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Sábado, 30 de marzo de 2013

MUSICA › JUAN CRUZ DE URQUIZA E INDOMITA LUZ, SU DISCO DE VERSIONES DE CHARLY GARCIA

“Busqué respetar las melodías”

El músico lo grabó en vivo el año pasado, junto a su agrupación jazzera, y lo presentará los jueves de abril en Café Vinilo. “La idea fue proponer una mirada personal de su música sin que sea esto un obstáculo entre su obra y la gente”, dice, sobre el enfoque del CD.

 Por Cristian Vitale

“Pasar por encima de la música de Charly hubiese sido una torpeza”, sentencia Juan Cruz de Urquiza y marca un límite de máxima a su disco. Debajo de él, todo: diez piezas de uno de los más importantes referentes de la música popular argentina pasadas a patrón jazz, a un arsenal instrumental que, excepto piano y guitarra, le es casi extraño al mundo García: trompeta, flugelhorn, saxo barítono, trombón y contrabajo. “Busqué hacer mi historia, sí, pero siempre tratando de que la canción subsista, de no transgredirla. Charly es un artista increíble y yo soy un tipo que toca la trompeta, y siento que recrear sus músicas no es motivo para experimentar”, señala el trompetista acerca de la matriz conceptual central sobre la que giró Indómita luz, el disco que presentará todos los jueves de abril a las 21 horas en Café Vinilo (Gorriti 3780).

Grabado en vivo –también en el Vinilo– durante el mes de agosto de 2012 junto al noneto conformado por Richard Nant (trompeta y flugelhorn), Ramiro Flores (saxo alto), Martín Rur (saxo barítono), Juan Canosa (trombón), Hernán Jacinto (piano), Sebastián de Urquiza (contrabajo), Lucio Balduini (guitarra), Carto Brandán (batería) y Roxana Amed como cantante invitada, Indómita luz esboza una mirada fina y muy trabajada sobre varios de los clásicos de Charly, desde “Canción para mi muerte” hasta “Zocacola”, pasando por “La grasa de las capitales”, “Yendo de la cama al living”, “Desarma y sangra” y “Rezo por vos”. Una recreación, dirigida y arreglada por el trompetista, que busca arbitrariamente no transgredir el patrón Charly, pero sí aportar, generar sobre lo creado, agregar secuencias armónicas, orquestaciones, solos e improvisaciones. “La idea fue proponer una mirada personal de su música sin que sea esto un obstáculo entre su obra y la gente; dicho de otro modo, busqué respetar las melodías ciento por ciento, jugar con la cuestión armónica y rítmica, incorporar cosas de mi lenguaje y tratar de que sea algo positivo, agregar secciones compuestas por mí a modo de interludios para improvisar como si fueran esas obras de jazz más extendidas, donde incorporás formas que no tienen nada que ver con la canción, pero no pierden el hilo conductor”, explica Urquiza, uno de los principales trompetistas de la escena jazzera criolla.

–Se nota especialmente en la versión de “La grasa de las capitales”.

–Exacto. También en “Canción para mi muerte”, donde incorporamos a la canción una sección armónica, o en “Yendo de la cama al living”, donde improvisamos sobre el riff. La verdad es que todos los temas que elegí son canciones que disfruto en su formato original, y alejarme de eso hubiese sido como rozar el error... la intención es que quien lo escuche, más allá de la propuesta rítmica, armónica y de los solos insertos, pueda seguir disfrutando de su música, porque hay temas que me encantan, pero siento que no puedo aportarles nada. Antes de meter la gamba, di un paso al costado con varios.

–¿Por ejemplo?

–“Los dinosaurios”... me muero con un tema así, pero no podía aportarle nada, y así me pasó con unas 20 canciones.

–Difícil traducir a Charly en clave de jazz, correrlo de su patrón rockero.

–Totalmente, porque, a diferencia de la música de Luis (Spinetta), que está más cercana a lo que hacemos nosotros, lo de Charly pasa por otro lado, implica un desafío distinto.

–Indómita luz es también un guiño al Flaco...

–Por un lado sí, y por otro me parece que Charly es como una luz muy salvaje, muy libre a la hora de crear. Es algo personal.

–¿Sí y solo sí tenía que ser Roxana Amed la que cantara las versiones no instrumentales?

–No sé si sí y solo sí, porque también pensé en Pedro Aznar, pero él no pudo ser, y sí, una vez que le puse los cañones al disco estaba con la cabeza en Roxana. La elegí porque tiene un background amplio, que excede el jazz, y un feeling tremendo con este tipo de músicas populares. Fue groso porque entregó todo.

–¿Cómo la pasó Hernán Jacinto, el pianista del noneto? El foco sobre él tiene que ver, claro, con el instrumento.

–Sé del amor que él tiene por Charly. En general, elegí los músicos teniendo en cuenta que sintieran una sensación especial a la hora de tocar la música de Charly, porque de repente puede pasar que tenés un músico increíble al que no le despierta algo particular tocar tal música. Y el hecho de tocar el piano, claro, provoca una responsabilidad extra, sobre todo en temas como “Desarma y sangra”, donde el piano está muy respetado.

–O “Pubis angelical”.

–Bueno, pero en este caso yo escribí más cifrados para que Jacinto pudiera armar sus propios acordes, aunque sí, es una responsabilidad especial porque es el instrumento del compositor.

–¿Lo escuchó Charly? ¿Llegó el disco a sus manos?

–Encontré una manera directa de hacérselo llegar. Se lo mandé, pero no sé si le llegó, si lo tiene en la mano, si lo abrió o si lo escuchó... hasta ahí llegué. Mi ilusión es que lo pueda escuchar y si al escucharlo le produce alguna sensación positiva para mí sería cartón lleno.

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“Charly es un artista increíble y yo soy un tipo que toca la trompeta”, sentencia De Urquiza.
 
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