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Jueves, 16 de mayo de 2013

MUSICA › LOS AMIGOS INVISIBLES PRESENTARáN REPEAT AFTER ME EL VIERNES Y EL SáBADO EN NICETO

“Que se prendan en la gozadera”

El sexteto venezolano de funk latino, disco y pop llegará por tercera vez a Buenos Aires, en esta ocasión con un flamante álbum producido por Cachorro López y Dimitri From Paris bajo el brazo. “Es nuestro álbum más honesto, bailable y orgánico”, aseguran sus integrantes.

 Por Federico Lisica

Una gran carcajada. Así responden José Rafael Torres y Juan Manuel Roura –bajista y baterista de Los Amigos Invisibles– cuando se les cuenta la parábola que llevó a los brasileños de Os Paralamas a ser considerada una banda local y se les pregunta si ellos están llamados a ser la agrupación venezolana más argentina. Su nueva visita (tocarán el viernes y el sábado en Niceto Club, Niceto Vega 5510) es la tercera en menos de cuatro años; en Repeat After Me nuevamente han contado con el histórico Cachorro López como productor y La Casa del Ritmo (el documental que retrata las dos décadas de trayectoria del grupo) fue proyectado en el anteúltimo Bafici. “Siempre teníamos al sur en la mira, se nos hacía difícil porque no teníamos un brazo que nos ayudara a hacerlo, pero con los años estamos apostando a venir acá. Para nosotros es un honor que tengamos aceptación porque la música argentina alternativa la hemos asimilado completica; al fin y al cabo es una lotería, uno viene con su propuesta, pero eso no significa que vayas a calar, uno tiene que hacerle cariño a la gente”, explica Roura. “Queremos que los argentinos se pongan en la fila de la gozadera pues en los ’80 nos bombardearon musicalmente, así que sería devolverles un poco eso. Sería un gusto, un logro, una agujita a sacarse”, suma Torres.

Su nuevo disco sigue la línea de Comercial (publicado en 2009 y que les valiera un Grammy Latino), sobre todo en la factura de sonido. Algo lógico, pues la banda volvió a trabajar con dos de los productores de aquel álbum, el ya mencionado López y el francés Dimitri from Paris (en esta ocasión se suma el Dj inglés Ray Mang). “Hemos tenido muy buen feeling y queríamos repetirlo, ya que vamos con todo grabado y los productores lo que hacen es casi un trabajo de posproducción. Nosotros no estamos presentes grabando con ellos. Es como una ruleta, uno les da la canción y ellos la entregan con algo distinto, con su toque personal”, define Roura. El ex bajista de los Abuelos de la Nada hizo lo suyo en dos temas, pero resuena especialmente en el primer corte de difusión: “La que me gusta”. Su introducción abre, quizá como nunca, la veta pop de la banda, con reminiscencias a “Walking on Sunshine”, de Katrina & The Waves, por sus silbidos, líneas de bajo inocentes y un ritmo juguetón. “Es bien ochentera, pero mezclado con algo moderno. También tiene algo de Hall & Oates y el Motown de los ’60. El buen soul blanco”, precisa Roura.

Su octavo disco encuentra a los miembros del grupo –que completan el cantante Julio Briceño, el guitarrista José Luis Pardo, el tecladista Armando Figueredo y el percusionista Mauricio Arcas– viviendo en distintas ciudades del mundo. “Hubo cambios de dinámicas a la hora de componer –dice Torres–. El disco es un resultado de eso: se moldeó en la casa de cada uno y se terminó de darle forma en plena gira, fuese en las pruebas de sonidos o ensayos, aprovechando al máximo los tiempos”. Así, lo grabaron en estudios de un lado y otro del Atlántico. Si bien el combo de funk, soul, dance y sonidos tropicales viene con cambios de logística, la propuesta de Los Amigos Invisibles en otros aspectos se mantiene inalterable: son los mismos integrantes y sus conciertos siguen surfeando la cinta de moebius que obliga a mover los pies.

–¿Cómo definirían a Repeat After Me?

Juan Manuel Roura: –Es nuestro disco más honesto y bailable: muy bailable. Nos cansamos las canciones en el estudio con texturas. El que la componía venía con la idea, decía cuál era el estilo y a grabar. La falta de tiempo nos ayudó. Antes era ir probando la canción, la pasábamos por el filtro del funk, luego el house, el merengue y así. Ahora ya no. Uno decía: “La compuse pensando en rock indie”, y así se hacía. No se le daba tanta vuelta. Aunque la identidad está ahí, somos los mismos seis músicos.

José Rafael Torres: –A nivel musical, es uno de estos mezclotes que nos encantan a nosotros, géneros que tienen que ver con la inspiración orgánica, no negarse si es bueno. Diría que, como resultado, principalmente acumula el funk, el disco, el rock y el pop. En lo filosófico es muy libre y nos llena espiritualmente, es el producto de no descartar nada. Fue como si nos hubiéramos dicho “vamos a trabajar lo mejor que podamos esos géneros”. Tal vez sea el álbum en el que menos esté presente la influencia caribeña y no fue algo adrede.

–Más allá de los cambios, la sustancia por lo sexy sigue presente en el sonido y los nombres de canciones. Basta leer títulos como “Reino Animal”, “Robot Love”, “Corazón Tatu”, “Sexappeal” o “Hopeless Romance”...

J. M. R.: –Eso es parte de nuestra idiosincrasia. En el Caribe y gran parte de América latina una conversación entre hombres sólo se puede detener si pasa una chica. Esas cosas inspiran a bandas como la nuestra.

–Vienen de presentarse en Estados Unidos y justamente tienen en su base mucha música negra, pero a su modo. ¿Notan diferencias en los shows de entre el sur y el norte?

J. M. R.: –Nuestra música tiene un lenguaje que pueden entender y vacilar varios públicos. Tal vez sea diferente el tipo de público entre los países, pero la música es una sola. Yo alucino llegar a un lugar como éste y que la gente se tripee con nuestra música: es un premio.

–Este nuevo trabajo discográfico vino tras La Casa del Ritmo. En este sentido, ¿la película funcionó como un mimo, un renacimiento?

J. R. T.: –Fijate que no. El proceso del documental surgió de la idea de un amigo fan. Nosotros estábamos concentrados en tocar. No pensamos demasiado en lo que hemos conseguido. Si nos sentamos a hablar, hablamos de chicas (risas). Pero inconscientemente representó un reconocimiento a un gran ciclo. No planificamos, somos más orgánicos. Y este disco se siente distinto a lo que veníamos haciendo. Tras veinte años, ante nada, a quien tienes que satisfacer es a ti mismo. El fan es muy importante, claro. En este caso se trató de entregarse y ver qué sucedía.

–En sus inicios se notaba el afán por la proyección internacional en el primer mundo; ahora ustedes se encuentran desperdigados por Nueva York, Caracas, Miami y el Distrito Federal. ¿Cuánto los ha afectado eso como banda?

J. R. T.: –La verdad es que vivimos una fantasía. Vino David Byrne, le gustó lo que hacíamos, nos firmó para Luaka Bop que estaba en asociación con Warner, nos apoyaron muchísimo y giramos por el mundo. Para la mente de una persona de poco más de veinte años, la conquista del mundo era posible; Estados Unidos y Francia eran un objetivo. Apuntábamos a lo global y la decaída fuerte de la industria nos cambió. Luego fue como si triunfara nuestro mercado natural, que viene por el idioma.

–¿Consideran que sus tan celebrados shows, el concepto de tocar sin pausa, los ayudó a sobrepasar el cimbronazo de la industria de la música?

J. R. T.: –Definitivamente. Nuestros shows nos han mantenido. Es de lo que vivimos, comemos y lo que coincide con lo que nos gusta hacer. Ha sido una gran casualidad. Los Amigos Invisibles entendemos el show como una parte fundamental de nuestras vidas. Es una hora y media en la que, si está todo bien, te entregas al máximo y te libera mucho más que si vas al psicólogo. Y eso que hemos cambiado como performers, no somos los mismos que hace diez años.

–¿Qué pueden adelantar de estos shows?

J. R. T.: –Es la presentación del disco, así que haremos cinco o seis temas de Repeat After Me y repasaremos mucho el recorrido de nuestra historia, temas que son clave. No es que haremos todo el nuevo disco y algunos temas más: es más bien al revés. Para mí cada show depende del público. Podemos planificar y filosofar, pero si el público no lo asimila, es un desmadre. A veces el set que haces siempre, con algunos cambios, resulta en el mejor show posible.

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“Los Amigos Invisibles entendemos el show como una parte fundamental de nuestras vidas.”
 
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