido con cierta espiritualidad oriental y un maestro de entonces me sugirió que, si cambiaba mi nombre, tendría otra relación con el Universo y me iría mucho mejor en la vida. Pensé: “¿Por qué no? ¡Voy a hacer el intento!”. El maestro me dijo: “Inventate un nombre que comience con la letra R, buscate un nombre que empiece con R”. Y yo elegí Roger, que además es una palabra técnica (Roger significa ‘comprendido, recibido’). Pero para el gobierno de los Estados Unidos mi nombre sigue siendo James, tanto en mi pasaporte como en lo que tenga que ver con cualquier documentación oficial. Adopté Roger como “nombre para tocar en escena como músico”.

–¿Pero por qué piensa usted que aquel maestro oriental eligió la “R”?

–No sé, no tengo idea. Sólo me dijo “R”; no sé si esa letra significaba algo en especial.

–Con ese criterio, en vez de Roger podría haber elegido ¡Ramón!

–¡Absolutamente! (Se ríe.)

–León Gieco, uno de los más célebres artistas de la Argentina, ha declarado cientos de veces que decidió hacerse músico apenas escuchó “Mr. Tambourine Man” en la versión de los Byrds. Así las cosas, aquí se le debe a usted más de lo que usted imagina...

–¡Guau! (Piensa.) No sabía, no sabía, me encantaría conocerlo. Me alegro de enterarme, gracias por habérmelo contado. Uffff, ¡qué modo de empezar una carrera, este hombre!

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