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Miércoles, 7 de noviembre de 2012

MUSICA › PAUL STANLEY Y TOMMY THAYER, HORAS ANTES DEL SHOW DEL CUARTETO EN EL MONUMENTAL

“Lo que nos hace diferentes es que somos KISS”

El cantante y el guitarrista aseguran que el concierto para presentar el flamante Monster tendrá “pantallas mejores y más grandes, y nuevos tipos de bombas”. “Pero tampoco podemos salir con tres piernas al escenario... ¿Qué más podemos hacer?”, desafían.

 Por Mario Yannoulas

Paul Stanley cierra el puño para concretar el saludo, se sienta en una silla que tiene bordada una gran F y arquea el cuerpo hacia atrás, como buscando reparar el cansancio de su columna en un simple movimiento. “Estamos un poco cansados, pero estamos bien”, anticipa enfrente suyo el otro guitarrista de KISS, Tommy Thayer. Es que esa misma mañana calurosa del lunes aterrizaron en Buenos Aires, dejaron sus cosas en el hotel Faena y salieron en caravana hasta Vorterix, donde generaron revuelo. “Acá la gente es muy apasionada, había cientos de fanáticos esperándonos en la puerta de la radio. La Argentina es única, tiene uno de los públicos más locos que hayamos visto”, elogia Thayer, y Stanley sigue el juego: “Lo que más me gusta de Buenos Aires es que conserva el corazón latinoamericano, pero tiene acercamientos con cierta cultura europea, es decir que hay influencias de otros países. La comida siempre es genial y la gente se porta espectacular con nosotros. Recién, cuando veníamos en el auto, le comentaba a Tommy lo contento que estaba de que nuestra primera parada fuese ésta”, se explaya el guitarrista, cantante, y cofundador de KISS. Hoy a la noche, en la cancha de River, la banda va a concretar su quinta visita a la Argentina, esta vez para la presentación de Monster, su vigésimo disco de estudio.

Al margen de las adulaciones, que parecen incluir sinceridad y gesto cortés en partes iguales, es verdad que le ponen ganas a la situación. Apenas una jornada pasó desde su desembarco luego de cuatro días a bordo del Norwegian Pearl, en la segunda edición del KISS Kruise, el crucero exclusivo para fanáticos que los paseó desde Miami hasta Cozumel, México, y no hasta las Bahamas como estaba previsto, por la amenaza del huracán Sandy. “Fue tremendo –revela Stanley–. Estuvimos con fans de treinta países distintos, dimos dos conciertos tradicionales y un unplugged, además de entretenimientos y concursos. Fue especial para nosotros porque tocamos mucho material de Monster y sonó espectacular. Como esta edición fue mejor que la anterior, ya estamos planeando la del año que viene”, se entusiasma el “Starchild”. Después de días de locura y gente disfrazada a babor y estribor, los músicos se calzaron los lentes oscuros y salieron junto a su tropa directo al aeropuerto para volar a Buenos Aires. Así los encontraba el mediodía porteño: con calor, pocas horas de sueño y las ganas de cuatro adolescentes.

Monster fue editado este año y retoma, con efectividad pero sin demasiado margen para la sorpresa, la ruta tradicional del rock marca KISS, un estilo sui generis que incluso al corazón del grupo le cuesta explicar con racionalidad: “Cuando Paul o Gene traen una canción enseguida suena como KISS. No sé si podría señalar precisamente dónde se produce eso, de dónde sale esa identidad, es un sentimiento inexplicable”, intenta Thayer.

–¿Cómo definirían a Monster?

Paul Stanley: –Me parece que es un disco de rock clásico y un disco clásico de KISS, pero es todavía más. Quisimos hacer un gran álbum de rock, algo que estuviese a la altura del material que nos catapultó cuando empezamos. Las canciones son buenas, hay actitud, estuvimos muy comprometidos con el trabajo y la pasamos bien.

–Hace unas semanas, Gene Simmons le comentaba a Página/12 que grabaron en formato analógico, y que eso tenía mucho que ver con el espíritu de la placa, ¿ustedes ven la misma relación?

P. S.: –Todos los grandes discos que la gente amó y que salieron diez, veinte o treinta años atrás fueron analógicos, es decir, grabados en cinta. Estaban basados en la pasión y no en la perfección, porque para la perfección está la ciencia. The Beatles, Led Zeppelin, Elvis Presley, James Brown, el movimiento Motown... Esa música no era perfecta, había errores, pero le gustaba a todo el mundo porque transmitía pasión. Al grabar en forma analógica tuvimos que retrotraernos a cómo empezaron las cosas: cuatro personas en una misma sala tocando juntas, mirándose las caras, nada de que un día graba uno y otro al día siguiente. Tampoco pasamos demasiado tiempo en el estudio ni hicimos la misma canción veinte veces, porque la vigésima vez no debería ser mejor que la primera o la tercera. Si te pasa eso, es porque no ensayaste lo suficiente.

Tommy Thayer: –Es un disco honesto y verdadero de rock and roll. Lo hizo sólo la banda, no hubo colaboraciones externas, la discográfica no se metió en nada y la producción fue de Paul. Estamos orgullosos, al punto de que en el crucero tocamos cinco canciones del disco, algo que muy raramente hacemos. Son temas poderosos y sinceros que se trasladan perfectamente desde el estudio al escenario.

–Como iconos del rock de estadios, ¿les llama la atención que en los últimos años no aparecieran nuevas bandas capaces de sostener ese poder de convocatoria?

P. S.: –Lo que pasa es que no tienen tiempo de aprender el oficio. Tocar en clubes, volverse la primera banda soporte en un teatro, luego la segunda, después encabezar la noche hasta terminar tocando en lugares más grandes. No tienen la oportunidad de aprender de esto como aprendimos nosotros, después de años y años de experiencia. Ahora las compañías presionan para que se hagan simples y no álbumes completos, y si el primer intento de hit no funciona, se deshacen de los grupos. No aprenden el oficio, y eso la mayoría de la gente lo nota, entonces quizá vendan un disco o algún hit, pero lo más probable es que en vivo sean un desastre y no sepan comunicarse con el público.

–No tienen una visión muy positiva del presente. ¿Escuchan nuevas bandas?

P. S.: –Hay música que está bien, aunque la mayoría no me gusta, lo que no significa que sea una mierda, es sólo mi opinión. Foo Fighters son geniales, pero no hay mucho más que me parezca interesante. ¿Son bandas tan buenas como Led Zeppelin, The Who o Los Beatles? Para nada. Apenas pueden pegar un par de hits. Cuando escucho algo nuevo y siento que me gusta, me pregunto por qué. Y es porque suena como Black Sabbath, pero... ¿es tan bueno? No. Ese es el problema.

Tanto como sus compañeros Gene Simmons y Eric Singer, Stanley y Thayer están altamente entrenados en el oficio de estrellas de rock. Después de casi cuarenta años en el ruedo e incontables giras mundiales –al menos para la dupla Stanley/Simmons–, parecen seguir disfrutando de los pequeños detalles de la profesión. Por eso toman con naturalidad el trabajo de atender a la prensa mientras en la planta baja algunos, recostados al borde de la pileta, se vacían en la espalda lo que quedó de los cubitos de hielo y pretenden estar en el paraíso. A Stanley le cuesta apartar los ojos de su teléfono, pero no se lo nota incómodo: saca con cuidado la tapa plástica del vaso de café para seguir respondiendo las preguntas de Página/12 mientras ingiere un bocado. Thayer hace algo parecido, y explica lo distintas que son las vacaciones de un rockero respecto de las del resto de la gente: “Ser KISS es más que estar de gira, siempre aparecen más proyectos de los que te podés esperar. La gente supone que cuando tenemos un tiempo libre tenemos ganas de ir a Hawai o algún lugar así; pero no, mis vacaciones son estar en casa, y me gusta”. En ese sentido, Stanley cuenta que su casa está libre de discos de platino y mucho más de merchandising: “Trato de que sea un hogar, no un museo, un depósito o un comercio. Todas esas cosas son geniales y me enorgullecen, pero tienen que estar en las vidrieras. Sé lo que logré, no necesito verlo todo el tiempo, ni yo ni mis amigos. Mis hijos sí tienen, les encanta coleccionar productos de KISS”, destapa.

–¿Qué hacen con el tiempo libre?

P. S.: –Como dice Tommy, cuando pasás tanto tiempo afuera por trabajo, tus vacaciones son en tu casa. Tengo cuatro hijos, así que cuando estoy allá me levanto con ellos a las seis y media de la mañana y los llevo a la escuela. Con el más grande, que está en la universidad en Nueva York, hablamos por teléfono todos los días. Nada más importante que los amigos y la familia, y todo queda ahí, no tengo una casa tan grande como para llevarme al público conmigo (risas).

–Los recitales de KISS siempre son especiales. ¿Esta gira tiene nuevos trucos?

P. S.: –Pantallas mejores y más grandes. En un punto, si podemos hacer algo mejor, lo hacemos: tocar distintos temas, tener una puesta de luces diferente, detonar nuevos tipos de bombas. Pero tampoco podemos salir con tres piernas al escenario... ¿Qué más podemos hacer?

T. T.: –Claro, la producción siempre es gigantesca. Tenemos un escenario enorme, hay pirotecnia y todo eso que pasa mientras tocamos, pero al fin y al cabo lo importante es KISS. Hoy somos una banda potente, entrañable y muy creíble, Paul y Gene dicen que estamos ante el mejor KISS de todos los tiempos, y a mí me gusta creerlo porque no estoy hace tanto. Vamos a estar tocando las canciones de siempre más algunas de las nuevas. La banda es el núcleo, lo demás sólo hace todo un poco más importante.

P. S.: –Ahora cualquiera puede hacer un gran espectáculo sólo con plata. Vos podés hacer un show como el de KISS, y de hecho pasa con muchas bandas. ¿Estruendos? ¿Fuego? Ya lo vi antes. Pero hay algo que nunca van a poder hacer: un show de KISS. Y es eso lo que nos hace diferentes. Que nosotros somos KISS.

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“Al fin y al cabo lo importante es KISS. Hoy somos una banda potente, entrañable y muy creíble”, dicen Stanley y Thayer.
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