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Viernes, 11 de enero de 2013

MUSICA › ENTREVISTA A LA COMPOSITORA, PIANISTA Y CANTANTE REGINA SPEKTOR

La usina de canciones raras

Nació en Rusia y se exilió en el Bronx; empezó como pianista clásica, pero eligió otro camino. Su disco What We Saw from the Cheap Seats significó el ingreso a las grandes ligas musicales. Pero, sobre todo, Spektor tiene grandes, impredecibles canciones.

 Por Gillian Orr *

Regina Spektor tiene una especial predilección por la palabra “mágico”. La pronuncia cerca de una docena de veces durante la entrevista, usándola para describir varias cosas, desde ofrecer un concierto hasta escribir una canción. Tiene sentido que ella la use, es una palabra que le calza justo: nacida en Moscú y criada en el Bronx, la cantante y compositora es todo un personaje, una artista excéntrica cuyas canciones tienen cierta tendencia a referirse a lo sobrenatural y lo divino, así como a toda una buena serie de personajes extraños generados desde lo más profundo de su imaginación. Sentada en una terraza en la parte oeste de Londres, en un día extrañamente soleado, la entrevistada es interrumpida por un súbito ataque de hormigas. Ella toma una entre los dedos y le dice, en un tono infantil: “Vos no deberías estar acá. Ah, sos tan dulce...”.

Algunos no encuentran tan simpáticas las rarezas de la artista de 32 años, pero lo cierto es que en persona ella es encantadora y divertida, llena risitas con los ojos muy abiertos de admiración. El año pasado lanzó su sexto disco, What We Saw from the Cheap Seats (Lo que vimos desde los asientos baratos): las canciones fueron elogiadas de manera unánime por la prensa especializada, lo que para Spektor significó su graduación como artista mainstream que aparece en programas de entrevistas de alto rating y que posee una importante masa de seguidores, incluyendo algunos tan célebres como Barack Obama. Como los anteriores, su disco más reciente es una curiosa mezcla de baladas emocionales, alusiones políticas y canciones peculiares que dan giros y pegan vueltas de tuerca dramáticas, a menudo terminando muy lejos de donde comenzaron, tanto en su género como en los temas que tocan.

Ella lucha por explicar cómo escribe sus canciones. “Es un poco misterioso, un poco raro; de alguna manera, simplemente las siento así...”, dice, y se detiene, y recomienza: “Es como esa sensación de cuando estás a punto de quedarte dormida. Nadie recuerda el momento en que efectivamente se queda dormido, pero todo comienza con esa sensación de que vas a caer dormida, ‘estoy a punto de dormirme’... es como un estado intermedio entre el sueño y la vigilia. Bueno, para mí el momento inmediatamente anterior a escribir una canción se siente un poco como eso, un poquito diferente. Es una sensación ciertamente única”, Para What We Saw..., Spektor eligió trabajar con el renombrado productor de hip-hop Mike Elizondo, famoso por haber coescrito y coproducido canciones con personajes de la talla de Dr. Dre y Eminem. Podría sonar como una extraña pareja, pero Elizondo contribuyó –aunque en pequeña medida– al disco anterior de Spektor, Far (y también ha trabajado con otra compositora algo excéntrica, como Fiona Apple). Aparentemente, Spektor es una gran fan del hip hop. “Definitivamente me animé a contactarlo cuando supe que había trabajado con Eminem... amo a Eminem”, dice. “Esa es una de las razones por las que lo elegí, pero también porque ambos somos unos enfermos de The Beatles y los dos amamos la música clásica. Con todo eso generamos una relación musical realmente muy buena.”

Más de uno seguramente se sorprenderá de escuchar que es fanática del rap. “Hay un montón de hip-hop que amo, pero la mayoría no. Encuentro a la mayoría de lo que escucho aburrido, algo que no me excita para nada. Pero cuando escucho a Biggie o Eminem...”, sacude la cabeza con asombro. “Me encanta el modo en que juegan con el lenguaje, la brillantez para hacerlo. Y amo su corazón. Es fácil darse cuenta de cuando la gente está posando o fingiendo, y diferenciarla de aquellos que realmente ponen el corazón y el alma en lo que hacen. Y hay un elemento cinematográfico. De varias maneras, hay mucha música que encuentro aburrida porque no cuentan ninguna historia, no te llevan a ningún lado. Y entonces escuchás ‘Bonnie and Clyde’ de Jay-Z y Beyoncé, o todo el disco Ready to Die de Notorious B.I.G. y son muy cinematográficos. Y son divertidos; amo el humor que tienen.”

Spektor nació en Rusia, de padres judíos. Su madre era profesora de música y su padre, fotógrafo y violinista. Ella creció en la Unión Soviética, hasta que la familia entera emigró a los Estados Unidos en 1989, cuando Regina tenía nueve años. Fue una experiencia traumática; sus pasaportes fueron cortados para que no pudieran volver. Sin conocer una sola palabra de inglés, se asentaron en un barrio predominantemente judío del Bronx neoyorquino, y Spektor fue enviada a una escuela hebrea progresista. Antes de emigrar, ella ya había aprendido piano clásico; forzada a dejar su piano detrás, se dedicó a practicar en uno que había en la sinagoga local, antes de continuar las lecciones con un amigo de su padre.

–¿Cuándo supo que el piano clásico ya no era lo suyo?

–Cuando era adolescente empecé a sentir que simplemente no lo tenía. Hay ciertas propiedades que alguien debe tener para encarnar y poder expresar ciertas cosas. Con la música clásica una debe tener una especie de memoria fotográfica para recordar toda la partitura, o tener un proceso de lectura realmente rápido a primera vista, o una loca ética de trabajo que contemple trece horas de práctica al día. Pero si no tenés nada de eso, en cierto momento simplemente empezás a dejar de querer hacerlo.

Empezó a escribir sus propias canciones por sugerencia de sus amigos de la escuela, hasta encontrar un lugar en la escena anti-folk de la Nueva York de comienzos del 2000. Pero ella rechaza la idea de que, como muchas de sus canciones son narrativas salvajes, contienen menos carga personal que un artista que escribe sólo en primera persona. “Yo siento que pongo mucho de mí en mis canciones”, insiste. “Entonces, ¿qué?, ¿si alguien escribe no ficción está más presente en su trabajo? Eso no está bien. Los escritores de ficción son algunos de mis escritores favoritos, y siento que pusieron todo su corazón en eso. Es sólo que llega por una avenida diferente. Yo no siento que Shakespeare tuviera menos corazón porque no escribía una columna semanal sobre los desafíos de su vida y sus tribulaciones.” Eso no quiere decir que Regina sea un libro abierto. Cuida muy celosamente su vida privada (se casó recientemente, aunque no está interesada en entrar en los detalles), pero siente la responsabilidad de crear un trabajo honesto y emocional. “Un artista que está creando no se preocupa demasiado por la polución que crea”, sostiene. “Obviamente, no es una polución tan mala como la de alguien que está contaminando los océanos con desechos tóxicos, pero es cierta clase de polución.”

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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