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Viernes, 13 de diciembre de 2013

MUSICA › ENTREVISTA A CARLOS GARCIA LOPEZ Y CLAUDIO MARCIELLO

“Los dos teníamos ganas de hacer discos bien rockeros”

El guitarrista de Charly García y el de Almafuerte ya se han cruzado en escenarios y en estudio, pero la coincidencia más inmediata es que ambos presentan hoy –en Uniclub y La Trastienda– sus cuartos discos solistas: Frenesí y Rock directo, respectivamente.

 Por Cristian Vitale

“Lo primero que tocamos juntos fue una versión de ‘Llegará la paz’, de Pappo”, recuerdan Claudio Marciello y Carlos García López.
Iamgen: Sandra Cartasso.

En perspectiva, los une Pa-ppo. Pappo y una inagotable pasión por la guitarra. Los une un respeto por la tradición del rock & roll y su devenir. Los unen Jimmy Page, Luis Alberto Spine-tta, Jimi Hendrix y la rabia eléctrica de una generación, que se fue reinventando en otras. En la coyuntura, los liga que ambos acaban de sacar sendos discos en plan solista. También, que tales trabajos figuran cuartos en el trayecto de cada quien y que los estrenarán en público el mismo día: hoy. El GPS rocker, si anda bien, tendría que arrancar entonces por Uniclub (Guardia Vieja 3360), donde Carlos García López, el “Negro”, presenta Frenesí, su nueva criatura, a las 20, y seguir por La Trastienda (Balcarce 460), donde tres horas después, Claudio Marciello, el “Tano”, hará lo propio con su estupendo Rock directo. “Buen plan ¿no?”, arranca García López, sentado de espaldas a la calle en un bar de Palermo. La escasa diferencia de tiempo entre ambos shows, claro, impide que se inviten mutuamente, pero otra rama de la conjunción ya quedó sellada en el tema que da nombre al disco de García López. “Empezamos a pegarnos por intermedio de amigos en común y que no podamos hacerlo hoy no quiere decir nada. Ya lo haremos”, dice Marciello.

“Lo primero que tocamos juntos –desarrolla– fue una versión de ‘Llegará la paz’, de Pappo, y después vino un show en Obras de Almafuerte. Le dije a Ricardo (Iorio): ‘Tengo que invitar a un violero’. ‘¿A quién?’, preguntó él. Cuando le dije que era al Negro García López, me contestó: ‘Sí, ¡qué hijo de puta! Decile que venga... Ese muchacho se toca todo’, fue la respuesta definitiva. Y terminó siendo algo impresionante.” “Sí, compartir escenario con la mejor banda de rock and roll del momento fue un honor. Lo disfruté mucho”, engancha García López sobre uno de los pasos previos a la grabación conjunta de “Frenesí”, el tema. El disco al que le da nombre consta de doce piezas de pluma propia, algunas, dicho está, adobadas por las presencias de Iorio y el mismo Marciello (“Frenesí”). También por la voz de Claudia Puyó (“Números rojos”, “Jungle”) o el saxo de Willy Crook (“Entre rejas”), pero todas producidas y mezcladas por el guitarrista que supo ser de La Torre, de Fito Páez. Y que es, aún, de Charly García, a quien acompaña como en los años de Cómo conseguir chicas o El aguante. “Frenesí es, como su nombre indica, una pasión descontrolada. Lo trabajé con una premisa inevitable: el rock and roll, porque creo que para este género no hay límites”, explica el violero sobre el gen primal del disco que sucede a la tríada formada por Da Cruz, Números rojos y Esta vez invita el Negro. Quise producirlo y mezclarlo solo, porque la premisa fue tener la cabeza metida a full en el rock and roll”, se explaya.

Rock directo, que en el devenir solista de Marciello sucede a Puesto en marcha (2001), De pie (2004) e Identificado (2010), se puebla de trece temas también propios (más una versión eléctrica de “Caballo Negro”, de Almafuerte), y está tocado en plan familiar: Melina, su hija, en batería; Pablo, su primo, en teclados, y Leandro Radaelli en bajo. “Yo también tenía ganas de hacer un disco rockero y sacarme un montón de cosas de encima. Me empezaron a salir canciones simples, con riffs donde pude ubicar mejor las melodías cantadas, porque siempre le di más pelota a la música que a otra cosa... Acá, todo empezó a salir junto”, cuenta Marciello, que comenzó a construir su disco tras la edición de Trillando la fina, último trabajo de Almafuerte. En esa banda, sus solos brillantes, riffs y melodías son parte crucial desde hace veinte años. “No hay ningún tipo de roce con Almafuerte, esto es una ramificación, una cosa paralela, una manera de continuar con este rock pesado fuera de marketing”, se ríe el Tano.

–Fuera de marketing y dentro de una línea histórica que usted reivindica y que incorpora a El Reloj, Vox Dei, Pescado Rabioso, Pappo, La Pesada y Manal, entre otros. “Con el tiempo, ellos fueron mi partitura, libro abierto que con atención me supo enseñar”, dice la letra de la canción “Rock directo”.

Claudio Marciello: –Claro, porque soy del ’63 y en el ’69 ya estaba Hendrix rompiendo todo y acá tenías bandas como Vox Dei o Pescado Rabioso, poco después. O Invisible... Cuando escuché “El mandato”, de El Reloj, por ejemplo, me voló la cabeza. Soy de los tiempos en que la sala de ensayo era esperar que tu viejo se vaya a laburar, correr los muebles y armar un equipo enchufado en cuatro entradas... Todo en un mismo equipo (risas). Escuchabas los discos y lo que te gustaba, lo sacabas de ahí. Esa parte visceral, barrial, no se pierde, siempre va a estar reflejada en nuestro rock.

Carlos García López: –Me pasó lo mismo. Mi viejo era músico y tocaba con Tito Alberti, el papá de Charly Alberti, y mi hermano por suerte trabajaba en una disquería, cuando era muy difícil conseguir discos de, no sé, Led Zeppelin. A los 8 años escuché a Hendrix y después conocí a Pappo en persona, en la época del Pa-ppo’s Blues de Pomo y Machi. Aluciné. Un violero como Pappo acá era inimaginable. Lo podías comparar con cualquier violero de afuera, ya en esa época. O Soulé, ¿no? O el mismo Spinetta, que tenía una cabeza terrible, un sonido impresionante. Eso nos atrapó y así fuimos aprendiendo.

–Y a la par adquiriendo, se intuye, cierta autonomía frente a las influencias. Ambos discos reflejan una personalidad musical fuerte, un estilo definido...

C. G. L.: –Creo que la personalidad viene con vos desde un principio. Lo conozco al Tano hace muchos años, y siempre tocó como la puta madre y con gusto. Muchos tocan con velocidad y técnica, pero no tienen el feeling y el criterio que tiene él. Creo que viene con esa personalidad desde siempre. Y mi estilo, igual: soy un enamorado de Hendrix, del wah-wah ¿cómo me sacás de ahí? (risas).

–“Ya de madrugada, Hendrix toca ‘Hey Joe’, todo está disperso, seis más cinco son dos...”

C. G. L.: –La letra de “Números rojos”, claro. El wah-wah, decía, lo uso de mis inicios, porque lo traían amigos de mi viejo de afuera. Me acuerdo de que el primero que usé fue uno blanco italiano, de plástico, que sonaba bárbaro.

C. M.: –Respecto del estilo, a mí me gusta encarar la viola con una cuestión de amor y pasión. No me gusta estar rotulado en un género musical, y por ende, escucho blues, algo de jazz, algo de tango, y el rock que me da una personalidad definida para tocar la viola. No soy de esos tipos que suben a un escenario para decir “mirá cómo toco”... soy más de meterme dentro de la música y expresar más desde el sentimiento que de la técnica.

C. G. L.: –En mi caso, respeto las frases o la canción como, por ejemplo, me las pasa Charly, o la banda con la que esté tocando, pero todo lo demás es mío... Es mi pasión, mi feeling y mi creatividad en el momento.

–Y el contexto, ¿no? Es condición tocar con gente receptiva: Iorio y García, en el caso de ustedes...

C. M.: –Gente que esté receptiva, sí, y dispuesta a interpretar bien lo que vos querés decir con la canción, porque la canción tiene un lenguaje, un sonido y una expresión. Subir a tocar no es poner al mango los equipos y darle... Primero tenés que escuchar, ceder lugar... Si la persona que está con vos no interpreta lo que la canción quiere decir, bueno, o cambiás de músico o grabás algo que no te gusta.

–Marciello, ¿en qué suma tener un proyecto paralelo a Almafuerte?

C. M.: –En satisfacciones. En el hecho de poder seguir demostrando lo que dicen que soy. Vengo de un barrio de San Justo y hoy estoy editando discos, convocando gente que viene a verme y que encima paga una entrada, algo que me sirve para comprar instrumentos. Jamás imaginé que iba a llegar a tanto... Lo mío era tocar la viola porque me gustaba, ¿no? Recuerdo que cuando Ricardo (Iorio) vivía en Zapiola y Provincias Unidas (San Justo) se había comprado una Gibson Les Paul y todos íbamos a la casa de él (risas). Todo eso se vuelca en un disco, después. Todo tiene que ver.

–Antes hablaron de andar al margen del marketing. Al respecto, ¿cómo se paran frente al rock, hoy? ¿Está en crisis, en transición, en desarrollo?

C. G. L.: –Creo que hay muchos brazos, muchos géneros dentro del rock. Antes no, antes era rock. Pappo decía “¿Tal toca como AC/DC? No, entonces no es rock” (risas). Es medio duro, pero así es, real. Yo veo varios géneros y todo está mezclado, mal usado o nombrado. Igual, hay bandas que están haciendo las cosas bien. Me gusta mucho Eruca Sativa y, como dijo el Pity Alvarez, el rock es blanco o es negro (risas).

C. M.: –Veo una tendencia de bandas nuevas que están ligando un sonido crudo, rockero. Que están empezando a desligarse de las etiquetas y trabajando en función de la creatividad. Hubo un momento en que no podía encender la radio ni escuchar un CD nuevo porque era todo “waa buuu ajjj”, todo eso llevaba a entonaciones bajas y no sabían quién era “goors-goors” y quién “kurns”, era todo lo mismo (risas). Pero ahora hay una tendencia renovada a utilizar válvulas, a usar Gibson, Fender Telecaster. Se dice que el rock es una rueda gigante que no para y siempre aparecen esas tendencias, como en el último disco de Paul McCartney, que me encanta. No sé, a mí no me gusta la tensión en la música, no me gusta eso de ponerse cuatro tachas y decir “Soy esto”. Pregunto: ¿vas a morir en eso, a decir todo el tiempo “me acuerdo cuando salió Judas Priest, ¡eso era heavy metal!?”. No sé, para mí la cosa es más amplia.

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