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Martes, 23 de octubre de 2012

MUSICA › ENTREVISTA A GENE SIMMONS, BAJISTA Y LIDER DEL CUARTETO

“En un show de KISS, todos los problemas desaparecen”

El 7 de noviembre, la banda llegará por quinta vez a Buenos Aires: presentará el flamante Monster en River y demostrará que nada ha cambiado. “La estrella de rock es más grande que la música que toca. Tiene que tener carisma y vivir el presente al máximo”, asegura Simmons.

 Por Mario Yannoulas

“Uso más maquillaje y tacos más altos que tu mami.” A Gene Simmons le gusta usar ese eslogan para presentarse, porque si alguien sabe cómo llamar la atención, ése es él. Como buen aficionado a los héroes de historietas, el bajista y cantante de KISS sabe que para hacer bien su trabajo tiene que ser distinto a los demás, que no hay superhéroe sin disfraz que lo distinga de la gente común y que ese personaje debe contar con alguna habilidad excepcional o al menos con sus propias herramientas. Entonces compone canciones de rock and roll sumamente efectivas, escupe sangre por la boca y tiene un bajo con forma de hacha, entre otras destrezas. “Si tuviera que elegir un superhéroe para ser, me quedaría con Gene Simmons: El Dios del Trueno. A mi lado todo el mundo se ve diferente, ordinario. Nadie se ve como yo. Nadie”, desafía ante la pregunta de Página/12. Si estos personajes necesitan de cierta autosuficiencia para hacer lo suyo es porque son impulsados por una creencia básica: la idea de que sus hazañas individuales pueden salvar al mundo por un rato. Prácticamente de eso se trata, según Simmons, la tarea de KISS desde hace casi cuarenta años.

Muchos superhéroes nacen con un don. A Simmons, por empezar, le tocó una lengua larga, pero no apareció en este mundo maquillado ni empuñando un bajo. Nació al norte de Israel hace 63 años con el nombre de Chaim Witz, en una familia castigada por el Holocausto, y llegó a Estados Unidos siendo apenas un chico. Las capacidades especiales también les permiten a los superhéroes adaptarse mejor al medio que el resto de los mortales. Simmons y la banda asumen que lo suyo es el showbiz, y su hábitat, la sociedad del espectáculo. Así lo entendieron cuando llevaron la incipiente teatralización del rock a un lugar parecido a la masividad del cine. Dado ese rol de performers, no es casual que hayan explotado gracias a un disco en vivo –el imprescindible Alive!, de 1975– y que sean ese símbolo del rock de estadios que tanto cautiva a los publicitarios. Después, tomando el ejemplo de Elvis y Los Beatles, notaron que vender sólo música era un desperdicio y pusieron en vidriera todo lo imaginable, usando la marca generada con sus canciones e imagen. “La estrella de rock es más grande que la música que toca. Tiene que tener carisma y vivir el presente al máximo. Por eso en la historia hubo tan pocas estrellas... Diría que somos cinco o seis. Lo seguro es que Elvis Presley fue el primero”, apunta.

Desde maquillaje hasta papel higiénico, un arco inclasificable de productos lleva estampada la imagen de KISS. “Nuestro merchandising es un fenómeno global. Por ejemplo, existe esta compañía japonesa Hello Kitty, que vende artículos para nenas. Hace poco firmamos un acuerdo mundial con ellos para el lanzamiento de la marca KISS/Hello Kity en noventa países, así que las nenas chiquitas y las no tan chiquitas pueden comprar remeras, pañuelos de papel o muñequitos de Kitty con los personajes de KISS”, detalla Simmons. Pero nada los detiene. Hace poco aparecieron caricaturas suyas en emisiones de la serie animada estadounidense Padre de familia: “Acabamos de cerrar un trato con ellos en Estados Unidos. Vamos a sacar una nueva línea que se va a sumar a los cerca de tres mil productos licenciados por KISS”. La compulsión por “cerrar tratos” rinde frutos, porque según la propia banda lleva recaudado más de mil millones de dólares en ventas de todo tipo.

Entre las iniciativas que los afianzan como una empresa multipropósito está la partida del KISS Kruise II, la segunda edición de un crucero especial para fanáticos. “Va a zarpar a fines de octubre, en coincidencia con Halloween en los Estados Unidos. Ya está todo vendido, así que tres mil fans van a viajar con nosotros en un gran barco. En total van a ser cinco días, salimos de Miami y vamos hasta una islita en las Bahamas. A bordo va a haber un típico show de KISS, un unplugged sin maquillaje y un montón de otras actividades. Nos encanta hacer este tipo de cosas para estar cerca de los fans, que nos importan mucho, y no ser solamente grandes estrellas de rock. Nos tomamos el tiempo para planear todo y pasarla bien con ellos en momentos reales: desayunos, autógrafos, fotos, responder preguntas o conversar”, se entusiasma Simmons. El precio del crucero va desde los 525 a los 3800 dólares e incluye comidas, conciertos de bandas soporte, entrada libre a la disco y el casino, el uso de la pileta y su tobogán de agua, noches temáticas y más actividades inspiradas en KISS. “Va a ser muy bueno para la banda y nuestra gente. La vamos a pasar muy bien.”

–Parece muy entusiasmado con todos los proyectos del grupo, que siempre cultivó el costado divertido, casi satírico del rock. ¿Qué rol cree que juega la diversión en todo esto?

–Es nuestra filosofía, ¿sabés? Y desde el primer día hasta el último va a ser la misma. Cuando venís a un show de KISS te olvidás de los problemas que tenés con tu novia, de lo pesado que estuvo el tránsito o de lo que tardaste en estacionar. Es el momento de la magia: estás ahí y todos los problemas del mundo desaparecen. Esa es la idea. También hay otra música que habla sobre los problemas del mundo y esas cosas oscuras, pero eso no es lo que hacemos nosotros. Más bien sería algo como: “Creé en vos mismo, que la vida es fantástica y la tenés que vivir al máximo”. Vivir buenas vidas, soñar, amar... y disfrutar. De eso se trata.

–Por ejemplo, ¿disfruta de maquillarse antes de cada recital?

–Bueno, a veces estoy muy cansado y puedo ponerme temperamental, pero el mejor antídoto es escuchar a los fans. Sean veinte mil o cien mil, no importa cuántos, sentir su presencia es como una medicina que te levanta y te hace sentir fuerte. El público tiene hasta un olor especial que funciona como un remedio para el músico.

–¿Cree que el rock puede ser un camino para que las personas comunes se conviertan en superhéroes?

–Es una buena analogía. Pero muchos grupos no son de superhéroes. La gente que va a los estadios debería ver héroes, pero insisto en que existen bandas que cantan sobre lo miserable que es la vida. El grunge era exactamente eso, eran todo lo contrario a lo que se espera de un superhéroe. Los Queen sí lo eran: “We are the champions”, “We will rock you”... Esas cosas te hacen sentir vivo.

–Hace unos meses se lo pudo ver en Buenos Aires con el proyecto Rock & Roll All Stars junto a unos cuantos colegas célebres. ¿Qué balance hizo de esa experiencia?

–Es parte de lo mismo. Lo impulsé porque había unos amigos con los que me quería subir a un escenario y disfrutar. En el futuro, probablemente cuando tenga más tiempo, supongo que el año que viene o el otro, voy a tomar esa idea y hacer festivales alrededor del mundo. Ya estuve charlando para armar una banda con Tony Iommi en guitarra y Dave Grohl o Lars (Ulrich) en batería.

La noticia que activó a las tropas kisseras argentinas es que el cuarteto –que completan el histórico Paul Stanley, el guitarrista Tommy Thayer y el baterista Eric Singer– vuelve a Buenos Aires (ver aparte) con la excusa es la presentación de su vigésimo disco de estudio. Monster consta de doce nuevas canciones “libres de baladas” más un bonus track para iTunes. “Nunca habíamos pensado en un nombre para ponerle –explica el bajista–. Es gracioso porque hace unos años estaba por editar un box set con unas 150 canciones que nunca grabamos y pensaba llamarlo Monster; supongo que va a salir en algún momento del año que viene. Cuando conversaba con Tony Iommi sobre esta posibilidad de armar una banda para girar haciendo nuestras canciones favoritas pensaba llamarla The Monsters. Pero cuando teníamos el disco armado fue Paul el que dijo: ‘Viejo, este disco suena como un monstruo, ¿por qué no le ponemos así?’. Es el nombre correcto para el disco indicado y se llama igual que nuestro libro (N. de R.: Una muestra de material fotográfico del que sólo se fabricaron mil unidades), que es tan grande y pesado que cuando lo abrís mide más de un metro y medio en total.”

El sucesor de Sonic Boom (2009) no está pensado para torcer el rumbo de la historia. Es una forma de alimentar el núcleo y agrandar la cáscara del “mundo KISS”. Así y todo, suena como un buen momento de rock clásico con el sello exclusivo de la dupla Stanley-Simmons. Ya eliminaron las influencias externas de moda –como fueran el glam o el grunge–, y concluyeron que no había mejor receta que ser ciento por ciento ellos. Hay groove, las guitarras tienen filo y algunos estribillos quieren quedar picando en los cerebros. Simmons intercepta: “Es el disco ideal para el momento justo. Si escuchara algo así de un grupo nuevo me parecería espectacular, diría ‘Guau, esta banda rockea de verdad’. De hecho, si lo tocáramos completo en vivo tendríamos un gran show, porque con cada tema lo que se percibe es una banda viva. Se siente honesto y conectado directamente con el alma de KISS”.

–¿Qué técnicas usaron para grabarlo?

–Trabajamos en forma analógica, en 24 pistas, al viejo estilo. En 1974, cuando empezamos, se grababa en 16; más tarde la tecnología permitió guardar todo en una memoria digital, pero este es un disco sincero: no hay acordeones, violines ni panderetas. Sólo batería, un bajo y dos guitarras.

–¿La honestidad del rock se vincula con lo analógico?

–Lo analógico no es mejor para el pop o el rap. Ahí no importa, porque lo que ellos hacen no tiene nada que ver con el sonido de la guitarra, entonces pueden trabajar todo lo digital que quieran. Pero en una banda de rock... Cuando escuchás a los Who, a Hendrix o los Stones, notás enseguida que el alma del rock es la guitarra. Una Les Paul pasada por un equipo Marshall tiene un empuje que para ser captado necesita de un determinado modo de grabación, y ese modo es el analógico. Por eso, la revolución de Los Beatles no habría sido tal si hubiesen grabado en digital.

–También ocurre que lo digital es más accesible para las bandas nuevas, a las que les costaría mucho hacer un disco como Monster...

–Para las bandas nuevas todo es muy difícil. ¿Cómo van a pagar el alquiler o juntar plata para grabar un disco si la gente piensa descargar su música gratis? No estamos pidiendo caridad, sino que se apliquen las mismas reglas para todas las actividades: si trabajaste mucho para producir algo, querés que te paguen. Nuestra generación tuvo mucha suerte de haber empezado antes de Internet.

–El disco los encuentra a casi cuatro décadas de su debut. ¿Qué lección le enseñaron estos años en la música?

–Que cuando uno sube a un escenario no tiene que importarle absolutamente nada. Tiene que actuar como si fuese el único concierto que va a dar en su vida, para llenar las palabras de contenido: “KISS, la banda más dura del planeta”. Cuando salimos a tocar tenemos que responder por eso.

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Rock and roll toda la noche y fiesta todo el día: la filosofía de KISS es tan inmutable como la imagen que es marca registrada del cuarteto.
 
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