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Sábado, 22 de diciembre de 2012

MUSICA › MEMPHIS LA BLUSERA, UN HOMENAJE EN EL MULTIESPACIO LOS ANGELES

“Buscamos energía positiva”

Daniel “Ruso” Beiserman, sobreviviente de la formación histórica de la banda que peleó siempre por el blues en la Argentina, no oculta su pesar por la partida de viejos compañeros. Pero le entusiasma lo que sucede con los músicos que subirán hoy a escena.

 Por Cristian Vitale

En junio había pasado la guadaña por Memphis y, por extensión, del blues criollo. Adrián Otero volcaba con su auto en Córdoba y varios giros apagaban su luz, la luz áspera y claroscura de su voz. En noviembre, Emilio Villanueva sufría un paro cardíaco, efecto de una infección urinaria, que acalló su saxo. Dos partidas pesadas, huecos difíciles de llenar para el género en la Argentina. “Lo que era un relanzamiento de Memphis se convirtió en recital homenaje”, dice Daniel “Ruso” Beiserman, único sobreviviente original del grupo que renovó, difundió y popularizó el blues en Argentina. El bajista, fundador y compositor de varios clásicos de los muchachos de Paternal-Floresta no se refiere tanto a Otero –el cantante abandonó la banda en 2008–, sino al hombre del saxo, con quien tenían pensado rearmar la banda con cantante nuevo (Martín Luka) y la posibilidad de volver a usar el nombre original. “Lo de Emilio nos puso los pies en la Tierra. Yo, antes que pasara lo suyo, tenía los pies en el cielo: ¡Estaba cantando en Memphis! Y ahora los clavé acá... no sé, iremos paso a paso”, dice el nuevo cantante, tratando de amortiguar los efectos de un golpe inesperado.

El homenaje será hoy a las 22 en el multiespacio Los Angeles (Corrientes 1764) y presentará un grupo con lo mejor de lo que hay. Ambos (Beiserman y Luka) más Jorge Fiasche, ex guitarrista de Viejos Lobos y la banda solista de Black Amaya; Matías Pennisi en batería; Guillermo Trapani en teclados y Giuseppe Puopolo, que participa como saxofonista invitado de La Blusera casi desde su hora cero. Ellos como sexteto formal, más varios músicos que tuvieron que ver con el intenso y extenso devenir del grupo: Alberto García y Lucas Sedler (guitarristas) y el tecladista Gustavo Villegas que, además de haber grabado en el debut (Alma bajo la lluvia, 1981), participó del debut del grupo en Obras (1991) y ligó algún naranjazo en el BARock de 1982. “¿Cómo olvidarlo?”, refiere él. “Salimos a tocar de traje pensando que éramos muy bluseros y los rockers de antes, con camperas de jean sin mangas y el símbolo de la paz en la espalda pintado con birome, nos tiraron sánguches, botellas de Coca, de todo... nos tuvimos que quedar paraditos mientras Emilio esquivaba las naranjas, hasta que enganchó una de taquito y la devolvió a la hinchada”, se ríe.

“Sí –interviene Luka–, yo ya era fan de Memphis y lo que puedo decir es que era una banda atípica en ese momento... la gente empezó a entender algo de blues recién cuando vino BB King por primera vez. Yo era de los que llegaba cuando empezaba el recital y ocupaba el hueco que la gente dejaba en el medio. La primera vez que fui a ver a Memphis fue en el Rancho Stone de Villa del Parque... y por esos delincuentes y Javier Martínez Manal, me convertí en blusero.” “Y yo tocaba siempre como invitado”, tercia Puopolo. “Conocí a Emilio cuando tenía 13 años y yo era el que tenía que ir enfrente a comprar la damajuana (risas), después me compré un saxo y terminé subiendo a tocar un montón de veces ‘Boogie del preso’, ‘Blues de las 6 y 30’, ‘Moscato, pizza y faina’, en fin, muchos de los clásicos que vamos a hacer hoy.” Memphis, dicho está, estaba proyectando un relanzamiento que tenía como fin remontar una situación que había caído en picada desde 2008, cuando Otero –dos años después de grabar Etc– dejó Memphis e inició una carrera solista que no fue muy bien: apenas pudo grabar un disco (Imán) y dar un puñado de recitales con escasa suerte. “A ninguno de los dos nos fue bien... con Emilio hicimos Viejos Lobos, pero en todas las puertas que golpeábamos nos decían ¿y el nombre?... querían a Memphis, y a Adrián le pasaba lo mismo... nunca pudimos resolver la cuestión del nombre, porque él nos había pedido una plata imposible de pagar para poder usarlo”, cuenta Beiserman.

–¿El homenaje es para Emilio y Adrián?

Daniel Beiserman: –En ese orden, sí. Tenemos pensado pasar fotos de la historia de la banda que tengo en mi archivo personal y buscar lo que ya encontramos en los últimos ensayos: una energía positiva, musical, que supere a la pesada de la muerte, que la modifique.

Martín Luka: –Es clave, doy fe, porque en los últimos ensayos Emilio estaba superfeliz de volver a tocar como Memphis. El había quedado muy sentido cuando se disolvió la banda y era como un volver a reír.

D. B. : –Increíble, ¿no? Después de tantos años de aviones, micros y barcos, Adrián va y se la pone en un viaje de placer. Estaba medio mudándose a Córdoba, una mudanza-hormiga, y recuerdo que mi hijo me dijo “papá, se mató Otero”. Puse Crónica TV y vi el cartelón: no podía creerlo ¿Y con Emilio? Ni él sabía que tenía una infección urinaria... la mujer lo llevó un día al Güemes, le dijeron que se quedara 48 horas en observación, él no quiso y al tercer día se descompuso y se quedó en la ambulancia. Habíamos estado ensayando dos meses y todo bien: soplaba normalmente, nadie se imaginaba este desenlace. Increíble, las dos muertes tan juntas, y no es la primera vez.

El bajista evoca otras dos fatalidades del pasado: las muertes del pintor Eduardo Anetta (baterista de los ’90) y de Eddy Vallejos, guitarrista de la primera formación. Y se ataja con un guiño cómplice hacia el futuro... “La cosa es de a pares. Ahora quedo yo solo y parece que la parca para... espero.”

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Imagen: Arnaldo Pampillon
 
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