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Lunes, 7 de octubre de 2013

MUSICA › NOTABLE RECITAL DEL CHANGO SPASIUK EN EL TEATRO COLóN

Las mejores galas litoraleñas

En el marco del ciclo dominical Intérpretes argentinos, el músico misionero volvió a demostrar que es uno de los grandes creadores del país. Una música hecha de chamamé, de polca, de paisajes y memorias, interpretada por su sexteto y por un ensamble de cuerdas.

 Por Karina Micheletto

Chango Spasiuk tuvo otra idea feliz: dejar que su música siga fluyendo. Desde el sexteto, que lo acompaña desde hace años, hasta un ensamble de cuerdas, con la dirección y los arreglos de Popi Spatocco y el violín solista de Rafael Gintoli. Ayer, ante un Teatro Colón colmado, Spasiuk presentó su música con las galas mejores, en un concierto de dos horas sin amplificación artificial de ningún tipo.

Música bella, tocada de la mejor manera, según la tradición de lo que sigue siendo una de las salas más prestigiosas del mundo. Eso sonó ayer al mediodía en el Colón, en el marco del ciclo dominical Intérpretes argentinos, la música de este misionero que es hoy uno de nuestros grandes creadores; una música hecha de chamamé, de polca, de paisajes y memorias de infancia, claro, y también de la herencia de los Cocomarola, los Montiel, los Abitbol, los Riera y la mejor tradición chamamecera. Una música personal, producto de una síntesis creativa excepcional, de múltiples influencias y tradiciones, de la sólida raíz proyectada hacia otros sentires y saberes.

Esa fue, precisamente, la razón artística más poderosa del concierto: el gesto no fue el de vestir los temas conocidos con ropajes hechos a la medida del Colón: lo que sonó fue la continuidad natural de la obra de Spasiuk en los últimos años. El germen de lo que ocurrió el domingo en el Colón ya estaba allí, en esa música hecha por el sexteto, capaz de transmitir tanto paisaje y tanto estado de ánimo, con sutilezas y búsquedas originalmente resueltas en el sonido leñoso de las cuerdas y las guitarras, y en ese acordeón que respira con un swing inconfundible. Lo que sonó –y aquí se lució el trabajo conjunto con el experimentado Popi Spatocco– fue el desarrollo de un pensamiento sinfónico sobre la música de Spasiuk, multiplicado por las posibilidades acústicas de una sala como ésta. El concierto, planteado desde el proscenio, no tuvo amplificación de ningún tipo –había micrófonos colocados, pero sólo para registrar el material–, proponiendo una experiencia auditiva diferente también por este motivo.

El repertorio comenzó con la música de Chango Spasiuk junto a su sexteto, en un recorrido que parte de su último disco, Pynandi. “Los descalzos” es la traducción del guaraní, y el nombre alude a un paisaje de infancia vivido y aprehendido en patas, trepado a los árboles en las siestas misioneras. De ese paisaje están hechos los hermosos “Tristeza” y “El camino”, con los que el Colón comienza a respirar al ritmo de ese acordeón al que Spasiuk no necesita recargar de notas y yeites para mostrar virtuoso. El viaje sigue también por discos como Polcas de mi tierra (1999), con la polca tradicional “Starosta”, convenientemente apropiada por la sensibilidad de Spasiuk. Junto al acordeonista se destaca el sexteto que muestra no sólo el talento de sus solistas, también la solidez de años de trabajo conjunto. La encantadora voz de Diego Arolfo, que en “Tarefero de mis pagos” y “Viejo caballo alazán” se encontraba con la segunda de Marcos Villalba para recomponer juntos el sonido de aquellos dúos fundadores de la tradición chamamecera; las delicadezas percusivas del mismo Villalba y el violín de Víctor Renaudeau multiplicaron su encanto en la propuesta acústica sin amplificaciones.

La segunda parte del concierto trajo la Suite del nordeste, la música de Spasiuk en formato camarístico, con la participación destacada de Rafael Gintoli como violín solista, con Isaco Abitbol como punto de partida (“Alvear orilla”). Entre el entusiasmo que se percibe arriba y abajo del proscenio, hay tiempo para bises, para mostrar solo en acordeón “Kilómetro 11” y hasta para sumar “Libertablas”. Aunque ésta es la primera presentación en vivo del misionero en este escenario sería incorrecto decir que Chango Spasiuk llegó al Colón: más que un punto de llegada, este concierto y este formato sonaron como una parte más de la obra de este artista misionero.

El público, que en pocas horas agotó las entradas cuando comenzaron a repartirse en forma gratuita, había llegado expectante, muchos cargando niños o cámaras de fotos, con esa alegría especial con la que llena siempre el Colón cuando se ofrecen espectáculos populares, esa postal que muestra cuánta avidez existe de propuestas de estas características en la sala lírica. Fueron muchos también los que salieron lagrimeando, comentando que se habían sentido “transportados”, “llevados a otro lugar”. Un tibio mediodía alarga el encanto de domingo.

10-CHANGO SPASIUK Y SU SEXTETO CON LA ORQUESTA DE CAMARA ESTACION BUENOS AIRES

Músicos: Chango Spasiuk, acordeones, composición y dirección. Sexteto: Víctor Renaudeau, violín; Marcos Villalba, cajón peruano, percusión y guitarra; Diego Arolfo, voz y guitarra; Alfredo Bogarín, guitarra; Juan Pablo Navarro, contrabajo; Heleen de Jong, violonchelo; Rafael Gintoli, violín solista. Ensamble Estación Buenos Aires: Gabriela Olcese, Brigita Danko, Alejandro Sshaikis, Pablo Sangiorgio, Daniel Robuschi, Belén Almada, violines; Elizabeth Ridolfi, Ricardo Bugallo, violas; Jorge Bergero, José Araujo, violonchelos. Arreglos y dirección de la Suite del nordeste, Popi Spatocco.

Lugar: Teatro Colón.

Fecha: Domingo 6 de octubre.

Duración: 120 minutos.

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Spasiuk brindó un concierto de dos horas sin amplificación artificial de ningún tipo.
Imagen: Luciana Granovsky
 
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