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Viernes, 1 de marzo de 2013

MUSICA › ANTICIPO DE THE NEXT DAY, EL NUEVO DISCO DE DAVID BOWIE

Un álbum que nadie esperaba y que ahora espera medio mundo

El regreso del cantante fue anunciado el 8 de enero, día de su cumpleaños 66, después de nueve años alejado de las luces. En un hermetismo total y rodeado de colaboradores habituales, Bowie redondeó un trabajo que está entre lo mejor que produjo en décadas.

 Por Roque Casciero

David Bowie debe estar disfrutando a lo loco. Si hasta se puede imaginar la media sonrisa en su rostro... Desde que abandonó imprevistamente su retiro de casi una década, el Delgado Duque Blanco –al que, a esta altura, ya le correspondería un título más parecido a Emperador– es noticia todos los días, incluso cuando la “noticia” es que no se sabe nada nuevo, ni si va a salir de gira, ni si finalmente hará alguna entrevista... Básicamente, Bowie tomó al mundo por asalto con una canción melancólica, “Where Are We Now?”, que lo muestra nostálgico por sus días en Berlín y ciertamente perdido en el tiempo, y dejó que otros –el sello discográfico, los músicos y el productor– hablaran por él. Se sacó algunas fotos, como la que aparece en la tapa del último número del New Musical Express, en la que se ven sus icónicos ojos tras una máscara, y se dedicó a observar complacido el revuelo que produce cada uno de sus movimientos. El martes dio a conocer otra canción, “The Stars (Are Out Tonight)”, con un brillante video de Floria Sigismondi, e incrementó las ansias de recibir, de una vez por todas, ese The Next Day que figuraba entre las promesas recibidas el 8 de enero, el día de su cumpleaños 66. Ese vigésimo cuarto álbum que ya nadie esperaba es el disco que ahora espera medio mundo, gracias al notable manejo de la estrategia de difusión. Y hace bien medio mundo en esperar porque, desde la primera escucha, The Next Day –que aparecerá el 12– se revela como lo mejor que hizo Bowie en mucho tiempo.

“Aquí estoy, no precisamente muriendo”, suelta entre dientes apretados Bowie en el estribillo del tema que da nombre y pone en marcha al disco. En la canción hay algo de las guitarras de “Scary Monsters (and Super Creeps)”, aunque Robert Fripp haya rechazado participar del álbum. “Mi cuerpo abandonado, a pudrirse en un árbol hueco/ sus ramas lanzando sombras/ en la galería para mí/ y el próximo día/ y el siguiente/ y otro día”, cierra el estribillo de un tema –al parecer inspirado en un tirano medieval– que pone las cosas en su lugar. Nada del artista moribundo que imaginaban algunos (los Flaming Lips llegaron a grabar una canción llamada “Is David Bowie Really Dying?”): desde su primer minuto, The Next Day planta bandera. Y no es precisamente blanca.

La mortalidad del cantante atraviesa las reflexiones que se convirtieron en las letras del disco, tal como era de esperar en alguien que pasó los 60, pero también hay referencias varias al estado del mundo (a la Diamond Dogs), el estrellato, la entrega que conlleva el amor y la falta de certezas sobre el propio ser. No siempre es Bowie el protagonista: a veces se lo intuye “detrás de cámara”, poniendo su voz, y la instrumentación al servicio de una idea o una historia. Puede ir de ritmos trabados como los de “If You Can See Me”, que remiten a Outside, a guitarras monumentales entre Zeppelin y los Stones en “(You Will) Set the World On Fire”. Y cerrar con “Heat” (aunque la versión local será la deluxe, con tres bonus tracks), en la que se acerca al Scott Walker más reciente sobre una guitarra acústica, cuerdas y noise. Allí retorna la duda existencial de un hombre que no termina de descubrirse: “Entonces vimos al perro de Mishima/ atrapado entre las piedras/ bloqueando la catarata/ las canciones de polvo./ El mundo podía acabarse/ la noche siempre estaba cayendo/ el pavo real en la nieve/ y me digo a mí mismo/ no sé quién soy”.

En los créditos de The Next Day aparecen varios nombres familiares para los fans de Bowie. El más notorio es el de Tony Visconti, que coprodujo el álbum y que, a esta altura, es casi imprescindible para el cantante. Space Oddity, en 1969, marcó el comienzo de la relación, con puntos altísimos como Young Americans, la “trilogía berlinesa” de Low, Heroes y Lodger, el ya mencionado Scary Monsters y, más recientemente, Heathen y Reality, los dos discos previos al “retiro”. El productor también se encargó junto a Bowie de los arreglos de cuerdas y tocó algunos teclados. Tampoco sorprende que el cantante haya recurrido a Gail Ann Dorsey para los bajos, porque fue la columna vertebral de sus diferentes bandas durante décadas. En algunas canciones, sin embargo, las cuatro cuerdas quedaron en manos de otro viejo conocido, Tony Levin (King Crimson). Otro que volvió a ser de la partida fue el guitarrista Earl Slick, que tocó en Young Americans, Station to Station y los dos discos anteriores de Bowie. “Yo me encargué de las guitarras rockeras y Gerry Leonard hizo las partes más etéreas”, le dijo Slick a la revista británica Mojo. Leonard, que tocó en el Reality Tour, se ocupó además de algunos teclados, y el vanguardista David Torn también aportó sus guitarras. El baterista fue Zachary Alford (el mismo de Earthling y de la gira de Reality), saxo y clarinete corrieron por cuenta de Steve Elson (Let’s Dance) y Janice Pendarvis (quien trabajó con los Rolling Stones y Sting) hizo los coros.

Desde que Bowie dio a conocer su regreso se sabe que la tapa de The Next Day será una intervención de la icónica carátula de Heroes, con el nombre de aquel disco tachado por una línea y con un cuadrado blanco que tapa el rostro del cantante (sobre el que se lee el título). El autor del arte es el diseñador británico Jonathan Barnbrook, quien en su sitio web explicó las razones para la elección de semejante tapa: “Tiene que ver con el espíritu de la gran música pop o rock que es ‘del momento’, olvidando o destruyendo el pasado. De cualquier modo, todos sabemos que nunca es así, que por más que tratemos, no podemos liberarnos del pasado. Cuando sos creativo, eso se manifiesta de todas las maneras: se filtra en cada nueva marca que dejás (particularmente en el caso de un artista como Bowie). Siempre está ahí y la gente te juzgará con relación a tu historia, no importa cuánto trates de escaparte de eso. Oscurecer una imagen del pasado también tiene que ver con una condición humana más amplia: en nuestras vidas avanzamos sin descanso hacia el día siguiente, dejando el pasado atrás porque no tenemos otra opción”.

La grabación de The Next Day empezó en octubre de 2010, aunque en ese momento sólo se trataba de los demos de una veintena de canciones. Todo en el más absoluto secreto, por supuesto: cada participante del disco debió firmar un acuerdo de confidencialidad. El único que contó en su blog que le habían ofrecido tocar en el siguiente disco de Bowie –y que había dicho que no– fue Fripp, pero la noticia se diluyó enseguida. “Teníamos que mantener todo en secreto”, contó Leonard. “En la agenda de mi computadora usé un nombre en código.” Para Slick también fue difícil mantener la boca cerrada: “Me moría de ganas de contarles a todos que había estado de nuevo en el estudio con David, que se lo veía bien, que estaba cantando bárbaro, que teníamos este disco. Y no podía decir una palabra”.

En mayo de 2011 empezaron las sesiones en el estudio neoyorquino The Magic Shop, pero no se filtró absolutamente nada hasta el día en que Bowie estuvo listo para lanzar la bomba. Y como el cantante sólo estuvo dispuesto a que hablara su música, fue Visconti el que dijo que le resultaba extraña la elección de “Where Are We Now?” como primer corte. “Hay un par de canciones que son de rock de estadios. Si él llega a tocarlas en vivo, serán tan grandes como ‘Scary Monsters’ o ‘Jean Genie’, esa clase de tracks icónicos de Bowie: ‘The Next Day’, ‘The Stars (Are Out Tonight)’, ‘(You Will) Set the World On Fire’.”

Visconti tiene razón: “Where Are We Now?”, con toda su otoñal belleza, no representa el espíritu de The Next Day. Pero también es cierto que ninguna canción acabaría por hacerlo. Después del track inicial, “Dirty Boys” desafía con su saxo barítono y un parecido (dicho sin nacionalismo barato, ¿eh?) con “El blues de la artillería”, de los Redondos. Le sigue el segundo single, “The Stars (Are Out Tonight)”, en el que Bowie reflexiona sobre la fama: “Las estrellas nunca están durmiendo/ las muertas y las vivas (...) Nunca nos sacaremos de encima a estas estrellas/ Pero yo espero que vivan por siempre”. El video que acompaña al tema arranca con “Plan”, el instrumental que es uno de los bonus tracks: un matrimonio interpretado por Bowie y la actriz Tilda Swinton (El curioso caso de Benjamin Button) se ve invadido por celebrities andróginas que recuerdan el pasado del cantante.

En “Love is Lost” continúan las guitarras fuertes y estremece un órgano ominoso. La letra habla de una chica de 22 años, pero hay frases que cuesta no asociar con quien las canta: “Decile adiós a la vida excitante/ Despedite de la vida sin dolor”. Tras “Where Are We Now?” llega “Valentine’s Day”, que no habla del 14 de febrero sino de alguien llamado Valentine, y que aligera la atmósfera con una dosis de pop. Las voces deformes de “If You Can See Me” describen un panorama que, según reportaron algunos medios, tiene que ver con la reciente fascinación de Bowie con la historia medieval. Otro de los puntos altos de The Next Day es “I’d Rather Be High”, en la que la reflexión es sobre la juventud, los caminos elegidos y la guerra: “Prefiero estar drogado/ prefiero estar volando/ prefiero estar muerto/ o loco/ antes que apuntar estas armas a los hombres en la arena”, canta en el estribillo de una canción que menciona regimientos y “ciudades llenas de generales/ y generales llenos de mierda”. Allí también el oído argentino detectará cierto espíritu ricotero, aunque algunos medios británicos mencionan a los Stone Roses.

“Quién hubiera pensado/ quién hubiera soñado/ que una chica pueblerina como vos/ sería mi jefa”, suelta Bowie en “Boss of Me”, justo antes de “Dancing Out in Space”, un track bailable livianito, quizá lo más flojo del disco. “How Does the Grass Grow?” descoloca con una historia confusa en la que hay chicos, armas y tumbas, y en la que la cita al corito de “Apache” de The Shadows (una canción de 1960) le pone escarapela británica a la canción. Le sigue “(You Will) Set the World on Fire”, otra de ésas que a Visconti le gustaría escuchar en vivo: la canción habla de una chica negra que la rompe en un escenario del Greenwich Village en los ’60 y menciona a Joan Baez, Phil Ochs, Dave van Ronk y Bob Dylan. Y luego Bowie le cambia la primera persona por segunda a una frase legendaria del “Heartbreak Hotel” de Elvis Presley en “You Feel So Lonely You Could Die”: en tres por cuatro, el personaje que el relator puede “leer como a un libro” realmente la está pasando mal. El cierre es para “Heat”, pero, como se dijo, la versión argentina contendrá también los bonus “So She”, “Plan” y “I’ll Take You There”.

Lo que nadie sabe es qué sucederá al día siguiente de la llegada de The Next Day a las bateas. ¿Les dará el gusto Bowie a Visconti, a sus músicos y a todos los demás que esperan que salga de gira? Según Leonard, las posibilidades están “50 y 50”. “Un par de veces, cuando escuchábamos alguna de las canciones más fuertes del nuevo disco, él decía cosas tipo: ‘¡Esta estaría buena en vivo!’. Por supuesto, todos pensábamos: ‘¿Qué? ¿Acaba de decir eso?’. Pero en otras ocasiones simplemente ponía los ojos en blanco si alguien sacaba el tema de tocar en vivo.” Slick compara un eventual tour con la realización de este disco que nadie esperaba. “No me sorprendería que salga de gira ni tampoco que no lo haga. ¡Lo que sí sé es que a mí me gustaría que se haga ese tour!”

Gail Ann Dorsey, que conoce bien al cantante, dijo que estaba “segura de que lo está disfrutando”. “Estamos todos hablando de él y él no tiene que mover un dedo.” Y mientras tanto, Bowie sigue sonriendo.

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