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Jueves, 30 de mayo de 2013

MUSICA › CHRIS SQUIRE Y UNA NUEVA PRESENTACION DE YES EN LA ARGENTINA

“Haremos valer la entrada”

El mítico bajista, único miembro estable en los 45 años de carrera de la banda sinfónica por excelencia, explica por qué decidieron ofrecer en el estadio Luna Park tres títulos claves de los ’70: The Yes Album, Close to the Edge y Going for the One.

 Por Mario Yannoulas

“A la gente le gusta escuchar música en el mismo orden en el que lo hacía cuando escuchaba los originales.”

El sonido de la púa que frota al vinilo vuela por sobre una base inmemorial de batería y bajo. El teclado de Rick Wakeman que lo vuelve todo un pinball lisérgico. Y la voz de Jon Anderson que finalmente aparece para terminar de colorear un cuadro bucólico pentagramado. Así arranca Close To The Edge, un álbum insignia del rock progresivo y quizás el punto más alto en la carrera discográfica de Yes, que miraba al mundo desde la cima allá por 1972. Pero hoy es 2013 y el rock progresivo es tan sólo un subgénero más de un mercado fragmentado. Muchos hombres-icono piensan que sus años de explosión creativa son pretéritos, dan de baja al espíritu romántico y rupturista que los iluminara para atinar sólo a pasar un buen rato junto a la música, tal como se analizó este diario acerca del nuevo disco de versiones de Eric Clapton. Por eso tantas veces la recurrencia al pasado deviene en transacción entre el artista y su público, un pacto de no agresión en el que el músico promete no incomodar con argumentos nuevos y asegurar desde el arranque el lapso de confort. Por supuesto que para esto hay formas y formas y Yes eligió una más que atractiva, que es tocar en toda su extensión tres de los discos más representativos de su repertorio durante los ’70 y, por qué no, del auge del rock progresivo en general: The Yes Album (1971), Close to the Edge (1972) y Going for the One (1977).

“Bueno, nos va a gustar hacer valer el precio de la entrada”, bromea el histórico bajista Chris Squire cuando Página/12 le comenta que el show de 140 minutos que planean dar este jueves a las 21 en el Luna Park supera al promedio de conciertos internacionales. “Normalmente tocamos primero Close to the Edge, segundo Going for the One y tercero The Yes Album. Eso hicimos en los Estados Unidos y la gente pareció disfrutarlo, esperemos que pase lo mismo en Buenos Aires, que es una de mis ciudades favoritas”, adula el músico a poco de haber regresado del primer crucero temático de Yes, titulado “Cruise to the Edge”, que navegó entre el 25 y el 30 de marzo de este año por playas caribeñas, y que tuvo invitados de lujo como Carl Palmer y Steve Hackett. “La idea vino de un tipo que es promotor de este estilo de cosas, que lo viene haciendo con KISS. Había un lindo teatro en el barco y nos sentimos bien tocando, a los fans les gustó. Con esos restaurantes y casinos, es como estar en un hotel flotante.”

–¿Por qué eligieron tocar esos tres discos?

–Aunque Yes tiene editados unos veinte álbumes de material original, pensamos que sería bueno revisar la historia de los ’70, que fue cuando nos hicimos mundialmente famosos. Creo que aun siendo discos distintos están muy relacionados, y son de algún modo complementarios.

–Durante los últimos años, muchas bandas expusieron en concierto obras significativas completas, ¿cree que eso se vincula con las nuevas formas de consumir música?

–Me parece que a la gente le gusta escuchar música en el mismo orden en el que lo hacía cuando escuchaba los originales. En realidad es la primera vez que lo intentamos, hasta ahora la gente se mostró muy receptiva y es un buen ejercicio para nosotros, que tratamos de acercarnos lo más posible a esos registros.

–Ya que retoman este material, ¿volvieron a alquilar granjas o a decorar estudios con toques rurales para inspirarse, como hacían en aquella época?

–(Se ríe.) No. En realidad, en ese momento también era algo casi humorístico. Creo que eso pasó sin que nos consultaran demasiado, debe haber sido la idea loca de algún manager. Pero nos divertíamos grabando así, eso era lo importante.

Yes regresa a Buenos Aires nuevamente sin Jon Anderson, su cantante histórico, que desde hace ya mucho encara una carrera solista que también lo tuvo por estas latitudes el año pasado al mando de un show acústico. La formación actual, entonces, incluye a Steve Howe en guitarra, Geoff Downes en teclados, Alan White en batería, al propio Squire –el único que participó de todas las formaciones de Yes a lo largo de sus casi 45 años de carrera– y al flamante vocalista Jon Davison, que ingresó en reemplazo de Benoit David, quien grabó las voces de Fly From Here (2011), la última placa de Yes hasta el momento, y la primera desde Magnification, que había sido lanzada una década atrás, aún con Anderson al micrófono.

–Es curioso. Presentan un show que remite a los ’70, pero si hubiese que ubicar estilísticamente su último disco, sería cerca del Yes más pragmático de los ’80...

–Tiene un poco de todo. Diría que está cerca de Drama, aquel álbum que grabáramos con Geoff Downes en 1980. Ahora nos juntamos de nuevo con él y creemos que el resultado fue bueno. Además, Trevor Horn estuvo involucrado en los dos: en Drama como cantante, ahora como productor.

–Es el segundo disco sin Jon Anderson al frente, ¿cuán distinta suena la banda sin su voz?

–No veo mucha diferencia, sólo que hay otro cantante. Quizá volvamos a trabajar con él, pero por ahora estamos muy contentos de tenerlo a Jon Davison en el escenario. A la gente le gusta mucho escucharlo.

–Hace poco, Carl Palmer le dijo a este diario que el rock progresivo es una forma de arte en extinción. ¿Usted qué piensa?

–No coincido. Hay muchos fans para este tipo de música en el mundo, tantos que nosotros convocamos en cada lugar al que vamos. Sinceramente, no escucho bandas nuevas, pero estoy seguro de que hay muchas y haciendo buenas cosas. En cada momento de la historia, cuando un artista sacó un buen disco, a la gente le gustó. El desafío sigue siendo ése.

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