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Lunes, 24 de septiembre de 2012

MUSICA › ANABELLA ZOCH Y LAS CANCIONES DE SU DISCO RAICES ARRANCADAS

“No podía más de añoranza”

Tras grabar su primer disco y ganar el Premio Revelación en el Cosquín de 1996, la cantante salió a recorrer caminos europeos. Y aunque fue una experiencia enriquecedora, sintió la necesidad de pegar la vuelta: este jueves actúa junto a Lucho González.

 Por Cristian Vitale

“El que se fue va creando la patria en una baldosa”, canta Anabella Zoch en la poderosa chacarera que abre el disco homónimo: Raíces arrancadas. Once piezas sobrevienen y en el camino encuentran valses peruanos, guaranias, cuecas chilenas, zambas, boleros o simples canciones. Encuentran, también, intervenciones clave –Luis Salinas, Leo Sujatovich, Tilín Orozco– y ante todo una, la de Lucho González, guitarrista, arreglador y director de todo el disco. Pero aquella que principia es la llave que abre el mundo propio, algo errante, algo precisamente “arrancado”, de esta cantautora de genes suizo-alemanes nacida en San Nicolás que, luego de grabar su primer disco y ganar el Premio Revelación en el Cosquín 1996, emigró a Sevilla y anidó diez años allí. “Quien se fue y escucha la chacarera, se va a sentir reflejado, porque está todo: cuando pegábamos las fotos con chinches en los roperos de las piezas alquiladas, la ilegalidad, la imposibilidad de cruzar fronteras, el ir presa por no tener documento europeo... en fin, todo eso nos pasó”, cuenta ella, con hablar pausado, y a punto de presentar el disco –junto a Lucho González– este jueves 27 en el Tasso (Defensa 1575).

Raíces arrancadas, entonces, opera como la nueva carta de presentación de Zoch en su tierra. El pisar fuerte de una artista que, impulsada por la crisis de 2001, fue a buscar futuro a otra parte. Y se encontró con el desarraigo, la melancolía y la extrañeza, tanto como con la posibilidad de trabajar. Fue en España donde Zoch grabó sus siguientes discos (Canto y Merece lo que sueñas), entrenó la voz de cantantes y actores de teatro, cantó en bares, y giró lindo por Europa junto al grupo de tango del ex Spinetta Jade, Leo Sujatovich. “No, no me volví por lo mismo que me fui. No me volví por la crisis en España. Fue porque no podía más de la añoranza... extrañaba mucho el aroma, el código y la gente de aquí. Y volví muerta de miedo, perseguida por el fantasma de no saber qué hacer”, retrotrae al momento del retorno inmediato. “Yo no era muy conocida aquí. Sí, había grabado mi primer disco que, dada la crisis, nunca salió de mi casa. Había pasado con suerte por el Festival de Cosquín y había compuesto ‘Justo ahora’, la zamba que se hizo conocida cuando la grabó Tamara Castro, pero diez años afuera es mucho. Fue complicado hasta que me volví a encontrar con Leo, y la marea cambió”, cuenta.

Leo es, claro, Sujatovich. Días después de pisar suelo argentino, el tecladista la convidó para hacer un ciclo junto a Lucho González y el convite derivó en un disco entre los tres (Coincidencias) y una gira por Holanda y España que, esta vez, fue con pasaje de vuelta. También en el compromiso del compositor peruano de meter mano en las doce piezas de Raíces arrancadas. “De ahí su impronta latinoamericana, ¿no? Pesaron mucho para la elección del repertorio la mitad peruana de Lucho y, sobre todo, mis vivencias latinoamericanas en Europa.” Zoch alude a que conoció más de Latinoamérica en Europa que antes de irse. Que fue allí donde escuchó y recreó durante sus toques nocheros en La Carbonería de Sevilla temas de Chabuca Granda, Violeta Parra y Chico Buarque, y que el disco traduce a través de versiones de “Cardo o ceniza” (Chabuca), “La jardinera” (Violeta) y “Oh qué será” (Chico). “Si a eso le sumamos los nuevos aires que se respiran en el continente, bueno, el regreso y el disco cierran bien amigos. La verdad que me encontré con una sensación de patriotismo que no había cuando me fui del país... esta es una Latinoamérica latiendo en ebullición, de hermandad entre los países, algo que me hizo decir ‘qué divino, hagamos todo... cortemos con esta historia de que si no es del norte argentino no es folklore’”, sostiene.

Un repertorio bien latinoamericano que la cantante corta con canciones propias que, tal la impronta de la chacarera inicial, cuentan del exilio y sus penas. “Tonada del sol para mi madre”, por caso. “La escribí para mi madre, y el sentimiento es el mismo de ‘Raíces...’: la nostalgia. Yo sentía que ella se despertaba triste, y no tenía forma de contener esa sensación de que se le había quedado un pedazo del corazón vacío. De esa aceptación de la distancia, de ese no poder hacer nada, nace la canción.” “Desde mi noche, sol de la mañana cuando son noches mis días, derrama sobre su cama, todas las canciones mías”, tararea a tono de trova rosarina, y se emociona. “He sido de Baglietto y Silvina Garré toda mi vida y, como dije, en Europa también empecé a ser de Chabuca y de Violeta. Sé que por ahí, Violeta no es muy agraciada como intérprete, pero sus canciones son muy femeninas. En este caso (‘La jardinera’) me pareció muy tierno que no le quede otra opción que hacerse jardinera y empezar a desgranar todo lo que le pasa con ese amor perdido. Busca una forma de olvidarse y dice ‘voy a plantar flores’, y cada flor le va a hacer algo al ser perdido. En el fondo fue una tierna, Violeta... y todas, en algún sentido, queremos ser como ella.”

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“La verdad que me encontré con una sensación de patriotismo que no había cuando me fui del país.”
Imagen: Leandro Teysseire
 
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